Artículos Francisco Umbral

César Antonio Molina


Por fin se da en España un golpe socialista, pero socialista de toda la vida, como los que daba Felipe González cuando estaba inventando otra vez el rojerío, los billaristas de Bellas Artes, las verbenas rojas de Penagos y todo el roperío candente de la II República. Por fin, digo, un golpe realmente de izquierdas en este Madrid vendido a las inmobiliarias y pariente de ETA. Pero a costa de qué. El presidente Zapatero ha sido la oportunidad mágica de Madrid, pero tenía prisa, demasiada prisa, y la sigue teniendo. Camilo José Cela a la prisa atolondrada la llamaba impaciencia. Zapatero se deja comer por la impaciencia y le vende una parcela de socialismo a cualquiera que frecuente el Bellas Artes, el Tamayo y los billares que sonaban antes en un silencio de marfil y luego en la risa cortesana de Manolito Alexandre, hasta posarse en César Antonio Molina, que es una cabeza rizada y romántica, poderosa y laureada de sí mismo. Ayer le han dado la laureada de ministro de Cultura. En la postguerra, la bodeguiya fue el Café Gijón, adonde iba una izquierda de Franco, porque de la otra no había. Después de varios años de iniciativa pictórica (contagio de la escuela correspondiente) a Bellas Artes iba yo con Chumy Chúmez, que era el rojo y el genio. Murió Chumy en su calle del Pez Austral y prolongamos su visita con César Antonio Molina, que ahora soporta su grandeza ministerial cuando estamos todos memorando al genio y yo me tomo un descafeinado. Bellas Artes es ahora un verbeneo de pintores exiliados como fue anteriormente el trono burocrático de los pintores abstractos, o sea la ruleta de Calvo Sotelo, los eternos billaristas y las cariátides de Penagos, que me han puesto una Biblioteca solemne en Sao Paulo y primero me tradujeron varios libros al portugués, que al alemán sólo traducen a Javier Marías. César Antonio es el amigo eternamente joven y suele venir por casa con el ilustradísimo Jorge Urrutia para proponerme aventuras hispanoamericanas, porque en esa encrucijada madrileña cruzar Alcalá es cruzar el Atlántico. Por fin ZP ha acertado con una movida que vale la pena para hacer ese cruce y pegar ese salto. Toda la política del presidente y sus tres ministros de Walt Disney tiene desde ahora un solo atractivo, que es llegar en marzo a las elecciones. Nos va a usar como política barriobajera y cine de barrio, como el que hace Carmen Sevilla el fin de semana. Siempre hemos pensado que nuestro chico socialista trabaja sólo a favor de la corriente, pero ha sabido elegir un ministro cultural de la basca y eso le prestigia ante la afición, porque a base de celuloide rancio español se han ganado muchas batallas, empezando por Locura de amor. Zapatero, el pilarista de izquierdas, ha repartido cartas y después del reparto el naipe queda así: tres ministros con tirón en la izquierda, tres ministros en un cayuco que navegan hacia el Central. La prensa admite que el jefe ha sabido navegar. Tres cariátides descotadas y un poeta. Mi amigo César Antonio se ha puesto la camisa de rayas. Sólo tiene ésa.

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