Artículos Francisco Umbral

El socialismo bonito


Los viejos lobos del PSOE, buscando una alternativa, un titanlux, un alicatado para la fachada, algo, han dado con el socialismo bonito, que es el que trae de provincias el señor Zapatero, y él lo ha dicho: «Queremos hacer una oposición bonita». Uno no cree que la oposición deba ser bonita ni fea, sino eficaz. También la de Borrell era bonita, y ya ven. Pero a Zapatero se le escapan de vez en cuando estos firuletes de simpatía que nos hacen temblar por su futuro político y la desolación del paisaje después de la batalla, pero una batalla muy bonita. «Yo soy quien marca mis tiempos, como lo hice para ganar el Congreso socialista». Magnífica entrevista de Victoria Prego y buen show del candidato. Con esta frase sobre el control de los tiempos y de las cosas, con este recuerdo de su victoria, Zapatero acusa una cierta necesidad de acudir a cosas pasadas, porque los últimos eventos no le han ido. «Quiero que el socialismo abra las puertas a todas las posiciones ideológicas progresistas». Eso estaría muy bien si a la izquierda del PSOE quedase progresismo, pero el que queda a lo mejor se les va con la ETA. Cuida la majada, muchacho. «El socialismo debe hacer un esfuerzo intelectual y pensar la política para el siglo XXI». No sabemos si Zapatero se refiere a una política galáctica o concretamente a la falta de pensamiento que acusa el partido desde que jubilaron a los grandes memoriones. «Para ganar a ETA hay que ir con el PP». Zapatero ha tenido la audacia de pactar con esa famosa derecha tan nombrada, pero más bien con quien ha pactado es con el Gobierno, o sea con el Poder, de modo que nos parece un pacto inteligente. Con estas decisiones Zapatero deja muy atrás el GAL y otros inventos del viejo socialismo. El PP se beneficia políticamente del pacto con un gran partido de izquierdas y Zapatero asume toda la audacia de la situación, que tiene muy cabreados y muy bordes a todos los fachas de ambos bandos. «En los orígenes del socialismo la libertad es un valor tan importante como la igualdad». Esto lo ha repetido bastante el señor Zapatero y da para todo un tratado filosófico. La libertad sin igualdad es una libertad falsa y a la inversa lo que nos sale es una demagogia totalitaria de la que ya fumaron mucho los comunistas y los fascistas de cuando entonces. «Mi obligación es que no se repitan nunca muchas de las cosas que han perturbado al PSOE». Aquí el señor Zapatero asume la vuelta de hoja, admite que el PSOE ha vivido perturbado y parece olvidar para siempre a los grandes perturbadores de la Moncloa. En general, Zapatero es un hombre de buena voluntad que tiene dos frentes abiertos: la lucha contra ETA y la regeneración del PSOE. Como era inevitable, ambos problemas aparecen incardinados el uno en el otro. Sólo un PSOE socialista y luchador puede superar las amenas peripecias del GAL. Y no diría yo que esto sea una complicación, sino más bien que el empezar con una tarea tan dura ya supone una ventaja en la formación del alumno. Como hemos dicho anteriormente, Zapatero no pacta con el PP sino con el Gobierno. Sabe que toda su fuerza ideológica no vale hoy lo que la decisión de un ministro. Aznar pone los guardias y Zapatero pone la ideología.

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