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Fallo del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2013. El pasado martes 4 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca Francisco Umbral de Majadahonda el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2013 a Rafael Chirbes, por su libro En la orilla, editado por Anagrama. El premio, que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, fue entregado ...
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EL ARTÍCULO [del día] 15-11-2002, EL MUNDO
Boyer y ella
Emergía de un mundo de clase media ilustrada. Así, Elena Soriano, escritora singular, así el señor Arnedo y la primera esposa de Miguel Boyer, siempre con una cartera llena de sabidurías y papel timbrado. Emergía Miguel Boyer de una izquierda burguesa y serena que iba sobreviviendo al franquismo y moviéndose en círculos restringidos de ideación y proyecto. Hasta que la mano inspirada de Felipe González le llevó al partido, le llevó a un ministerio y le dejó en el filo de los rumores que le opinaban de sucesor para el futuro. Es cuando la vida de Miguel Boyer pasa del alto funcionario al ministro efectivo, cuando su nombre y su apellido ilustran los periódicos y entra en el mundo de la conspiración suntuosa y el socialismo con marquesas. Ahí conoce a Isabel Preysler y la peli cambia de rollo. Ya instalado en las extensiones del poder y el huecograbado del amor, su incautación de Rumasa es un episodio de cine mudo a gritos, donde Ruiz-Mateos pierde la razón por tener demasiada.La expropiación de las Torres fue algo parecido a lo que luego hemos visto, virtualmente, en las Torres de Nueva York. Eligieron al empresario más amateur para dar un golpe de mano y de efecto que nos hizo creer a muchos que el socialismo había venido de verdad, en plan fáctico, y que cualquier día iban a incautar el Museo del Prado o el Monasterio de Escorial. Lo peor fue que luego no supieron hacer la devolución, salvo el fino detalle del señor Boyer de regalarle a su oriental una empresa como un ramo de flores. Ahora, las Torres le crecían a Rumasa hacia abajo, como unos rascacielos bajo tierra, y el golpe de efecto no se repitió hasta la incautación de Banesto, cuando la gomina y los fijativos de Mario Conde lucían como charol en mitad de la reyerta. Con estos acaecimientos, Boyer pasó por el Banco Exterior, donde había lucido mucho más Fernández Ordóñez. Boyer se limitó a editar al dibujante Eguillor, un genio para amigos. Pero el Banco Exterior, evidentemente, no suponía un paso hacia la presidencia sino un descenso hacia la burocracia felipista. Boyer inicia su retirada de la política y se envuelve más en lo suyo, que es el dinero puro y duro, con su temblor de monedas y su eco sombrío de pelotazos.Los Albertos, los Cortina, los Griñón, los Abelló, los dueños reales de la pastizara dieron el semblante y supimos de qué iba España. Boyer devuelve el carné del partido, con grapa y todo, y se nos pierde en las brisas de fantasmales yates y en los modelazos de su bellezón de esposa, cobrando sueldos indecibles por gestiones invisibles. Mas he aquí que ahora Aznar le rescata de la porcelanosa, el Hola y ese anonimato que son los millones para incorporarle como patrono a la Fundación FAES, nata floreada de una derecha decidida y selecta que va a hacer las veces de Estado español bajo la austeridad de Aznar y las oraciones de Popper. Boyer, socialista de clase media y luego socialista adelfinado, se pone el esmoquin sobre el bañador para hacerse la foto del despotismo ilustrado junto al presidente. Aznar ha sabido repescar los viejos sepulcros y los plateados delfines que hicieron empresariales. Boyer puede dar mucho juego. Si la china le deja.


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