¿CÓMO CONOCISTE A UMBRAL


La Fundación Francisco Umbral junto con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Majadahonda, lanzarón esta iniciativa durante el primer confinamiento que sufrió toda España por causa del Covid 19.

Entre los meses de Marzo-Junio 2019 y experimentando este encierro, fueron muchas las personas que nos enviaron su historia. Todos ellas, valiosas, originales y emotivas. Unas de talla más literaria, otras, simplemente recogen una vivencia en tono coloquial y algunas acompañadas de fotografías que inmortalizan el momento o el sentimiento. Las iremos publicando mes a mes en nuestra web. Esperamos que disfrutéis de estas historias como nosotros lo hemos hecho. ¡Muchas gracias por participar y hacernos revivir a Umbral! .


Raúl Gómez

Aprovecharé este espacio para contar mi encuentro con Umbral en uno de los cursos de verano de El Escorial.

La primera vez que pude ver a Umbral de cerca, en ese julio escurialense, ya le llevaba yo leyendo años y le tenía en mi olimpo de los dioses literarios. En mi casa, yo solía decir: "Umbral es mi padre literario". Y mi padre, al oír esto, respondía: "¡¡Qué leches tu padre!! Tú solo tienes un solo padre. ¡¡Y soy yo!!".

Creo que fue el año del curso que dirigió con Mª Ángeles Grajal, Hombre lírico, hombre clínico. Andaba por allí un Alberto Portera al que yo no conocía por entonces, pero tuve el honor, el privilegio y la fortuna de conocer allí. Me trató como un alumno especial. No porque lo fuera, sino porque el especial él. En un momento dado de esa semana de curso, esperando para entrar al comedor, compartimos mesa y cerveza. Pasaba por allí Umbral y se sentó en la mesa llamado por el doctor. Yo creía que me moría del susto, de los nervios y de la emoción. Pidió un pincho de tortilla que no se comió y empezaron a hablar. Yo asistía en silencio y acomplejado a uno de los momentos culturales que más me han marcado en mi vida. Sin duda. Puede parecer exagerado pero aquella escena me resultó turbadora. A Umbral le acababan de dar el Premio Príncipe de Asturias y dio la casualidad de que, estando, charlando en esa mesa del Hotel Felipe II, una de las sedes de los cursos, apareció su majestad la Reina, doña Sofía, a la salida de un curso que acababa de inaugurar y se dirigía a la salida. Tenía que pasar la Reina delante de nuestra mesa y, al ver aquel alboroto de gente y distinguir entre los huecos que dejaba la multitud a la madre del príncipe de Asturias, Umbral pegó un brinco de la silla y exclamó.

- Hombre, voy a saludar a la Reina, ahora que me acaban de dar el premio de su hijo. 

La Reina, al ver a Umbral acercarse, paró toda la comitiva y se acercó a él para saludarle, muy atenta y agradecida. Al volver a la mesa, Umbral siguió hablando sobre la conversación que habíamos detenido, con una naturalidad que me dejó temblando de emoción.

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