Artículos Francisco Umbral

El neomachismo


Amaya Arzuaga le dice a Amilibia que el hombre y su moda, o sea la moda de hombre, tiene que moverse entre la austeridad y el machismo. Austero es Mariano Rajoy y machista era, mientras gobernó, don Manuel Fraga. En los pases de modelos, tan frecuentes y nutridos, vemos que, efectivamente, a los tíos no les queda la ropa modernosa porque les hace futbolistas con ropa interior de torero. Y tampoco les queda la moda hombre/hombre porque les hace machistas, según la citada Amaya Arzuaga. Entre unas cosas y otras, ocurre que los hombres no saben qué ponerse y siempre parecen viajantes de comercio, pero parados. Uno cree que hay que aceptar las cosas como son. La mujer ha nacido para tía buena o tía exquisita, la mujer es un mueble decorativo al que sólo dan vida los modistos o la modista del barrio. El hombre queda muy funcionario de Hacienda se ponga como se ponga. La armonía, la belleza, el buen gusto, el buen talle y el buen detalle están de parte de la mujer, de la chica, de la yogurina o de la real hembra. Con todo eso los modistos, que son unos artistazos, mayormente mi admirado y querido amigo Pertegaz, hacen una categoría aparte que Camilo José Cela puso en este orden: el perro, la mujer y el caballo. Con este sistema métrico decimal o metrosexual nos hemos defendido toda la vida.La mujer se compraba un abrigo de visón o de rata (mucho más estilizado el de rata) cada temporada y el hombre no se compraba nada porque ya se encargaba ella de mandar darle la vuelta para usarlo un año más, que el que empieza tirando el dinero en trapos acaba amariconado. Creo que me está saliendo un artículo bastante machista e incluso reaccionario, de modo que me pongo contento y satisfecho, pues hacía mucho que no me salía una cosa tan de derechas y tan machista.Los modelos fastuosos se inventan mayoritariamente para las mujeres, que son casi todas fastuosas de cuerpo y de abéñula. Pero últimamente, por no sé qué complejo del modisto o del cliente, se lanza también la moda masculina en los desfiles, donde vemos una especie de futbolistas con coleta que lucen de arietes del Getafe y enseñan las rodillas impresentables de los hombres, cosa que no se había enseñado nunca ni en las playas desnudistas de Ibiza. Me temo desde el principio que este amago de coquetería masculina no va a dar un duro ni un traje como el de Letizia el día que casó.Los hombres no sabemos coquetear en hombre y yo sólo he conocido tres elegantes en mi vida: Vilallonga, aunque me odie, César González-Ruano y Cary Grant en el cine. Uno mismo hizo en su juventud algunos intentos de dandismo, pero lo dejé a tiempo. Mi proyecto fracasaba desde su juventud porque el dandismo no es joven ni viejo sino intemporal, siempre el mismo y tirando a austero, como aconsejaba El bello Brummel.Aquí me temo que falla Amaya Arzuaga, a la que conocí hace unos años y no sé si me interesó más como moda o como modelo. Amaya privilegiaba la juventud del hombre, pero la juventud sólo es un trámite y hay que resolverlo lo antes posible. La moda está de moda y aunque seas muy macho tienes que reunir un conjunto para el yate, otro para el golf, otro para el Senado, otro para el caballo y otro para la ópera. Y en este plan.

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