Dale color al difunto
El señor Barrionuevo está viviendo una doble vida: de un lado se ha convertido en el héroe del PSOE, en el llanero solitario, en el hombre que se enfrentó a ETA lleno de coraje moral/inmoral, el policía que sacrificó los medios a los fines. Pero, del otro lado, Barrionuevo no es más que el espantajueces de Felipe González. Esta especie de Supermán cojeante se ha creído su papel. Y no faltan españoles que le admiran, Aznar entre ellos, que ha renunciado a investigar el GAL, si llega al Poder (este chico es que no hacemos carrera de él: podía habérselo callado, por lo menos). Barrionuevo está siendo utilizado por Glez. como un matamoscas. La larga mano de Glez. lo pone en una mesa de banquete, en una lista electoral, en una cruz de calvario, en una procesión, en un escaño, mientras la Justicia, con pasos medidos, seguros, prudentes y escalofriantes, sube las escaleras. Hay que meter mucho ruido patriótico en torno de Barrionuevo para que no oiga el martilleo de los carpinteros póstumos que le están levantando el patíbulo. Barrionuevo cree que el presidente le es muy fiel, pero el presidente no hace sino utilizar a Barrionuevo como una fregona, para tapar huecos. Existe la tiranía de los débiles y existe el chantaje de la amistad, la admiración y todo eso. A Barrionuevo le están chantajeando para que no hable, le están poniendo medallas de sangre, le están clavando en la cabeza la aureola con espinas de los héroes y los mártires, todo para que calle, coño. Es de suponer que Barrionuevo ha entendido el juego, el chantaje, la trampa, pero no le queda más remedio que aceptarlo, pues por ahí todavía ve una esperanza. Si no habla va a ser un presidiario, pero si hablase sería un apestado, un solitario, un traidor, un marginal, un deshonrado. En este lío le han metido para que siga acumulando gloria negra, honores tardíos y dudosos. Han hecho de él la fidelidad en persona para comprar su indecisa fidelidad. Ya no puede traicionar la urgente imagen de hombre duro, fiel y callado que le han creado. Es la estatua de la lealtad. Esa plaza de la Lealtad que hay en Madrid, debieran cambiarla de nombre y ponérsela a Barrionuevo. Sería otra manera de comprarle. ¿Cómo no han pensado todavía en una plaza para el ex ministro? Lo que suele haber en el centro de las plazas es un cadáver, una estatua. Pero aislado le tienen a Barrionuevo en una plaza de silencio y distancia. Es un hombre solo que se siente muy acompañado. Es un hombre populoso al que no hay que dejarle ver que está solo. El uso que Glez. y todo el PSOE están haciendo de Barrionuevo (hasta Borrell cree en él) es algo así como aquello de «dale color al difunto». Al difunto político le están dando color y purpurina de héroe todos los días, maquillaje de honrado, ojeras de hombre justo, moraíto de martirio. Barrionuevo está solo y no lo sabe. Barrionuevo no quiere saberlo. Esta democracia ya tiene un mártir. El PSOE renovado ya tiene una virgen. Glez. nos está demostrando que maneja los cadáveres políticos con tanta habilidad como los ministros vivos, los sarasolas y los enemigos. Barrionuevo tendría que comportarse como él mismo, pero ya no recuerda quién es él mismo. Le han robado la identidad. Decían anteayer que estaba reflexionando. Yo creo, sencillamente, que está tratando de acordarse de quién es él. Nunca más lo sabrá.

