[ACTUALIDAD]
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EL ARTÍCULO [del día] 25-09-1997, EL MUNDO
Guerra y guerrismo
Coincidiendo con el juicio de Filesa, Alfonso Guerra ha presentado un libro, yo creo que deliberadamente. La democracia herida. En este libro, Guerra cita a Albert Camus y hace suya la teoría de que la paz y la justicia no se encuentran olvidando lo que sabemos, renunciando al progreso maléfico, sino asimilándolo. Tenemos que convivir ya con nuestro futuro. Cuando un político escribe un libro suele ser porque está de más como político. A Guerra le convenía esta pausa para profundizar un poco su pensamiento, que es el de un socialista nada fanático, pero muy crítico, de finales del siglo XX. Para Guerra estamos en una democracia que yo llamaría bífida: por un lado la «dictadura democrática» que atribuye al Gobierno y por otro la democracia posliberal, que parece ser su postulado. En la presentación de la obra -Círculo de Bellas Artes-, todo el guerrismo intelectual de Madrid: Peces Barba, Nicolás Redondo, Santiago Carrillo, Rodríguez Ibarra, Fernando Morán, José María Benegas o Enrique Múgica. El señor Guerra tuvo una época montesina, la de los descamisados, los insultos a Suárez y el apogeo/perigeo de Filesa. Hoy, de cerca, parece un socialista europeo, casi un laborista inglés. Claro que, por contraste con el Gobierno de Aznar, su imagen y su palabra se crispan y dramatizan un poco. Pero lo que hay, sobre todo, es una curiosa escisión entre Guerra y el guerrismo de la escuela cacereña, digamos. Siempre que un hombre se convierte en «ismo», ocurre que los ismos van por delante de él, le sobrepasan, le exageran, le deforman. Así, la corriente interna del guerrismo en Ferraz me parece a mí que tiene poco que ver con este político templado, desencantado, agudo pero cauto, que es hoy AG. Lo que nuestro hombre predica en su libro -el tono no es de predicación, empero- nos parece, ya digo, un socialismo más de Estocolmo que de Puerto Hurraco, como le dijeron una vez. Lo que impide a Guerra hacer una política o una teoría que fuese puro socialismo/2000 es, como siempre, Felipe González. González, entre puteal y puteal -un chiste como de La Corte del Faraón-, predica izquierda mientras sigue adicto al proyecto eurocapitalista de Kohl (ahora con menos protagonismo, ay). Guerra, en cambio, quisiera aproximarse a los modernos socialismos europeos, es un político camusiano y por eso vale decir aquí que entre la justicia y su madre siempre se decidiría por su madre, entendiendo por la madre el humanismo, las humanidades y hasta el humanitarismo. Lejos, pues, de los socialismos calientes y vindicativos del siglo pasado. Entre el fatal/liberalismo de Aznar/Rato y el germanismo apasionado de Glez. -germanismo que ha pegado un parón, por cierto-, Guerra ha ido acercando su socialismo a la realidad confortable y democrática de los países nórdicos y de algunos pensadores norteamericanos. Está más razonable que su antiguo jefe. AG le hizo una presentación violenta a un libro que no lo es y que se lee como está escrito: con sosiego. Esta violencia viene justificada por la actuación del Gobierno, que a Guerra no le gusta ni debe gustarle, pues alguien ha de hacer leal oposición, ya que el señor Almunia no la hace o la hace para su chaleco. Con la mala situación del PSOE han aparecido a trasflor otras corrientes socialistas como el guerrismo. O crece o muere. Guerra y los intelectuales del cóctel van con la historia, pero González va con la moda, y una moda siempre puede más que una verdad.


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