Aznar se fue a la guerra
La otra mañana el señor Aznar se fue a la guerra de El Goloso, al mismo sitio donde iban Franco y Felipe Glez., que es una guerra de mentira -«maniobras» lo llaman- donde se comprueba lo puestos que están nuestros soldados (casi todos objetores tímidos e insumisos interiores) para derrotar el enemigo que no existe porque Yeltsin no es comunista y además está con el pedal. El señor Aznar se montó en un carro de combate, o lo que sea esa hojalata, con su uniforme nuevo y su gorra, uniforme hecho a la medida y para la ocasión. Cuando hizo la primera comunión también le cortaron un trajecito a la medida, como a todos los niños buenos. Ahora ha ido a hacer la primera comunión o bautismo de fuego, de paso que les promete a los generales -eso se dice- 300.000 millones de dólares para carruaje atómico a la última. Por una parte, al Ejército, ese coloso triste, hay que tenerlo contento, y, por otra parte, la modernidad consiste en volver a la barbarie de la guerra. No hay dinero para casas, para salvar okupas, para pagar mejor al curroproletariat, para hacer escuelas, para tener a los españoles de tercera mejor desayunados, pero nunca faltan 300.000 millones para comprarles ferralla guerrera a los yanquis, que en eso consiste la OTAN mayormente, en una tienda de armas al por mayor y al detall. Donde hay que hacer las maniobras, señor Aznar, no es en El Goloso, sino off/off Vallecas, para que usted se vaya aclarando de cómo se lo monta el Tercer Mundo madrileño, que está aquí mismo, sin necesidad de ir a Hispanoamérica a colocar rollos patateros y retórica imperial sobre Hernán Cortés y Rubén Darío, que a lo mejor metes un pie, como la ministra Esperanza Aguirre hace poco, y les cuentas a los aztecas lo sádicos y sanguinarios que eran los aztecas, o sea sus abuelos, en un discurso que les hubiera producido infarto de Hispanidad a don Ramiro de Maeztu, Sánchez Bella y otros padres de la cosa. Lo cual que el regeneracionista Aznar no es menos belicoso que el socialista Solana, y todos esperando que la Catorceava Flota toque puerto español, mayormente por Cartagena, para cuadrarnos y decir «¡mande!». No podemos creer en un regeneracionismo que se hace con carros de combate carísimos e inútiles, pero de futuro sangriento, no podemos creer en un regeneracionismo que prima la puesta al día de las máquinas de guerra por sobre un tratamiento coherente contra la meningitis infantil, que todavía colea. No podemos, en fin, creer en el regeneracionismo de El Goloso, porque ahí ya hubo otros regeneracionistas ilustres, como Franco y todos sus generales, que habían dejado la Patria hecha una braga con aquello de la última carlistada. El PSOE también moló mucho en El Goloso, porque la foto es cantosa, aunque creo no recordar que González se pusiese jamás un uniforme militar de encargo para jugar a las guerras. Hay regeneracionistas y regeneracionistas. El señor Glez./váyase lo más que se ponía era una gabardina azul metálico para asistir a estas cosas. Guardaba las formas, o sea, aunque él fue quien nos metió en la OTAN gracias al glorioso Manifiesto del Whisky, firmado por intelectuales que ahora no quieren firmar lo de Polanco, qué delicados y vibrátiles son los intelectuales. Todo depende del whisky que se reparta entre las Armas y las Letras.

