MADRE MADONNA
LOS últimos alardes/desmadres de Madonna en este verano europeo, que transcurre, denso de oro, entre un ángel de luz y otro de sombra, principian a resultarnos patéticos. Al fondo de la mujer se llega en seguida, como al fondo de todo lo insondable, y luego qué.
Madonna, como italiana, ha querido hacerse insondable mediante la blasfemia y el perjurio, mediante una ética satánica de misa negra y braga blanca que ya no conmueve a nadie. Madonna no es nuestro modelo estival de mujer, pues que uno va de adolescentes, pero siempre nos ha distraído su jaleo de cristos y cocacolas fálicas, de sexo y pecado, cuando ya casi nada es pecado y se va disipando la noción de pecado. Madonna vestida de hombre, vestida de mafioso siciliano, con un liguero sobre el traje dominguero de rayas y una mano tapándose la incógnita del sexo, que en ella no es tal incógnita. Son las últimas violencias de lo canalla por epatar burgueses, cuando los burgueses llevan un siglo epatados y, sin dar un ruido ni tres cuartos al pregonero de su pueblo calvinista, se han apuntado agnósticos de toda la vida, o sea ateos, o casi.
El triunfo de Madonna es su fracaso. Que aproveche ahora, veranos como éste, para hacer unos kilos y retirarse. La burguesía, que no es sino el pseudónimo histórico del público que paga, está de vuelta de casi todo y empieza a preferir a Dyango, tan educado de voz y maneras, a las desesperaciones por contrato de los rocks. Quiere decirse que la Europa socialdemócrata vuelve a estar satisfecha de sí misma y el cuerpo de Madonna (a la que he visto fumando con los pies, desnuda, en la intimidad) no es sino un cuerpo fatigante/acariciante/refrescante que todos soportamos muy bien en este ferragosto de pájaro de plomo y magnolia difunta.
Adiós, Madonna, adiós. Date prisa, amor, a recoger los claveles/traveller de tu éxito, que eso dura poco (te lo dice un viejo), y retírate a cultivar tu huerto de mujer honesta que le plancha las camisas a un hombre de bien. Y hasta se las almidona. Todo este revolutum de la gloria, el éxito, los flahses y los dollars no dura nada, amore. Estás buena, pero eso también se alivia. Adivino en ti una secreta deflagración interior que baja del alma a los ovarios, pasando por la cuenta corriente.
Aprovecha, Madonna, aprovecha, tía, que todos los veranos son el último. Amor.

