Artículos Francisco Umbral

El duelo


En España, por la parte de la Guardia Civil, un funcionario ha sido absuelto de malos tratos «porque no agredió a su pareja, sino al amante». Esta pequeña y confusa noticia supone para nosotros una revolución y una resolución en el tema de la violencia de género y de la violencia en general. El juez es un genio y además algo salomónico. Ahora que España está queriendo volver a ser ella, este señor juez ha encontrado una alternativa histórica, literaria y costumbrista a las parejas de tres. Porque ustedes recordarán que cuando en toda España surgía y se crispaba un triángulo amoroso, la cosa al final se resolvía en un duelo. La capa y la espada vienen del XVIII y el duelo se seculariza en el siglo XIX entre las clases burguesas y aristocráticas. Además de un ejemplo público, el duelo es un espectáculo gratis, un escarmiento para rondadores y una escuela de elegancias caballerosas. No comprende uno por qué aquellos duelos de nuestros antepasados, que tanto legitimaban la honra de nuestras abuelas, han sido sustituidos por la manía de pegarla a ella, a la abuelita, a quien fuese. Toda la literatura romántica sobre el duelo ha sido sustituida por una frase tecnocrática, «violencia de género», que no se entiende bien y no estimula nada las pasiones reprimidas entre hombres y mujeres. La violencia de género es una ordinariez y una especie de duelo hortera a puñetazos. Qué manía de pegar a las chais cuando tienen un capricho.Y eso que nos creemos más modernos, más educados y más caballeros. Esos delicados problemas sentimentales del alma ahora se resuelven con cuatro hostias, que siempre las recibe ella, porque es la que está más a mano. Pero era más justiciero y más elegante el duelo cuando en Madrid había algunos maestros de esgrima, como el maestro Afrodisio, a quien conoció hasta el 98, y eso que los del 98 eran poco duelistas, aparte el duelo a bastón que mantuvo Valle-Inclán por tema amoroso, naturalmente, y que le costó el brazo izquierdo. El duelo tenía algo de entierro romántico y algo de boda de la niña, que se quedaba en casa, ya atalajada, esperando al superviviente para contraer. Los duelos fueron ejemplo cívico y señorial en una sociedad alborotada como el Romanticismo. Uno cree que los duelos se los llevó la Guerra Civil, gran duelo nacional en todos los sentidos y pérdida de los pequeños grandes valores sociales. Esto nos está pasando con todo. La vida no se democratiza sino que se vulgariza y burocratiza, y ahora al duelo le ha sustituido esa incomprensible violencia de género, que es cosa de procuradores, pero que no arregla nada en cuanto a la honra de la hembra. El caso que comentamos está un poco confuso, pero el ejemplo queda ahí como una viñeta del pasado que reincorporamos por elegancia a nuestro presente tan violento y faltón. ¿Por qué se abolieron los duelos? Creo que fue mediante ley. ¿Han sido dignamente sustituidos por la horrenda violencia de género o sea zurrapa a la chai? En cuanto otro golpe islamista y ferroviario nos devuelva a la derecha, que es lo nuestro, habrá duelos por doña María Teresa Fernández de la Vega. Ahora que nos quieren desespañolizar, volvamos al españismo de izquierdas, que era el de Larra y el de Blanco White. O sea.

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