El peluquero de Serra
El ministro de Defensa, Eduardo Serra, se ha buscado un asesor de imagen, que suponemos será un peluquero, ya que lo más urgente que necesita Serra es alguien que le reforme ese rizado antiguo y el repollo que le hace por detrás la melenita corta. Cuando un político busca o necesita un asesor de imagen es que ya se le han quedado viejas todas las corbatas que tenía en el armario. Las corbatas ideológicas, me refiero. Lo primero que tiene que enseñarle el asesor, señor Cillanueva, al ministro Serra, es a levantar el dedo en el hemiciclo para pedir la palabra, porque lo levanta como parando un taxi. Si no se pide la palabra con autoridad, luego las palabras de uno ¿cómo van a tenerla? Serra admite que su imagen está deteriorada ante la opinión pública, y esto es mero optimismo o ganas de levantarse la moral. Serra, más bien, ante la opinión pública no tiene imagen. Nadie conoce al ministro de Defensa, pues el personal espera que vaya de fajín y laureada. Y encima este Serra está duplicado y hay otro que se llama igual, y lo metieron por la puerta de las cocacolas en el Gobierno, de modo que no hay que mejorarle la imagen, sino creársela, que yo siempre procuro hablar desde el punto de vista del gentío. Pero Serra lo ha pensado tarde, porque la crisis gubernamental Matutes va a remover muchas sillas en Moncloa, y a la silla de Serra le faltan tres patas, lo cual que le queda poco. Ahora que viene la Catorceava Flota de la OTAN, hombre, al ministro de Defensa me parece que lo canjean. El Gobierno ha tenido un infarto de miocardio esta Semana Santa, en Ibiza, y encima una angina de pecho, de modo que Aznarín, cada día más sutilizado, va a remodelar el Gobierno de la boda de Gema, que iban tan guapos, pero muchos se están fumando todavía el puro de los postres, y así no se hace regeneracionismo, que es lo que dice el presidente. El asesor/peluquero quiere que Serra hable más con los economistas y los poderosos y que «contacte» (perdón) con los círculos políticos y sociales más relevantes. El asesor/peluquero, o sea, pretende lanzar al ministro al alterne y descorche, ahora que precisamente se podía ir en silencio, como vino, usando el montacargas. Serra, mejorando la imagen del que se la va a mejorar a él, dice que Roberto Cillanueva trabaja gratis para su Ministerio. Peor que peor. Sólo Tennessee Williams se fiaba de «la bondad de los desconocidos». Y así le fue. Uno que no cobra es siempre un desconocido y no hay que llamarle ni para arreglar una charnela. Mucho menos para colocarle las charnelas borbónicas en su sitio al señor Serra. Ha sido el peor ministro de un Gabinete mediocre, o el más inadvertido, y Aznar, que recibió el regalo con menos entusiasmo que hubiera recibido un equipo de pádel, puede que le mande a la mismísima muy pronto, agradeciéndole los servicios prestados al asesor de imagen. Este ministro de impulso soberano no se libra con asesor de imagen ni con una pasada por el tinte, a fondo, como la que le dieron a Michael Jackson. El que llame ahora a los peluqueros y albéitares quiere decir que no sabe que le van a dar la cuenta y la absoluta. En esta columna hemos respetado al señor Serra todo el tiempo, por venir de donde venía, entre rosas socialistas y gules, pero es mi obligación decir y anunciar que le ha llegado la hora. La revista militar a los venideros marines OTAN la va a hacer Ana Botella, que pisa mejor.

