Artículos Francisco Umbral

La minifarda


Por la Pasarela Cibeles me entero de que se ha acabado la minifalda (los de Curtidores decimos «minifarda», que es como hay que decirlo), y el síntoma me parece que va mas allá de la moda (la moda es sociología desde mucho antes de Roland Barthes). Y es que, recrecido el paro, jodida la peseta y agravados los impuestos, lo último que nos quedaba a los pobres era la minifarda.

Quiero decir que una tarde, o sea, sin un clavo para ver a Michael Jackson, sin un curro donde esmerarse, sin una jai que maravillarse, te ibas a la Gran Vía o a Serrano, mayormente, a ver minifardas (que las llevan en invierno y en verano, ¿no se les escarcha el ovario?), y tenías el día resuelto. Los minifarderos tenemos esto muy estudiado en Madrid: por la Gran Vía abunda la minifarda cosmopolita, el muslamen extranjero (sufijo men: conjunto; en este caso conjunto de los muslos), la pierna olímpica de la turista y la pierna sinfónica de la artista que va a hacer strip a Cleofás. Si uno tiene el día lírico, por Serrano se ven minifardas más discretas, minifardas democristianas, digamos, pero adornando, que no cubriendo, unas líricas piernas de jaca de la Escuela Española de Equitación de Viena, sólo que en más jaca. Una jaca hija de notario, o así. Uno, ya saben, es rojo de toda la vida, pero no hay piernas como las de derechas, sólidas de buena nutrición y alacres de mucha natación. La derecha, salvo el señor Aznar, tiene mejores piernas que el rojerío.

Piernas como las de Serrano yo no las he visto ni en la Quinta Avenida, adonde también fui a ver piernas. Si uno, por el contrario, tiene el día verraco, verriondo y un poco salidillo, en plan brusco, aconsejo Cuatro Caminos y Tetuán de las Victorias, toda la parte alta de Bravo Murillo, por donde viven en libertad las tiernas y brutales piernas de la menestralía, el muslo de futbolista hembra, de Maradona femenino, esa pierna joven y artesana (si las piernas de Serrano son de artesanía o de Arte/España, las de Bravo Murillo son directamente artesanas), esa pierna trotona, popular y descarada de muslo, ah el glorioso y curtido piernamen del pueblo. Pero la Pasarela Cibeles, ya digo, y la costura en general, parece que vuelven, y lo reconocen, a un tiempo de austeridad, falda midi y elegancia sobria, como de alivio de luto, que es lo que corresponde a las esposas e hijas de los grandes especuladores, que ahora están en un vilo y un eterno viernes negro con el veleide germanizante de Kohl, los abusos del Bundesbank, «la indecente salud» del marco (Ortega), las contradicciones de Felipe González, que se lía solo, y su monaguillo Tom, que le ayuda a decir la misa, etc. «Hijas, esa ropa, más seriedad, más castidad, que vuestro padre tiene en el aire cien millones en bonos, y en algo ha de notarse que también sufrimos la crisis», le dicen los padres terribles a las niñas mecano del barrio de Salamanca. Y los modistos, que están en todo, ya se han sacado una moda/muermo para la próxima temporada de depresión bolsística. A uno, como observador de la cosa, se la suda que baje la peseta, suba el marco, crezca el paro o se vayan los inversores extranjeros. Todo eso son síntomas cambiantes que se pueden corregir mañana, pero cuando la alarma, la gravedad y la austeridad llegan a la moda, entonces sí que la recesión va en serio, el país está en crisis y encima perdemos la minifarda.

Ya Manolo Escobar repudió la minifarda con sintaxis genial: «No me gusta que a los toros te pongas la minifarda». Ni a los toros ni a nada, que el país no está para alegrías. La pobreza de los ricos, que ahora viene, consiste en que lo siguen teniendo todo, pero guardado. La pobreza de los pobres, en cambio, está a la vista. Ya que no a la gachililla entera, al menos teníamos la minifarda. Contra la recesión, el paro, y Cuevas, siempre te quedaba salir a mirar minifardas. Hasta José Antonio habló de «una España alegre y faldicorta». Lo que ahora viene es una España triste y midi. El 92.

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