De infantas, loyolas, gallardones e Inés Oriol
Lunes 28 . INTELIGENCIA es atar cabos». (Eugenio Montes). . #Martes 29 . LA monarquía ya sólo puede ser un poder entrañable, como diría Vicente Marrero, y por eso escribe Raúl del Pozo que el Rey Juan Carlos hace bien en conferir a las bodas de sus hijas un clima de encantamiento. Considero que monarquía es encantamiento, hoy, o no es nada, y ese encantamiento es el que se ha apoderado del pueblo español con las noticias sobre la Infanta Cristina y su boda con un deportista de apellido impronunciable. Recuerdo a Gerardo Diego: «Yo quisiera encantar como tú encantas / las palabras que tú asciendes a princesas, / yo quisiera imantar como tú imantas / azules de los ojos que embelesas». Las monarquías tenían que ser más cultas y cuidar esta última forma de encantamiento que es la poesía. Por eso, quizá, existe un premio de poesía a nombre de la Reina Sofía. La monarquía, sí, es un poder sentimental y ésta es la explicación de que en España haya muchos juancarlistas y pocos monárquicos. El abuelo Alfonso XIII, «el rey perjuro» de Rafael Borrás, tenía ese tirón madrileño y casta de los Borbones, pero lo dilapidó. Don Juan también lo tenía, aunque la vida le había anglosajonizado. Y en Juan Carlos la capacidad de comunicar ya la quisiera para sí el señor Clinton. De las dos infantas, la que se casó primero, graciosa y feuchilla, es la más isabelona. Con ella el encantamiento está asegurado y se hizo verdad en Sevilla. Todo esto, en cuanto al irracionalismo de las monarquías, tan vigente en el 2001 como las apariciones de Lourdes. Pero explicando las cosas periodísticamente, lo cierto es que el Rey hace cuerpo con el Ejército y el Ejército, por su propia estructura jerárquica, jamás puede ser democrático, como la Iglesia. En Estados Unidos, a los generales viejos les hacen consejeros de la General Motors. Aquí el Rey les hace duques. Es más bonito lo nuestro. La monarquía inglesa recibe su penúltimo embate con la victoria de Tony Blair. Los socialistas van a gobernar Gran Bretaña desde un entresuelo. Es la consecuencia menos advertida del progresivo desencantamiento de aquella Corte: bodas raras, princesas en bolas y divorcios de quiosco. A nuestro Rey le toca ser demócrata de una mano y teniente coronel de la otra. Y aún ha de mantener el país en perpetuo encantamiento con bodas y bautizos. Cristina ha borrado estos días la política nacional/internacional. Y hasta el luto por Fabio Capello. «Yo quisiera encantar como tú encantas...» . #Viernes 2 . LA cosa de la Comunidad. Alberto Ruiz-Gallardón ofrece una recepción matinal en el viejo Hospital de Jornaleros (Maudes). Es ese edificio gemelo de Nuestra Señora de las Comunicaciones, en Cibeles. Los dos son de Palacio, que hacía una especie de gótico recalentado y de plastilina. Pero qué nombre, Hospital de Jornaleros. Hoy los jornaleros y los parados se hacinan en la cordillera de los pobres, o sea el Seguro. Esto no lo arreglan unos políticos ni otros. En el patio que hizo Mangada, muchísima gente y ni un solo socialista. Imagino que a Alberto le habría gustado ver más mezclado al gentío, y él se lo merece dada su política. Yo también esperaba más mitad y mitad. Joaquín Leguina, a quien Ruiz-Gallardón le puso una medalla, no hubiera sobrado aquí. Pero Leguina también anda con su convoluto moral. Difícil labor de convivencia la que se ha propuesto Alberto. Pero le sigo viendo admirable en su serenidad y constancia. La copa, como si la hubiera calculado Rato, o sea pobre. Me meto tres zumos de tomate. Es la austeridad liberal. Por la noche, cena en casa de Sisita Miláns del Bosch, en El Viso. Inés Oriol, que se ha venido como en tractor desde Toledo y luego se vuelve. Sisita en plan Gelsomina, graciosa, desgonzada y adorable. Pablete, que nos cuenta cosas y ligues de Pachá. Antonio López, que se fascina con Loyola de Palacio, en la que ve una moza de Tomelloso, «pero con inteligencia», matiza. «Y esa carnalidad que tiene en la cara». Loyola nos cuenta cómo engañó a aquel señor alemán que vino a arrancarnos los olivos. Veo que ama los productos de la tierra y comprendo que ese Ministerio es el suyo de nacimiento. Quedamos para otro día en bebernos una buena botella de tinto elegido por ella. «Y la carnalidad que tiene en la cara», sigue añorándola Antoñito cuando la ministra se ha ido. Ginés Liébana y yo hablamos del amor y sus psicologías. España e Inés hablan de sus cosas. Ayaya Pastega y uno de esos eternos y silenciosos amigos de la casa. Inés perfuma algo así como la alcoba de la Montespán y come queso rallado. Esta criatura de estilizaciones y perfiles quebradizos no la imaginaba yo comiendo tanto queso. Antonio nos explica que su ingreso en Bellas Artes es importante, «pero no lo más urgente para mí en este momento». Mari, su mujer, es pintora muy fina a quien él prepara los cuadros. La fascinante hija de Sisita nos deja a cada uno un beso leve como su alma. A la salida acompaño a Inés hasta su carro de combate. Es conmovedor ver a esta mujer fina y firme conduciendo tan formidable y espantosa máquina. Como una amazona diesel, se pierde en la noche. . #Sábado 3 . MI amigo José Luis Garci sí va a entrar en Bellas Artes. Es un académico del cine y a veces hace un cine bellamente académico. Lástima que no pudiera acudir a la cena de anoche. Ya le he enviado un artículo para su revista. Mario Conde ha tenido uno de sus gestos antiguos y espectaculares, que lo hubiera sido mucho más en una semana menos reventona de noticias. A los braceros que iban a tomar su finca se les encaró sonriente, transformándolos de revolucionarios en invitados. «Encantándolos», diría yo, según la palabra elegida para la monarquía. Es el viejo encantamiento del pueblo por la cultura o las maneras. Algo que creíamos superado por la modernidad. Pero la postmodernidad también tiene estas cosas. Un episodio como del Quijote, entre los rústicos y el Cara de Plata embaucador. Estos episodios audaces, vistosos y mentirosos son los que han perdido y salvado siempre a Mario Conde.

