Artículos Francisco Umbral

Preysler, todavía


Tensa de correcciones, devuelta a un asiatismo de juventud por el bisturí rejuvenecedor, Isabel Preysler, se aclara ahora de que el Tribunal Constitucional ha desestimado el recurso presentado por esta señora, confirmando así la sentencia del Supremo en el 98, que absolvía a Luis del Olmo y a Mariñas de un delito contra su honor. La dama se quejaba de que estos periodistas habían difundido radiofónicamente «sus técnicas amatorias», las de ella, y pedía cinco kilos. Por una parte está la fidelidad conyugal de Luis del Olmo, acreditada por quienes le conocemos largamente. Claro que también debo decir, mal que me pese, que en nuestra juventud Luis del Olmo ejercía ya tales técnicas amatorias que me quitó una novia. Por otro lado, mi querido Mariñas, tan vivido y sobrevivido, tiene sus estudios de mercado muy lejos de la contabilidad sexual y las lunas menstruales de la señora Preysler. Pero sobre todo debemos tener en cuenta que doña Isabel, tras unos años de tonteo y mariposeo por la vida española, ha sentado mucho la cabeza, y no sé por qué decimos siempre la cabeza, porque con lo que uno y una se sientan es con el culo, y los glúteos porcelanosa de la señora de Boyer hace mucho tiempo que no dan que hablar ni siquiera como metáfora de lo oriental que nos invade y que invadió mayormente la vida de su marido, que iba para superpresidente socialista, y miren cómo ha parado en el que le lleva las toallas a la playa a esa flor exótica madura como un fruto. Así pues, los jueces no han encontrado manera de que los periodistas pudieran conocer las técnicas amatorias de la exótica, ni siquiera esa técnica manual y como de gheisa con que pega baldosines cuando porcelanosa se lo manda. No conociendo ni de referencias las técnicas amatorias en cuestión, en lo que sí parece de acuerdo toda la prensa del género e incluso los salmones que lee el marido, es en que doña Isabel tiene «técnicas». De Carmina Ordóñez se comenta el roperío de hombres que se trae.De Mar Flores se picotean sus amores de ida y vuelta, pero de ninguna española se ha dicho nunca que tuviera «técnicas» en eso del flex. Se da por supuesto que la española es una zarzamora que va a lo que salga y siempre sale algo. Una improvisada del amor, una musa barroca que no guarda la línea ni guarda un secreto.Pero en cuanto llega una forastera, y más si tiene los ojos de restaurante chino, en seguida suponemos que lo suyo es la técnica y que la técnica, gran misterio, hace más feliz al hombre. Sí es cierto que la educación sexual en Estados Unidos, un suponer, da unas lolitas muy precoces y con más técnica que un fontanero, pero uno sigue prefiriendo, como todos los nacionales, la ventolera de la revolcona y siempre nos ha resultado como frígida la señora Preysler/todavía, con su maletín de técnicas, que parece una manicura a domicilio, si esto fuese verdad, que no lo es. Del Olmo y Mariñas han contribuido a difundir gratuitamente eso de las técnicas de la Preysler, y por ahí podría agarrarles lo penal si afinase más. A lo mejor la china es una fornarina en la cama que no deja muelle quieto, vaya usted a saber. Cada mujer es un misterio que todavía piensa en eso cuando el marido ya sólo piensa en la jubilación que le va a dejar Aznar.

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