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EL ARTÍCULO [del día] 04-05-1998, EL MUNDO
El europoldo
No me pregunten ustedes por qué le llamo europoldo, porque no lo sé. Me ha salido ahora por casualidad. No me preguntes, Manuel Hidalgo, porque no lo sé. Quizá es que la cosa viene de Bélgica, quizá es que los belgas tuvieron algún rey llamado Leopoldo (tengo que preguntarle a Cristina Rennotte, que es de aquella parte). Sólo sé que el europoldo nos va a dejar los ahorros en calderilla, nos parte la hucha/cerdito por la mitad. Luego te pones a hacer números y en realidad nos quedamos lo mismo. El dinero no tiene más que un valor simbólico. El dinero es la voluntad de los hombres y el europoldo parece que ha nacido de unos hombres de buena voluntad reunidos en la ciudad más aburrida de Europa. Cuando los políticos se aburren, se inventan estas cosas. O una guerra. Ahora les ha dado por la numismática. Otras veces les da por la balística. Pero ya digo que el dinero no es sino la voluntad de los hombres. Una metáfora del poder. ¿Va a nacer de ahí la verdadera unidad de Europa? En la unidad de Europa el último que creyó fue Madariaga, que huyó de Franco para caer en De Gaulle, hay que joderse. No soy un escéptico del europoldo. Sólo quisiera advertir una obviedad, como siempre (sólo que algunas de mis obviedades se cumplen). Quiero decir que el europoldo es sólo la metáfora de una Europa unida y bien llevada, y no la sortijita o monedita mágica que colgándotela del cuello te hace eurofeliz. El hombre tiende a confundir el símbolo de la cosa con la cosa misma. El fin con la herramienta. Y el europoldo no es más que una herramienta. Vamos a ver cómo está la Europa del europoldo: En Alemania crecen los nazis por días, y cada día están más altos. Encima son unos nazis de mala calidad, sin ideología, sin mística, sin el dandismo sanguinario de los nazis de Hitler. Como decía Ruano contándonos la Europa de los años 40: «Y todo por un bigotito». Los nacifascistas de ahora no tienen ideología, libros, ideales. Han nacido para echar de Alemania a los inmigrantes y trabajadores del Tercer Mundo. Lo suyo no es un tema histórico, con la grandeza inversa de sus padres/abuelos. Lo suyo sólo es un tema laboral que se lo habría arreglado cualquier sindicato sin sacar las máscaras antigás de la guerra del 14. O puede ser, a la inversa, que el fascismo lo lleven en un gen y los inmigrantes sólo sean el factor desencadenante, la disculpa. En Inglaterra, Tony Blair hace laborismo, pero el gran mandarín de Europa -como le dije personalmente-, o sea Kohl, se va cada vez más a la derecha y, como dice Jesús Cacho, lo de los tantos por ciento lo va a seguir decidiendo el Banco ése de la cosa. Me lo contaba anoche en una cena. En París, Le Pen contrata animadoras de buen muslamen para cantar La Marsellesa. Jospin ha tenido que tomarse la píldora ereccional para poner firmes a la ultraderecha. Y aquí está el trirreme socialista: Blair, Jospin, Borrell. Sólo que el europoldo lo han acuñado gente de derechas. Suecia nos llena de mierda Doñana y Francia es el violador del Ensanche que tiene en un grito a Loyola de Palacio, si Loyola no fuese tan lanzada. Nuestras fresas, nuestras aceitunas, nuestras naranjas son nuestro verdadero euro, la moneda natural de la que nació la permuta, aquella manera feliz de entenderse los pueblos. Pero el europoldo viene a anular estos valores naturales, inocentes y roussonianos, en función de una homogeneidad meramente nominal y bancaria. El europoldo será bueno si usamos bien de él, y a la viceversa. Lo que no es el europoldo, desde luego, es la sortijita de Blancanieves, por poner una spice girl tan vieja y bella como Europa.


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