Artículos Francisco Umbral

Morodo


La posible asunción de Raúl Morodo a la presidencia del CDS le parece a uno el suceso político más fino e interesante de la rentrée, aunque no lo veo debidamente glosado por los analistas y expertos, que yo no lo soy.

Adolfo Suárez no supo o no pudo o no quiso darle un sentido y dirección, una filosofía, al CDS, sino que, según su genial condición maniobrera, se limitó a una política de pactos insólitos, como los municipales con el PSOE o el ingreso en la Internacional Liberal (derecha/derecha europea), ingreso que llevó a Carmen Díez de Rivera a abandonar el partido. Suárez es un genio de espada corta, maneja mejor el puñal que la espada, mejor la daga que el florete, y ya con el sable se pierde. Lo que uno no entiende bien de todo esto es dónde rayos anda Ramón Tamames, el otro grande del partido. He llamado a sus teléfonos para preguntarle, pero no le encuentro. A los políticos se les estropea el teléfono cuando les conviene. El señor Caso es, como dijera Alfonso Guerra, con genial greguería política, «un fax de Suárez». Calvo Ortega, de quien también se habla mucho en estos días, no tiene la imagen ni la identidad de Raúl Morodo, discípulo amado de Tierno Galván, no lo olvidemos, discipulazgo que no le obliga a nada, pero algo saldrá. Uno conoce bien a Raúl, cree en su lucidez, su cultura y, mayormente, en su intuición para la vida, los hombres y las cosas: la política. Raúl es sensible, cosa que no suelen ser nuestros crudizos políticos, y puede hacer del ambiguo CDS un partido «liberal».

Lo pongo entre comillas porque liberal, como centrista, son palabras que hoy no significan nada. En ellas, la existencia precede a la esencia, según Sartre/Heidegger, de modo que uno puede ser liberal/centrista de izquierdas o de derechas, si no quiere quedarse en el limbo de los justos o seno de Abraham. Morodo, que se dibuja en estos días como sucesor de Suárez, es un sentimental reprimido, un sensible dialéctico, un sensitivo político, y esto le diferencia y aventaja, ya digo, de nuestros políticos de estraza. A mí me gustaría que llegase a la presidencia e hiciese un partido realmente liberal en el sentido de aperturista, realmente centrista en el sentido de independiente, realmente democrático en el sentido de progresista y realmente social en el sentido obvio de esta palabra. Cuando el señor Aznar y su PP no consiguen despojarse del caluroso gabán patriótico que les dejó en herencia el señor Fraga, cuando el PP sigue siendo la derecha/derecha y confía en los periféricos y el Grupo Mixto para gobernar, he aquí una alternativa culta, abierta, desinhibida y porvenirista, el CDS de Morodo. El PP, digámoslo de una puta vez, está ya tan implicado en el sistema y sus corrupciones como el PSOE. El CDS de Morodo podría ser un partido (no el mío, claro) que, partiendo de cero, invocase las mejores causas de Suárez (su obsesión con/contra el Ejército), más la herencia liberal/socialista que Morodo ha recibido de Tierno, y que sabe filtrar muy sutilmente.

El liberalismo, nacido en Inglaterra y bautizado en España, caducado históricamente, aunque Suárez sea presidente de la Internacional Liberal, puede renacer hoy como liberalismo gauche, más en lo social que en lo político (las putas que quiere torturar Matanzo y cosas así). Por su personal «talante» (como decían los falangistas y dicen hoy nuestros socialistas), Morodo, hombre abierto a lo abierto, haría un partido, ya digo, más intelectual y menos hermético que el de Suárez, con todas las fidelidades debidas al fundador. Esto sí que enriquecería el espectro político, así llamado, y haría, cuando menos, meditar a unos y otros. Morodo, del grupo antifranquista de Ordóñez, que tanto frecuenté, es un líder natural/intelectual, nada populista, de una corriente española, interclasista, que está ahí.

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