Artículos Francisco Umbral

Jovellanos


Hace como un mes le dieron a Pedro J. Ramírez el premio Jovellanos un grupo de liberales y jovellanistas, entre los que vi a gentes tan gratas como Jiménez Blanco o Chueca Goitia. Seguidamente, en este periódico, Jiménez Losantos inicia una serie histórica, «Los nuestros», y arranca con Jovellanos. Juan Luis Cebrián, en su populosa entrada en la Academia ha hablado el domingo de Jovellanos, cuyo sillón ocupa ya, como académico. ¿Qué rayos pasa con Jovellanos? Jovellanos había sido siempre un escritor aburrido a cuyo prestigio contribuye la escasez de nombres que aporta nuestro siglo XVIII, el siglo que en España no existió. Feijoo, Jovellanos, todo ese rollamen. Unas cuantas candelillas deslumbradas por el Siglo de las Luces francés, europeo. La Ley Agraria de Jovellanos todavía no la hemos cumplido en profundidad, y en cuanto a su reforma de la enseñanza, que le pregunten a la ministra Aguirre, a ver si ella pone Jovellanos con be o con uve. De modo que Jovellanos nos queda grande y pequeño al mismo tiempo. Grande porque ni siquiera hemos sido capaces de realizar sus reformas, y pequeño porque el mundo y la Histoira ya le han dejado muy atrás. A mí me parece bien renunciar a la momia de Lenin, pero no a cambio de la momia de Jovellanos. Jovellanos es hoy una estantigua que se están disputando la derecha y la izquierda no sé por qué. O sí lo sé. La disputa es estupefaciente y barroca, y digo barroca en el sentido de artificial, vacía, hueca, innecesariamente abultada. Hablamos de Jovellanos por no hablar de otra cosa o metaforizamos en Jovellanos un moderantismo de izquierda/derecha que no es sino una clara y vergonzante regresión a modelos regeneracionistas que no comprometen a nada. Franco me parece que sacó alguna vez a Jovellanos en los billetes, con su melenita de ilustrado. Era un «rojo» bueno al que Franco podía perdonar y reconocer, como que nos lo explicaban en la escuela. En cuanto a jovellanismo, pues, nuestra posmodernidad no ha pasado a Franco por la derecha ni por la izquierda. Jovellanos no supo ver el europeísmo que traían los bonapartes, o le asustaba la revolución de las Luces. El que la figura a debatir, como modelo, confalonero y maestro, sea Jovellanos, nos da la medida de la cortedad de propósitos y la tibieza de intenciones que tienen nuestros políticos. ¿Y para esto hicimos una Santa Transición y una Movida? Si nos hubieran dicho que no íbamos hacia Berlinguer, sino hacia Jovellanos, querida Carmen Díez de Rivera. ¿Y para esto se jugó la vida y la próstata Adolfo Suárez legalizando el Partido Comunista? Tierno Galván, en sus famosos bandos, ironiza sin decirlo con la caricatura literaria y cívica de Jovellanos, que queda mucho más inteligente y divertida en nuestro gran alcalde. Nos estamos dedicando a meter en la horma a los grandes hombres del pasado, mientras tenemos en arresto domiciliario a los del presente. Jiménez Losantos le aliñó a Aznar un Azaña liberalconservador para servírselo en el Palace en bandeja de plata, como si Aznar fuera la Salambó de Flaubert. Y mientras tanto tenían ya en la horma a Jovellanos para seguir ilustrándonos a los españoles con un Museo de Cera como el de Colón, pero en peor, que ya es difícil. Ahora que Cebrián ha devuelto a Jovellanos a la Academia ¿quién es la nueva/vieja momia que tienen en la horma para seguir alejándonos del presente, de la realidad y de la reyerta? Si la izquierda y la derecha han elegido como capitán a Jovellanos, sin ponerse de acuerdo, es que efectivamente vuelve. ¿Y eso es todo lo que unos y otros tenían pensado para España? A no ser que Jovellanos sea sólo un convoluto.

Comparte este artículo: