Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015

Ayer lunes 9 de mayo de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015 a J.M. Caballero Bonald, por su libro Desaprendizajes. El premio, que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, fue entregado por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, España Suárez, presidenta de la Fundación Francisco Umbral, y el el ...
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EL ARTÍCULO [del día] 10-06-2005, EL MUNDO
Ríos de España
«Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo», escribió García Lorca. Toda nuestra reseca biografía fluvial está habitada de caminos, los caminos del agua que llenan España de cielo.Pero ahora tenemos que la sequía reduce a la mitad el caudal de los ríos. En España no ha llovido, en España ya no llueve, entramos en el verano más seco desde los sequizos 40. Las reservas de los embalses alguien se las ha bebido. Eramos nuestros embalses, esos lagos políticos que sirvieron para apagar la sed de España en los años realmente sedientos de la posguerra. Grandes ríos con buen cauce han descendido a la mitad de sus multitudes de agua. El Tajo, donde se templaban espadas, ahora es un río de barro. Los regantes pierden mucho dinero, pero aunque lo pierden en euros eso no les consuela. El Ebro está algo así como al 70%. Entre los ríos castellanos, el más corpulento y fiel sigue siendo el Duero, que también ha perdido. Ríos de España, caminos de una sed milenaria. El río siempre ha sido, a más de imprescindible para los españoles, un motivo lírico de primer orden. Los ríos están en los clásicos para maldecirlos o bendecirlos, pero hubo una época particularmente sedienta, ya lo hemos dicho, que fue la posguerra civil, dando lugar a una escuela poética que se llamó socialrealismo. España, para aquellos poetas, era una Virgen y mártir, y los ríos equivalían a los cuchillos que tiemblan en el pecho de esas Vírgenes. Todo esto acabó resultando un poco tópico, pero, si no era buena poesía, por lo menos era buena estadística: quiero decir que leyendo ahora aquellos libros tenemos las estadísticas poéticas de la sed en España cuando no hay una buena política fluvial y de regadío. Los poetas atendían más a la metáfora que a la estadística. Hoy, en cambio, la nueva poesía es más ciudadana que cívica y sólo habla de los ríos que no pasan por España, como el Don apacible y el Danubio azul. Quiere decirse que la realidad ya no es un motivo para cantar, y esto pudiera explicar también la sequía de nuestros poetas, que no alumbra ningún García Lorca. Efectivamente, los dos ríos de Granada ya no bajan de la nieve al trigo, porque este año ha nevado poco, según los hombres del tiempo, y en cuanto al trigo, bien podemos decir que se ha secado. El libro de poemas contiene tanta información sobre la realidad y el presente como el periódico del día. Hay que saber leer una cosa y la otra. Vivimos una democracia compleja, con dos etapas socialistas. En esta segunda etapa parece como que vuelve o amaga Alfonso Guerra. Guerra fue el primer río seco de nuestra Transición, lo que yo he llamado la Santa Transición. Nos ocupan y preocupan mucho los matrimonios gays, que no son sino ríos secos y tienen que recurrir a las desaladoras, pero éste es un socialismo con más promesas que recursos. Estamos en la orgía de las palabras y en la sequía de los ríos. Un verdadero socialismo principia por abrir las puertas y toriles del agua para que la gente beba, cante y se lave los pies. «Duran las cosas sencillas, su vivir triste y honrado, dura el paso sosegado del Duero por Tordesillas». Ah los poetas.


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