Artículos Francisco Umbral

El rosario de mamá


El señor Rato, Ministro de Privatizaciones, ha tenido un detalle, mira. Dice que de las industrias estatales privatizadas se va a reservar las obras de arte decorativas como propiedad nacional. Si tendrá mala conciencia, el joven. Rompe toda relación del dinero con el Estado (el dinero cuanto más libre mejor), pero nos deja el rosario de mamá, como en las separaciones amorosas. Me voy a hacer yo un rosario con los dientes de marfil del señor Rato. El empresario Cuevas (Chicago años veinte) dice que los curratas y los sindicatos son unos privilegiados que defienden sus intereses de grupo. Es la suya una forma de cinismo barroco y confuso que no hace daño porque no se entiende. Dice el presidente Aznar que los sindicatos no se dejen llevar por la «demagogia». Razón que le sobra. Defender la pensión del abuelo, la mutilación del enfermo laboral, las alpargatas del niño, el derecho a una vejez con la chabola limpia, el derecho a las hidracidas del Seguro, cierta paz en el empleo, un cuarto de hora para el bocata y no más latigazos de los necesarios, eso es «demagogia» para el sportivo señorito Aznar, que desde luego no se va a mancar jugando al pádel. Así que andan disparatando por los verdes campos de la derechona, y sólo el señor Rato, ministro de la cosa, parece que ha tenido un detalle, un golpe de sensibilidad, ya ves. Que el Estado vende hasta la cama con dosel donde le parió su madre (al Estado), pero se reserva las obras de arte adquiridas, patrimonio artístico nacional de una derecha alquilona, quilona y ávida. En las procelas de este mendizabalismo salvaje, se salva, al menos, el rosario de tu madre. Dentro de poco el Estado va a quedar reducido al rey Juan Carlos y cuatro cuadros ennegrecidos de Moreno Carbonero, López Mezquita, Marceliano Santamaría y Romero de Torres, que era muy malo, pero le gustaba a don Ramón del Valle Inclán. El rey no se deja que le privaticen, con un par, ni que lo reinviertan, pero lo demás lo tienen todo en almoneda en el sombrajo del señor Popper. Mejor que esos cuadros de escuela de Artes y Oficios de provincias y esas consolas restauradas y falsificadas en Arganda, prefiero yo las preciosas láminas de Penagos y Baldrich que está rifando el ABC, que aquí mi santa ya las tiene todas. Como yo soy un bien nacional, cualquier día me privatizan la dacha, pero Rato tendrá el detalle, seguro, de respetarme la gata Loewe y los cuadros de Barjola, Alvaro Delgado, Cuixart, Chillida, Pepe Díaz, los Roldanes, Pepe Ortega, Ginés Liébana, Novillo, Percebal, Yraola, Anciones, María Antonia Dans, Viola y todo eso, a más de Jaime Ostos y otros diletantes, Máximo y otros inquietantes, como Vela Zanetti. O la Virgen gestante del Rastro, que es un detallazo. Empieza a mí a caerme el señor Rato (con cuyo padre tuve algún trato que se quedó en nada). Empieza a caerme un ministro que es capaz de desamortizarme como bien nacional, pero siempre le dejará a esta santa el rosario de mamá, los cuatro cromos que he dicho y la gata de ojos persas. Se me ha quitado un peso de encima, qué peso se me ha quitado al saber que el desamortizador te revende, te usa, te hunde, te jode, te prevarica, pero te respeta el reclinatorio de la abuela, los incunables de Pérez Reverte y todo lo que tiene un valor sentimental. Tengo que preguntarle al rey, hombre, a ver cuántas pinturas le dejan a él, y cuántas medallas. No voy a ser menos.

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