¿CÓMO CONOCISTE A UMBRAL


La Fundación Francisco Umbral junto con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Majadahonda, lanzarón esta iniciativa durante el primer confinamiento que sufrió toda España por causa del Covid 19.

Entre los meses de Marzo-Junio 2019 y experimentando este encierro, fueron muchas las personas que nos enviaron su historia. Todos ellas, valiosas, originales y emotivas. Unas de talla más literaria, otras, simplemente recogen una vivencia en tono coloquial y algunas acompañadas de fotografías que inmortalizan el momento o el sentimiento. Las iremos publicando mes a mes en nuestra web. Esperamos que disfrutéis de estas historias como nosotros lo hemos hecho. ¡Muchas gracias por participar y hacernos revivir a Umbral! .


Eva Serrano

Editora Círculo de Tiza

Conocí a Umbral siendo muy joven. Fue un flechazo a primera vista cuando leí una columna suya a través de las páginas de los periódicos. España era un país muy distinto entonces, y yo también. La democracia asomaba tímidamente su grandeza entre una nación que no sabía aún muy bien qué hacer con ella. Umbral me abrió las ventanas a una realidad de la que sabía muy poco. A través de sus columnas fui entendiendo muchas cosas de las que hasta entonces solo se hablaba solo en voz baja. Comprendí cómo era la calle, qué ocurría en mi ciudad y en los círculos de poder donde todo estaba cambiando. La suya era una literatura de proximidad. A través de historias pequeñas, Francisco Umbral nos estaba descubriendo la Historia de España. La reciente, la inmediata. Pero también la sombra de lo que dejábamos atrás. Todo iba muy deprisa, el tiempo se medía de otra forma, vertiginoso, inmediato, ilusionado y a la vez cargado de miedo y de incertidumbre. Ganó la ilusión. Y Umbral era la luz que cada día, en la última página de un periódico de papel, ponía todo blanco sobre negro. Con su pluma mordaz, elegante, Umbral dibujaba un paisaje nuevo, a base de trazos finos y de provocación. Leerle cada mañana se convirtió en un santo y seña diario. Los que nos devorábamos sus columnas nos reconocíamos sin hablar. Los kioskos de prensa, hoy tristemente en extinción eran nuestros puntos de encuentro. Y los cafés nuestro salón común.

Fue él quien me inoculó el veneno del periodismo, esa ansia de tinta y verdad, a través de la cual tomé conciencia de asuntos que iban a marcar mi vida y que hasta entonces habían pasado desapercibidos ante mis ojos de adolescente acostumbrada a que, de ciertas cosas, simplemente no se hablaba.

Muchos años después, monté mi propio sello editorial, Círculo de Tiza. Mi intención era rescatar el periodismo literario, género olvidado por los grandes sellos y que en mi opinión cubría un hueco en un sector saturado de novelas y de ficción. La realidad me había parecido siempre mucho más apasionante que la ficción. Cerraba así un círculo y una deuda con quien me había abierto los ojos tantas décadas atrás.

Tenía claro que mi catálogo se abriría con Francisco Umbral y sus crónicas. Era el año 2015 y se cumplián cuarenta años desde la muerte de Francisco Franco -los mismos que había durado su larga dictadura- que abriría paso a ese milagro colectivo que llamamos “La Transición”. Para entonces ya había muchas voces que clamaban que el “Régimen del 78” estaba obsoleto. Las nuevas generaciones desconocían su historia reciente e ignoraban cuánto sacrificio y generosidad implicó para los grandes artífices de un pacto que selló casi cincuenta años de odio entre dos bandos que parecían irreconciliables. Pensé que, si ese momento mágico iba a ser enviado al trastero de la memoria, convenía rescatarlo antes de ser tragado por el agujero negro del olvido.
Mi amigo Juan Cruz me puso en contacto con María España, la viuda de Francisco Umbral. Nos acompañaba también Manuel Llorente, Director de la Sección de Cultura del Diario El Mundo, último medio en el que autor escribía sus columnas hasta el final de su vida. María España nos recibió en su casa con una generosidad que nunca podré agradecerle lo suficiente. Entre los recuerdos y los libros del salón, en el que destacaba la silla en la que tantas veces se fotografió, María España mostró un gran entusiasmo ante mi propuesta de reeditar las mejores columnas de su marido que rescataran los grandes momentos de La Transición. No quiso siquiera cobrar derechos por ello. Su única satisfacción, decía, era que la obra periodística de Umbral fuera de nuevo escuchada por los más jóvenes. Así nació “El tiempo reversible”.
La Fundación Francisco Umbral se puso a nuestra disposición y nos facilitó los archivos. Una cantidad ingente de columnas digitalizadas, de las que tuve que seleccionar aquellas que representaran a los personajes más icónicos de aquel momento. Fue un trabajo muy duro porque todas eran –y son- excelentes, pero que la brevedad imprescindible de un libro, obligaban a limar y reducir.

Por las páginas de esta obra desfilan desde Adolfo Suárez a Ramoncín, Mario Conde, Lola Flores, Felipe González, Alaska, las actrices del destape o los padres de la Constitución. Una amalgama de seres distantes y distintos que solo ese tiempo mágico y raro y la mirada agudísima de Francisco Umbral podía aunar de manera natural. Porque él lo que contaba era la vida, la maravillosa y contradictoria y sorprendente y vibrante vida de una España recién estrenada.
Muchas de esas columnas cobran hoy una importancia casi premonitoria y son tan actuales que resulta imposible imaginar que fueron escritas hace más de tres décadas. Porque esa es una de las cualidades de los genios: entender que lo esencial, lo verdaderamente relevante, no cambia. Saber de manera intuitiva que el tiempo es circular y que las claves de nuestro destino, nuestras aspiraciones, lo bueno y lo malo que esconde cada ser humano son siempre las mismas. No en vano en la cubierta de mi primer y único libre de Francisco Umbral decidí incluir este texto literal de una de sus columnas que se explica por sí misma:

(…) Estamos en la democracia del subsidio, pero a las mocedades,
muy lejos de esto, se levantan pidiendo al Gobierno todo y nada.
O sea, imaginación.
Francisco Umbral, 19 noviembre 1993

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