[ACTUALIDAD]
Exposición fotográfica “Francisco Umbral, libro a libro”. Con motivo de la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de exposiciones, entre el 16 de octubre y hasta el 14 de noviembre de 2018, y como clausura académica, el Grupo de Investigación Comunicación, Poética y Retórica (CPyR) de la UAM , el Departamento de Lingüística ...
[RECIENTES]
Ayer jueves 10 de mayo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del ...
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El jueves 14 de junio, la editorial Renacimiento y la Fundación Francisco Umbral presentaron el libro Treinta cuentos y ...
EL ARTÍCULO [del día] 09-11-1999, EL MUNDO
Turismo sexual
Juan Pablo II, en su visita a la India, ha denunciado el turismo sexual en Asia. Aunque ha sido fríamente recibido en aquel mundo populoso de religiones, el Papa ha estado, más que nunca y que en ningún sitio, pegado a la realidad y la actualidad. Así, su condena del turismo sexual en Asia. He aquí una forma de colonialismo/esclavismo en la que Occidente está incurriendo con penoso alarde. Toda Europa -también España- se ha rebozado en el albañal lúbrico de los masajes tailandeses, o ha recurrido a la prostitución de la que viven aquellos países, donde están en venta, por hambre, desde la hija de diez años hasta el padre de familia. Colonialismo sexual, sí, que nos permite un comercio de limo y mierda con el Tercer y Cuarto mundos, con lo que somos tan culpables como las grandes potencias que mantienen esas áreas como fuera de la tierra. Una Europa degerescente y viciosilla, pero muy democrática, eso sí, y muy ilustrada, se aprovecha de la oferta de carne de menores. Estamos ayudando al hambre de aquellos países con un dinero que para nosotros es calderilla, y a cambio del cual disfrutamos la lepra sexual del inframundo. Esta colonización es la que ha denunciado el Papa con muy claras palabras en el texto final del pasado Sínodo sobre Asia. Esclavismo sexual. Esa gente está entregando su infancia o su honra adulta a la salacidad de unos europeos y unas europeas cuyo cansancio físico e ideológico, que toma la forma del cinismo, les lleva a buscar placer en el dolor de las razas olvidadas. Hemos convertido Asia en un inmenso lenocinio, pero es que además aquí la cosa resulta de buen gusto, esnob, y se comenta en las cenas como antes se comentaba un safari. Safari de seres humanos es lo que está haciendo nuestra concupiscencia de blancos febles. Como no somos capaces de un amor fuerte y sincero entre nosotros, a favor de las libertades nominales que nos trae la democracia, hemos de recurrir a esa nueva esclavitud sexual de la que disfrutamos gracias al euro, el dólar o la peseta. Las dominicanas o los tailandeses son para nosotros un capricho, una aventura, un aterrador signo de impotencia y una cosa graciosa para contar de vuelta a las amistades. Nuestras democracias no son un modelo, pero son democracias. Mas tienen su mitad oscura en esta evasión hacia los paraísos naturales, que no son ya los de Gauguin, sencillos y matinales, sino que están comercializados por las mafias que toda democracia lleva detrás como familia numerosa. El Papa ha acertado contra una de las más inconfesables verdades de nuestra progresía (pues resulta que vivir y contar eso queda muy progre). Más de una vez me han invitado al turismo sexual en La Habana o en Tailandia o en el fin sucio del mundo. No, gracias. Uno sabe buscárselo por sí mismo, todavía, con sentido de la libertad y respeto de los cuerpos. No quiero acabar mi vida de esclavista, de colonialista o de turista lamerón con la lila colgandera. Ustedes disimulen lo fétido del tema. Uno no acostumbra a llenar los periódicos de mierda. Pero ya ven que el Papa no se ha cortado un pelo, y no vamos a ser menos que el Papa. Mañana será otro día.


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