La ignorancia ilustrada
En estos veinticinco años se ha confundido muchas veces la democracia con la demagogia. Así, se optó por agilizar la enseñanza eliminando el bachillerato o reduciéndolo a una esquelatura de cuatro nociones sobre cada cosa. La gente aprobaba fácil, sacaba los cursos sin dejar el botellón y comprendían que eso de la democracia era una cosa que estaba muy bien y facilitaba mucho la vida. Luego, los más enchufados encontraban empleo en seguida y los no enchufados seguían en mitad de la calle con el botellón. Así se originó la vida basura como ideología y empezamos a encontrarnos con que los chicos y chicas de veinte años no es que no sepan ortografía sino que ni siquiera saben caligrafía y hacen una letra infantil donde sólo se ve la madurez por las erratas. Los niños no ponen erratas. Los niños es que son anarquistas de por sí. Con este sistema la gente se había ido acostumbrando a la facilidad de vivir. Los padres no tenían que volver a resucitar las angustias que vivieran en sí mismos y que luego solían vivirse en los hijos. Estos, por su parte, estaban mucho más ocupados formando conjuntos musicales en un garaje cerrado, toda la noche, que estudiando los libros del bachillerato razonablemente, siquiera para cumplir en mayo como había sido costumbre. Fueron unos años de alegría e ignorancia, fueron unos años en que nadie pegaba un sello pero los estudiantes iban pasando por los mecanismos docentes y universitarios como las botellas de cocacola por la correa transmisora. Pero he aquí que ahora viene desde la izquierda una mujer empeñosa que, en su cargo de ministra, se propone galvanizar el viejo nombre de reválida con todos sus compromisos y sus arrobas de cultura bien distribuida. Pilar del Castillo resucita palabras como reválida y bachillerato, que saben a rancio pero estaban llenas de contenido y contencioso. Había chicos y chicas más o menos burros, pero si no todos sacaban una carrera, al menos andaban por la vida con una educación razonable y todos sabían hacer la O con un canuto porque lo que sobraban entonces eran canutos. El gentío ha vuelto a manifestarse contra la puesta en marcha de estas leyes que les obligan a estudiar a ellos o a sus hijos. Los años anteriores habían sido un paraíso ágrafo o limbo de los tontos y los alegrillos donde el que no servía para extraer una raíz cuadrada servía para dar un pelotazo, con cuatro instrucciones a tiempo del señor Solchaga. Se había liberalizado la enseñanza como se había liberalizado el sexo, con la diferencia de que el sexo no rinde un sueldo a fin de mes, salvo a las profesionales, y la enseñanza servía para eso y además servía a la sociedad. La gran confusión democracia/demagogia llegó a tomarse por socialismo, cuando el socialismo es una de las maneras más laboriosas y dignas de vivir. Ahora Pilar quiere rectificar todo aquello, quizá porque ella misma, entre otras razones, se curró muy duro el aprendizaje de varias carreras y doctrinas. Por eso hoy es una mujer que habla seguido y no como los párvulos de Operación Triunfo y Gran Hermano. Naturalmente, a Pilar no la entienden y creen que la maestra del pueblo les ha salido un poco borde. Pero España no tiene hoy otra opción, pues está a la cola cultural de Europa: o la educación o el calimocho.

