Artículos Francisco Umbral

La Catorceava Flota


El premier Aznar, presidente de la cosa, y el señor Solana, que manda en la Catorceava Flota de la OTAN, están con la risa floja y hasta se dan la mano, siendo adversarios religiosos, porque entramos en la OTAN y los Seven Seas nos tienen con el agua hasta el testiculario. Aznar y Solana son más clintonianos que Clinton y además de entregar España al poderío americano quieren apuntarse ellos como marines, personalmente. Aznar dicen que va de grumete atómico. Tiene uno escrito que fragaznaristas y filiposocialistas están condenados a hacer una misma política: capitalismo silvano y atlantismo a braga quitada. La única diferencia está en que González nos montó un referéndum verbenero, por echarle bakalao al gentío, y Aznar, con el laconismo militar de nuestro estilo, no dice una palabra más alta que otra ni consulta a los españoles ni nos permite hacer pintadas relámpago contra la NATO a los intelectuales esquineros y de mala letra, que lo mismo montamos el pollo antiatómico que desaparecemos 24 horas con una percanta. Gente de poco fiar. En el Nuevo Orden Mundial estamos de sobra, pero no nos vamos. El señor Aznar ha prometido suprimir la mili, lo que quiere decir que todos vamos a estar militarizados al servicio de la Catorceava Flota. Lo que se suprime es el costumbrismo de los quintos, la quinta del 96 y la tornaboda con la muerte mediante el farias malo, el coñac de droguería y el polvo colectivo en un serrallo de percantas agropecuarias de Barbate de Franco o en un puticlub de motel, como si los quintos fueran columnistas. Todo por la Patria, pero por la Patria de Clinton. Me recuerdo yo cuando Juan García Hortelano, que gloria haya, Imanol Arias, Gala, Ana Belén y unos cuantos jueces rojos, con Cristina Almeida en plan Virgen Blanca, que tomábamos la Puerta del Sol llenándola de pasquines, pintadas y gritos. Grafiteros de urgencia, anteriores al gran Muelle, dejamos la ortografía mala y valiente del pueblo español en un referéndum que no sirvió para nada, mientras los calígrafos y mandarines intelectuales del felipismo atlantista firmaban el Manifiesto del Whisky a la luz baja de las redacciones. Somos una generación con mucha calle y pocos premios. A mí lo que me encampana no es que entremos en la OTAN, donde ya estábamos, para fregar la cubierta de los barcos, sino el optimismo y el patriotismo con que nuestros gobernantes (ahora le toca al de derechas) se dan la mano una y otra vez, se felicitan unos a otros por su astucia, sagacidad y oportunidad. Todo consiste en que los mozos ya no van a ir de reclutas, pero en cambio van a ir ellos, reclutas de la Organización del Atlántico Norte, y como reclutas sonríen con risa floja, tonta y falsa, fumándose el último puro de hombres libres y haciendo mucho humo por parecer más hombres. Solana y Aznar son los dos reclutas, quintos o mozos de la última leva de la OTAN que presenta España. Acabarán cantando «Asturias, patria querida». Ya sabe uno que esto es inevitable, que entre el Buba y Hillary han puesto el coño sobre la mesa y los países no de tercera velocidad, sino de piñón fijo, estamos para baldear el inmenso portaaviones del Imperio. Pero que no nos lo vendan, encima, como una victoria, hombre, como un éxito de nuestra diplomacia, nuestra política y nuestra honra. Somos los pecheros del nuevo feudalismo missil y Aznar, como su correligionario Serrano Súñer, ha mandado a triunfar por el mundo a la División Azul. Arriba España.

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