Los anarquistas
Que dice que la Guardia Civil sigue fichando verdes y anarquistas. Espero figurar en sus ficheros a ambos títulos.
No parece como muy correcto que una Guardia Civil democratizada prosiga con el control de los españoles que vamos por lo legal (legal ya es casi todo), pero me temo que la iniciativa de estos controles no es de la Guardia Civil, el ilustre Cuerpo, sino que «el impulso es soberano». Sea como fuere, yo me proclamo anarquista y reo de la Guardia Civil a doble título, ya digo, porque amo los gatos y los árboles, mayormente los míos. Pero creo, además, que los anarcos somos hoy miles, millones en España, ya que el pensamiento utópico del 82 se ha disipado y nos estamos quedando sin eso que, según Salvador Pániker, le hace falta al hombre para «tenerse en pie». Al Gobierno, para tenerse en pie, le basta con un tricornio, pero el hombre que piensa y siente ya no puede creer en nada, ni siquiera en su asistenta dominicana, que a lo mejor se la matan cuando baja a por café. Y el hombre que ya no cree en nada, porque estamos en el crepúsculo de las ideas y, lo que es peor, de las creencias, y hasta de las supersticiones (que es lo que más ayuda), ese hombre, digo, empieza a descubrir su libre albedrío y es cuando se hace anarco o travestí. Como yo para travestí reúno pocas condiciones, hace mucho que voy de anarco por la vida, y como además salgo mucho en las revistas del corazón, supongo que ya me tienen estampillado, y así miles de peatonales, ya digo, que España se ha quedado sin fe en sí misma ni esperanza en Felipe.
El consumismo, la privacidad, el mono televisual y los bugas locos del fin de semana no son sino otros tantos síntomas de ese anarquista que todo español ha llevado siempre dentro y que, domesticado cuarenta años por Franco y diez por González, sólo tarda una semana en volver al estado de naturaleza o estado salvaje, como los gatos. Tengo que llamar a mi amigo el duque de Ahumada, nieto del ilustre creador de la Guardia Civil, para que me confidencie si la benemérita nos tiene ya fichados a todos los nacionales, en bloque, por el censo, que sería lo más rápido, ya que unos nos movemos en la acracia intelectual y chic, y el resto en la acracia financiera del dinero negro, que luego te lo lavan en el Banco de España, mi hermosa lavandería. Lo que revela esta información es que el Gobierno socialista, a los cien años del Caudillo, sigue ejerciendo y ejercitando el caudillaje del control de los nacionales por la Guardia Civil, como si todos fuéramos gitanos, quinquis o robagallinas (que en realidad es lo que somos: un quinqui que se pone de smoking para cenar con Javier de la Rosa, otro quinqui). Franco sólo hacía ficha a los judíos y a los masones, que era fichar fantasmas, pero el Gobierno/PSOE es un Estado moderno, tecnologizado, una democracia cibernética que le saca cada día fotomatón de frente y de perfil hasta al bisonte de Altamira. A la difunta Petra Kelly, en Madrid, la habría perseguido Matanzo por puta.
Vamos hacia el Estado policíaco o Estado/Corcuera. Estamos matasellados por todas partes, marcados a hierro y fuego, como reses del rancho de los Guerra, y esto sirve para que ni un dios se escape sin aforar a Solchaga, quitando los cuatro amiguetes de sus amiguetes, que mandan el dinero a Suiza por una azafata que está muy buena (otro día les diré el nombre). El gentío es consciente/inconsciente de esa sorda presión estatalista que se ejerce sobre él, y entonces es cuando le entra el mono anarco y en España ya sólo rige la ley testicular de mis reverendísimos cojones. Anarcos somos todos, lo cual que la benemérita está perdiendo el tiempo. Pero yo me declaro libertario expresamente, con firma y rúbrica, aquí y ahora, para que los guardias vengan a cosa hecha. Lo más digno que se puede ser hoy en España es anarquista o dominicano.

