10-09-2004, EL MUNDO  | ver otros artículos

Belén Gopegui

Nuestra joven novelista, sin duda la primera o la mejor de su generación, sigue haciendo novela pacientemente, con verdadera vocación, al margen de la literatura ocasional y casual que hoy se vende al peso. La última novela de Belén Gopegui, El lado frío de la almohada, reúne de nuevo todo el instrumental narrativo que Belén maneja con sabiduría, reposo y estilo personal. Belén escribe una novela como si jugase una partida de ajedrez. Y lo del ajedrez no es gratuito, pues Belén Gopegui, efectivamente, trabaja con el cálculo demorado, con la guerra ganada mentalmente, con la aparente lentitud de su prosa. A tan dotada novelista le hace falta siempre un tema que no haya sido tocado ya por una novela mala o por una película. En el plano en que se ha situado BG no le será fácil encontrar temas y motivos de alguna enjundia que no estén ya tratados y maltratados por las novelas de promoción y hasta por las televisiones. No lo he comentado con ella, pero imagino que el principal problema de Belén no es ya cómo hacer las cosas sino qué cosas hacer.Nuestra actualidad parece muy rica en motivaciones, pero en realidad es reiterativa, monocorde, serializada y aburrida. Claro que cualquier época se torna sugestiva cuando la estudia o la narra un escritor de verdad. Véase el Madrid de Galdós o el de Valle-Inclán.Véase la posguerra de Cela o la Castilla monótona de Delibes. En esta ocasión Belén ha elegido un tema de amor y espionaje, algo que nos suena mucho más a película que a libro. Pero las capacidades múltiples de Belén otorgan a este tema una complejidad digna de Graham Greene. Por otra parte, la escritura de BG insiste en su calidad minuciosa, lúcida, repensada, que tiene recursos para todas las situaciones y que domina el diálogo lacónico de otros géneros mejor que los especialistas. Es admirable el don de complejidad a que puede llegar esta mujer.Siempre encuentra un recurso para tupir un poco más la trama.No hay manera de leerla rápidamente, como hoy aconseja la cultura de urgencia, porque ella escribe con adivinada lentitud y parece que no se mueve del sitio, cuando en realidad se mueve tanto.El público actual la verdad es que ha perdido la costumbre de leer con este sosiego. Belén es novelista de nacimiento, pero no tiene ninguna prisa por serlo. Quiero decir que hace sus novelas con tiempo, paciencia y esa densidad de cálculo que emana de una partida de ajedrez, como ya hemos sugerido. Vengamos un momento, antes de terminar, al aspecto sociológico de la novela. Belén sigue siendo una autora minoritaria y casi clandestina. Sólo la crítica la ha reconocido. Belén nunca tendrá hermosos despliegues televisivos anunciando sus libros, porque están primero las novelas de aventuras, de viajes, de paisajes, de emociones elementales y, por supuesto, la pornografía. Lo malo de todo ese roperío literario no es sólo que embrutezca y desvíe al personal lector. Lo malo es que impide el paso a novelas como las de Belén Gopegui. No nos importa si la culpa es del editor, del autor o de la Virgen Santísima. Nos importa la degeneración literaria a que hemos llegado en España. En la posguerra los autores eran Camilo José Cela, Carmen Laforet, Miguel Delibes y por ahí. Y eso con censura.

Fdo. Francisco Umbral

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