[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 08-10-1995, EL MUNDO
Los escaños
El pasado jueves ha llegado nuestro parlamentarismo a su punto sin retorno. Felipe González, abandonado de los parlamentarios, dijo que aquello le recordaba una asamblea de Facultad. Algo de colegial tenía el gesto de los diputados que se iban con enfado, pero no era sólo la derecha, sino las plurales izquierdas. Glez. ha conseguido vaciar de diputados el Congreso, un éxito inverso, como ha conseguido vaciar de contenidos la democracia. Esto último es lo que representaban los escaños vacíos. Y Glez. se quedó solo y quieto, viendo cómo la muchedumbre de escaños vacíos avanzaba hacia él, a la manera shakesperiana en que el bosque avanza hacia Macbeth. Esa unanimidad de las cosas quietas era espantable. Por primera vez tiene nuestro presidente la imagen visual, directa, del vacío que ha creado en torno, de lo solo que está. Le han dejado en una oquedad donde las palabras resonaban a funeral. La adhesión adversa de las butacas vacías tenía una grandeza cinematográfica que es la que tiene la vida, la naturaleza, cuando se pone a imitar a Kafka, a Orson Welles, a Antonioni, a todos los maestros que han metaforizado el horror del vacío y el horror al vacío. De la derecha dice que lo que quiere es gobernar, pero las plurales izquierdas, como digo, se encuentran muy lejos de eso, y lo único que quieren, de momento, es cuidar su conducta (manías de la izquierda, ya se sabe). A Felipe, el jueves, le enseñaron eso que él tanto invoca: le enseñaron a irse con honor. La piscina se quedó sin agua parlamentaria, el viejo balneario de las palabras se quedó mudo y en seco. FG vivió una soledad como la de Luis de Baviera. Si eso no le ha hecho meditar, reflexionar sobre sí mismo, es que está definitivamente infartado de poder. Pero los políticos no piensan, sino que planean. Sólo planean. El pensamiento político no es dialéctico, sino solamente táctico. En la serie de Victoria Prego sobre la transición (cuyo vídeo se está vendiendo como pan frito: al fin los españoles compran otra cosa que videoclips y premios), va quedando objetivamente claro que la democracia la trajeron Fernández Miranda, el Rey, Adolfo Suárez, y hasta Carrillo. Esta serie ha estado secuestrada tres años, sin duda porque a Glez. no le gustaba recordar al pueblo que la transición no la hizo él ni la democracia la trajo él, que es el reduccionismo histórico que siempre nos ha vendido, como si entre Franco y el PSOE no hubiese pasado nada, en siete populosos y peligrosos años. Pero incluso esta democracia suya, pactada con los Bancos y los alemanes (el PSOE era la única izquierda vendible electoralmente), se la ha ido cargando él mismo, la ha ido erosionando con su tortuosa y torticera política de bajos fondos reservados. Hoy el Gobierno y el partido son dos torres que se inclinan una contra la otra, como las torres KIO. Nuestra democracia se ha ido desertizando y la fascinación de la palabra del jefe, que ha durado tantos años, se rompió el jueves, como una sesión de espiritismo de la que todos han despertado de pronto, dejando sola a la echadora de cartas. Antes, el que no comparecía era el presidente. Ahora que el presidente está «expuesto», como el Santísimo Sacramento, son las Cortes las que no comparecen. Una marea de escaños vacíos avanza hacia él. Ha desarbolado las zonas industriales según le mandaba Alemania, y ahora está desarbolando los astilleros de la palabra y la idea, ese viejo astillero del Parlamento, donde se fletan las grandes ideas y los grandes proyectos, como majestuosos buques hacia las procelas de la democracia. Con ocultaciones, silencios y sofismas ya no se llena ese teatro, señor presidente.


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