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EL ARTÍCULO [del día] 18-11-1990, EL MUNDO
La chatarra
CARROS excedentes de la OTAN servirán para la renovación del Ejército. A su vez, la policía represiva marroquí prevé utilizar material antidisturbios español. Como predijera cualquier postmarxista, la lucha de clases se ha trasladado a la lucha de pueblos. Había que pegar carteles, hacer campaña, darle una cena a Reagan en el Palacio de Oriente (a la que no acudió Tierno Galván), había que crear ambiente OTAN, y los llamados a crearlo eran los viejos muchachos antiotanistas a cuadros, o sea Felipe, Guerra y sus cien mil hijos de San Luis. Había que ganar el referéndum y conseguir una adhesión de los intelectuales, que estaban, hombre, como reacios. Un día Felipe llamó a un presocrático de la bodeguiya y se lo dijo: - ¿Es que aquí no hay intelectuales otanistas con un par? Y al día siguiente salía un manifiesto firmado hasta por el insumiso Ferlosio, diciendo que la OTAN era muy bonita. A alguien le costó el sobre, pero eso parece que da igual. De modo y manera que entramos en la OTAN, que iba a suponer nuestra integración en el 2000 y el paso de la cultura militar de Tejero a la cultura militar de Eisenhower (heredada). Pero «andan días iguales persiguiéndose», como dijo Neruda, y hoy resulta que los carros blindados excedentes de la OTAN, o sea la gloriosa chatarra, pueden servir, coño, para la renovación del Ejército español. Son conmovedores los esfuerzos y duermevelas de nuestro primer ministro por metemos en los organismos internacionales, bien sean económicos o militares, del trapicheo o de la muerte, los afanes por hacer a España soluble en Occidente cuando Occidente está putrefaccionado de mantequilla rancia y proyecto militar sin enemigo. Son y resultan conmovedores estos esfuerzos del líder entre líderes, del primus inter pares que no sabe latín, o lo ha olvidado, como la letra de «La internacional», hombre, cuando la respuesta otánica consiste en armarnos hasta los dientes empastados con los carros blindados y viejos, de un modelo que ya no se lleva en las guerras, de la OTAN. Nuestro patriotismo otánico nos lo pagan en chatarra. Pero aquí les reservo a ustedes la noticia que es «nido de consolación», como dicen los sefarditas, en su viejo español de Toledo. Y esta noticia, tomada de este mismo papel, es que la policía represiva marroquí prevé utilizar material antidisturbios español. El que nos sobra, claro, por excedente o por viejo. Con este material español va a masacrar el ambivalente Hussein II a «los legendarios niños saharauis», como dice mi maestro Ramón Tamames, a despecho de los pactos que González tiene con el Polisario, y que se le han traspapelado, coño. Tal que ayer se lo decía yo a los chicos y chicas (compactas y adorables) que estudian en El Escorial, en «el jardín de los frailes» que posterizó don Manuel, bajo la piedra lírica cantada por Ortega: «Ni, Cristo ni Marx han muerto, porque jamás han sido aplicados». Quienes se desprestigian son Wojtyla y Breznev. Sólo que de la lucha de clases el diálogo Norte/Sur pasa a la lucha de países y razas. La OTAN nos vende la chatarra mellada de masacrar nicaragüenses (no olvidemos el The End Felipe/Violeta, con castas manitas), y nosotros vendemos a Marruecos (lo que Franco llamaba, más , literariamente, «el Oranesado») nuestra chatarra sobrante, mellada de masacrar psicológicamente estudiantes, sindicatas, artesanos de Santa Ana, proletas y presos amotinados. Estamos condenados a hacer una guerra de segunda mano, como Hassan II a matar de reventa. La lucha de clases, ya digo, es hoy una cualificación de países: nosotros estamos en la mesocracia galdosiana de toda la vida. Somos ya los chatarreros y lañadores de la OTAN.


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