03-06-2007, EL MUNDO  | ver otros artículos

En busca del sexo perdido

La gran búsqueda existencial de Proust no es el sexo, sino el tiempo. El escritor tuvo la genialidad de transformar el sexo en tiempo. William C. Carter presenta ahora en el panorama europeo este libro, que viene a contar lo mismo, pero con otra dimensión del autor y de la obra. El título, Proust enamorado, es quizás una disminución de las medidas. La búsqueda absoluta de su libro será siempre el sentido de la existencia, que, para él, no lo tenía, pues entre el asma psicológica y el sexo indescifrable se ve convertido en un fantasma de sí mismo. Las mujeres del novelista, en realidad, son hombres, con lo que Proust queda dimensionado como un verdadero espectro que, fantasmagórico de su apariencia, ingresa en el dandismo que le personaliza sutilmente y le convierte, asimismo, en el fantasma de Oscar Wilde, quien fue la gran fantasía de otro siglo o del mismo. Los personajes más significativos de la época son derivaciones proustianas y leyendas trágicas. Pero enseguida aparece la realidad, El retrato de Dorian Gray. Y el realísimo Swan, el gran dandi judío que quizá sea el mayor y menor amigo de Proust en el orden de las figuras masculinas. En cuanto a las femeninas, Proust considera haber conocido y tratado a múltiples aristócratas, famosas y artistas, pero sabe que el retrato más interesante y logrado es el de su criada Francisca. Esta criada y la madre del propio Proust son el asidero de realidad que le salva de la reinvención absoluta en algún sexo. Éstas debieran haber sido los referentes ciertos de Proust, pero la reinvención de los amores masculinos acaba arrastrándole a otro tipo de novela, que es así como un manual de la curiosidad narrativa, con lo que el libro gana y pierde. La pervivencia con su abuela, poderoso personaje, le otorga al novelista una referencia muy noble e impresionante sobre la mujer mítica en su etapa final y misteriosa, que nos sería fácil calificar de bruja. Esta anciana se vale de tales poderes para arrancar a su hija, la madre de Proust, los caracteres de la muerte, pues en esta obra queda olvidada la madre en nombre de la abuela. Proust enamorado, de Carter, abarca amores lésbicos y de todo tipo. La curiosidad sexual de Proust se extiende en todas direcciones y le lleva a un cuartel francés para convivir con los militares y fascinarles con su conocimiento de la vida marcial. Las muchachas en flor son innumerables en Marcel, son todas y, por tanto, ninguna. Tuvo más trayectoria sexual que amorosa. Descubrió, en todo caso, que la investigación activa de la vida le proporcionaba más información humana, social y literaria que la información pasiva. Luego vienen los amores al margen del amor. Son las damas de sociedad, sin otra relación con el dandi que la social de amor y lujo, las que más figuran en su vida elegante sin pasar nunca a un idilio palaciego. Marcel Proust tiene menos relaciones amorosas, reales, epocales, poéticas, de las que quisiera novelar.

Fdo. Francisco Umbral

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