12-07-2007, EL MUNDO  | ver otros artículos

Los periodistas

Almorzando el otro día con dos jóvenes y activísimos periodistas, tuve la satisfacción de oírles perorar sobre las modalidades del género. Para aprender algo sobre un tema viejo no hay como escuchar a los jóvenes. Manu Llorente, David Gistau y Carmen Rigalt. Tema central, periodismo de autor, tan americano, y periodismo de periódico, tan español. A uno le parece muy decente la primera actitud de Gistau, como que es el más joven y se manifiesta partidario de la segunda persona por respeto a la primera. Efectivamente, la primera persona del periódico puede resultar anticipada, pretenciosa, excesiva. El nuevo periodista suele manifestarse en segunda, entre otras cosas porque no hay manera de asumir el protagonismo de la nieve o de los leones, que son así como de la Metro asumiendo la primera. Por otra parte, esta primera la protagoniza mejor un equipo editorial o un empresario, metidos ya en el periodismo capitalista. Gistau nos prueba que él, pese a sus libros, sus viajes y sus bodas, es un chico modesto de treinta y pocos años que prefiere ir paso a paso mejor que zancada a zancada. La zancada siempre nos deja un rastro de zancadillas. Manu Llorente, que ha ido trasminando el profesionalismo máximo de Pedro J., se atreve ya a intentar y modelar la primera persona. Quiere uno decir que Manu ha entendido su oficio como vida y su vida como oficio. No descansa nunca porque nadie se cansa de vivir. Así como hemos dicho que el periodismo americano tiene protagonista individual o colectivo, pero muy personalizado, digamos ahora que el periodismo europeo prefiere el rigor del periodismo colectivo ahora que la literatura vuelve a fichar incluso al maestro Heidegger. Carmen Rigalt, siempre en tertulias de hombres, aporta aquí su nuevo peinado, su escote blanquísimo, su tabaco y su protagonismo en cuanto a la literatura de periódico. Carmen no necesita segunda persona, en esta época de personificaciones y master, porque su estilo no es de academia sino el sabio estilo intuitivo de toda mujer cuando coge la pluma o el ordenador para contar su vida. El periodismo es el estilo hembra. En mi juventud los estilos todavía eran sexos, de Virginia Woolf a Simone de Beauvoir. Y todavía podemos enumerar todo el periodismo mecánico, desde el cine a la ciencia-ficción. La televisión es el género doméstico de la mujer, desde la vieja Singer a Oriana Fallaci o la Olivetti. Estos chicos son permisivos y hacen literatura a costa de cualquier género y de cualquier herramienta. David utiliza ya como protagonismo su treintena, Carmen su feminismo y Manu el influjo y efecto inmediato de su cercanía, que es la de un gran joven y un plural viejo. La batalla de los master no está de más porque lo que mejor se estudia es lo que al tiempo se vive. Ejemplo máximo de esto que digo pudiera ser la prosa femenina, cuando no muere por saturación, que es ya la novela rosa. Esta novela rosa no es periodismo, pero tampoco es literatura. Es periodismo cuando nos cuenta una boda fastuosa, tomando la información de lo que hoy llamamos prensa del corazón. La paella, muy lograda.

Fdo. Francisco Umbral

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