Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015

Ayer lunes 9 de mayo de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015 a J.M. Caballero Bonald, por su libro Desaprendizajes. El premio, que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, fue entregado por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, España Suárez, presidenta de la Fundación Francisco Umbral, y el el ...
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EL ARTÍCULO [del día] 27-02-1999, EL MUNDO
Matutes pone faltas
Si ya os lo había dicho yo, hombre, que éstos no son de Letras. Y ahora resulta que Matutes pone faltas. Pero muchísimas faltas. Rafael Estrella, portavoz de Exteriores del PSOE, ha escrito a Matutes para expresarle personalmente su gran preocupación por «la cantidad de errores gramaticales, faltas de sintaxis y ortografía», que contiene su último documento, y supongo que no sólo el último. En un diplomático es más grave una hache fuera de sitio que una mentira -otra más- sobre Gibraltar. La gramática es la honradez de la diplomacia, como dijo el clásico que el dibujo es la honradez de la pintura. Pero Matutes viene de la isla, ha sido patatero, es un negociador de almacén y va estirando su salud y su biografía. Lo que no parece que estire nada es su cultura, y las faltas contra la gramática son más graves en un embajador que en cualquier otra persona, pues en el vulgo denotan ignorancia, pero en la diplomacia valen por una mentira. ¿Cómo puede estar persuadido un Canciller de un adjetivo o un verbo que no sabe cómo se escribe? Por la gramática subconsciente sabemos que el que comete faltas está cometiendo falacias. Tenemos un ex ministro que mete en el fútbol la bota de vino y un ministro de Exteriores que pone faltas de ortografía. Esto parece la España de Cecilio Pla. El citado documento, malherido de haches y jotas amotinadas, revela asimismo que el papel no ha pasado por otras manos -y para esto tanto ayudante de Embajada- o que ha pasado por manos y por ojos igualmente ágrafos. La máxima condecoración de un diplomático es la ortografía, y Matutes, que no es de la carrera y está ahí con permiso del cura de su pueblo, se conoce que con los años ha olvidado las cuatro reglas o nunca las supo. Un documento diplomático con faltas es peor que un documento con mentiras, pues las mentiras ya se le suponen a todo documento -si no, no sería diplomático-, pero las haches y las uves bien puestas, así como la concordancia y construcción, son el entorchado que avala la legitimidad de lo que se dice o se miente. Lo único que salva al ladrón son las buenas maneras y lo único que salva al diplomático es la buena ortografía. En una carrera hecha para mentir deliciosamente, fingir airosamente y jugar con los tópicos, lo único que se le puede pedir al señor embajador es que al menos mienta con gracia, finja con ortografía y conozca la concordancia y construcción de su idioma, ya que los idiomas extranjeros se supone que los maneja siempre con más soltura que entendimiento y con más confusión y simpatía que un conserje de hotel. El señor Matutes, enviando nada menos que al Gobierno británico una carta que es un engendro, se ha ganado una vez más ese retiro que piadosamente le espera. Si la carta está en español, Matutes debiera volverse a la isla de la que nunca debió salir. Si la carta está en inglés, Matutes el discotequero, al que no pedimos idiomas, cree que tiene una secretaria con don de lenguas y no tiene ni siquiera una Lewinsky. Siempre nos pareció una equivocación el nombramiento de Matutes. Creíamos que iba a fallar por las grandes palabras. Peor aún: ha fallado por los adverbios.


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