Artículos Francisco Umbral

Perejil


Al alba y con tiempo duro salieron cinco helicópteros. Al alba y con tiempo duro esta tropa cervantina iba en aires de romance, en aires de su aventura. Dejemos hoy la cervantina prosa, dejemos a los sabios reporteros que desentiendan para siempre a España sin otra información que sus manómetros. La piedra otra vez sola, Perejil, erige en punta Europa su aventura. Estaban esas cabras de la nada que pastan siempre del revés del cielo, ramoneaban las cabras, todas negras, y los mares pitaban su tristeza, que la mano de España, lenta garra, había empuñado códices de piedra en la soberanía del silencio. El peñón Perejil tiene de España la erguida soledad tan cervantina. Vinieran moros de confuso trapo a bordar Perejil con su bandera, era la pingaleta de una boda profanando ese hueso hoy prestigioso.Perejil es la ruina de una España hundida entre batallas que no fueron, Perejil, hueso ilíaco, guerrero, del esqueleto fijo de un imperio. Almena solitaria del castillo que allí fue sueño y sombra, vieja España. España ha guerreado desde siempre por victorias así, piedra pelada, por los reinos inciertos y boreales.Desentienden a España, malentienden a España quienes hablan del César y el Imperio y del colonialismo fumandero. Reporteras francesas, muy redichas, burlan nuestra epopeya bombardera. A Felipe II se remiten porque creen que eso somos, estantiguas.Pero hubiera en Madrid, roca pelada, un trío de hombres sin sueño, funcionarios, inventando pasiones, cual Quijote, a partir de una piedra o de una cabra. Defiende su estantigua nuestra Patria y se hace una bandera de legajos y hasta pone el brochazo rojo y gualda donde sólo se juega una gran muela, la muela que es el grito del Derecho y la almena zumbante contra el mar. Así fue nuestra Historia, así la hicimos, de inventadas pasiones nacionales que llevamos a cabo a la del alba, señores del Derecho, ah caballeros de la Chancillería con enlutada fe hacia los mayores. Eso es una nación, esa pasión inútil, en Shakespeare y en Cervantes lo leemos. Los moros se inventaron una fe, un fanatismo y un orientalismo, mas nosotros hicimos ley y norma, erigimos un Código todo él capitular por servirle con hierros y con versos hasta hacerlo verdad y respetable. Isla de Perejil, castillo ciego, continente ganado a algunas nubes, imperio de la piedra y de la cabra, nuevo descubrimiento de la América. España siempre hubiera estas conquistas, caserones del aire con escudos, y hasta Doña Ana, castellana vieja, se vistió con el chal de Cachemira porque Isabel y Agustina y la de Portugal y todas ésas alentaban en ella pasión hembra. Perejil, grande gesta y fruto exiguo, hoy ilustras al mundo, gacetero, que aprenda a defender nuestra hidalguía contra el vecino infiel, que es más astuto. Entre leyes y peñas, como hidalgo, hemos dejado claro, por un tiempo, que España, esa entidad de sueños vagos, tiene leyes muy duras y hombres para servirlas y mujeres tan lúcidas como Juana la Loca, como Ana Palacio, el sueño de una noche de verano, el puño de Occidente, la alta roca. No hemos salvado nada, salvo el nombre, y así hemos ido haciendo nuestra Historia, toda causas perdidas con islotes de gloria. La del alba sería...

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