Artículos Francisco Umbral

Las cachas de Rosa Díez


Pasadas las diez de la mañana, a poco de empezar, doña Rosa Díez nos hace la confesión más privada, íntima o personal de toda la mañana: - Soy socialista hasta las cachas. Dada la breve y elegante eslora de esta dama, tampoco cabe ahí mucho socialismo. Pero Rosa Díez habla cordial, familiar, convincente, como la señora que ha venido de visita, y tiene algo de ese ama de casa de la tele que al final nos vende un sopipollo. Su discurso, mitin o cosa, no abunda en datos ni confidencias, sino que se bifurca por el camino verde de las cosas vecinales, el socialismo de la calle, los problemas de la gente, la moderación de la política, la felicidad necesaria. Es quizá ese brote de poujadismo que se da en todo ramadán político, la mujer o el hombre que habla desde los mercados y subido a las banastas. Eso, parece que no, pero llega mucho al vulgo que no quiere que le hablen de política, sin saber que el precio de los repollos también es política. Ni el socialismo ni las cachas de la esbelta dan para más. Pero ella ha hecho un discurso recoleto y cálido que nos mete en ambiente. Después viene José Bono, que según los últimos decires del Congreso es el favorito de Felipe González. Felipe está sentado en primera fila, a mano derecha de los oradores, y, aparte alusiones directas, casi todos hacen sus párrafos mirando para él. Es el hombre/multitud. Bono suda mucho, pero, en su juego de pañuelos, es el más político -17 años en Castilla-La Mancha-, el más veterano, el que con más naturalidad denuncia los momentos bajos del PSOE, sin llanto ni cartón, en un buen momento profesional. No hay color. Bono habla de política, cita a Azaña (algún otro también), propone volver a la calle, tiene momentos de barón y momentos de renovador, pero en lo uno y en lo otro resulta convincente e incluso de la sudoración hace un recurso escénico. Su momento de loor a Felipe queda muy natural, pero es significativo. Se vota dentro de pocas horas y aquí nadie va a salir secretario general sin que le tonsure FG. Conozco algo a Bono, en privado, y debo decir que como político en activo está por encima de lo que fuera de prever, por la naturalidad enérgica de su palabra, por la convicción (real o fingida, que eso da igual) y por la forma en que se muestra, de político muy hecho, de barón natural y de socialista poco sentimental. Bono sería la renovación moderada, que el PSOE tampoco está hoy para mayores asonadas. Y siempre gusta que ganen los amigos, qué coño. Matilde Fernández, pese a ligeros traspiés, es también el socialismo de cosecha, la que más profundiza en las cosas concretas, en los daños del PP y las culpas del PSOE. Habla llena de información, en guerrista, aunque sin la garra popular de las grandes mujeres de la izquierda histórica. Lo suyo es un informe a fondo de la situación política y económica, que a mí me interesa mucho, pero comprendo que el gentío que ha venido de provincias, como a ver al Madrid, se aburre un poco, aunque tampoco se atreven a pedir vara. Rodríguez Zapatero es un chico de ojos claros que habla alto y valiente, pero no dice cosas demasiado audaces. Confía mucho, sin duda, en su presencia y su grito, pero cae en el pecado de todo líder joven: le tira la abstracción, seguramente iba para poeta (sus amigos lo son) y parece como que le cuesta entrar en detalles, informarnos de algo, salvo que el PSOE es maravilloso y Glez. insustituible, donación que se cruza con la de Bono y ya no sabemos quién es o será el bendecido por el Espíritu Santo del Demonio, que según Ramón era el murciélago. Pero la Santísima Trinidad se va perfilando y a Nico Redondo no consigo sacarle el nombre del Niñodiós. Zapatero me parece un aficionado, un capa o un principiante, pero se lleva la mayor ovación de la mañana. El Congreso vota juventud. Por la tarde, Zapatero sale elegido secretario general por un 41% de los votos. Son muchos, pero no suficientes. Va a necesitar un presidente.

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