[ACTUALIDAD]
Reedición de "Diario de un escritor Burgués". Ya ha salido a la venta la reedición de Diario de un escritor burgués. Es un año en la vida De Francisco Umbral en forma de diario íntimo. Publicado por primera vez en 1979, es un cuaderno completo de un año en la vida del escritor. Introspección, intimismo, crónica literaria y política de la España de la ...
[RECIENTES]
Se celebró con gran acogida de estudiantes la mesa redonda “La pervivencia de Francisco Umbral” en la UCM con motivo de ...
Continua el tour que la exposición fotográfica “Francisco Umbral, libro a libro” promovida por la Fundación Francisco ...
Como colofón a la exposición “Francisco Umbral, libro a libro” que se está celebrando en la UAM, en la Sala de ...
EL ARTÍCULO [del día] 08-02-1995, EL MUNDO
Los rojos
Y mientras el señor Vera hace malabares, circo y fieras, y mientras Carmen Romero se cambia de casa, y mientras Aznar y Pujol pierden el tiempo comprobando que a los dos les interesa perder el tiempo, y mientras tanto, digo, ¿qué hace la izquierda? La izquierda real, factual, de clase, eran hasta hace un año (la última huelga general) los dos poderosos sindicatos obreros, bajo el napoleonismo socialista de Nicolás Redondo, más la teología de la liberación que nos trae Julio Anguita y el fervor civil de todos los adheridos al PCE, un comunismo de Simago, testimonial y ejemplar, que ponía las masas en la calle, como el estampillado histórico de la revolución pendiente. Pero el Gobierno le urdió a Redondo el cepo de la PSV, metiendo luego de secretario general a un hombre de Felipe González, con lo que la UGT, en un año, éstas, Fabio, ay dolor, que ves ahora, se ha quedado en un local del barrio para que jueguen al dominó los jubilatas y otros tarretes. Antonio Gutiérrez, el hombre joven de la media voz, parece que nunca tuvo las cosas muy claras, como todo el que habla sin voluntad de decir nada, y ahora el señor Cuevas los saca a todos de paseo, sindicalistas y empresarios, por el centro de Madrid, y hasta les lleva al little Manhattan para que vean lo alto y crecido que está el capitalismo en España. Son unos paseos muy instructivos, una lección de cosas en la que los curratas van aprendiendo que la plusvalía es el Espíritu Santo del dinero y que los empresarios y patronos gastan chistera para distinguirse del proletariat, que va de boina, porque si no a ver en qué se iba a notar la diferencia y quiénes son los ricos. Todos de boina sería demagógico y todos de chistera sería una película de Fred Astaire. Los comunistas, o sea, quieren otro sindicato, porque Gutiérrez está con la astenia primaveral y no sabe si por fin hacerse rojo, ahora que ya es un hombre, o presentarse al premio Loewe de poesía, que es el más fino. El PCE ha comenzado a crear agrupaciones de partido en los centros de trabajo y plataformas parasindicales. Los comunistas creen que Gutiérrez colabora con el PSOE. La frase fácil, ahora, sería decir que «la izquierda se mueve». Bien, pues aunque sea una frase fácil, impropia de uno, venturosamente es verdad. La ministra de Cultura me da besos en los estrenos, pero no me manda a París con beca, como a otros, ahora que el socialismo francés parece que ha pegado un bote de lanza y me gustaría a mí codearme un poco, cambiar impresiones con ellos, o sea. Mi viejo tronco Julián Ariza anda enredando entre CCOO y el PSOE, va a acabar siendo casa con dos puertas, mala de guardar, pero yo todavía recuerdo sus camisas de cuadros, su rojerío de bien, el aura de comunista macho que tenía. Nicolás Sartorius, el Lampedusa de la izquierda, un retrato de dandy sobre fondo rojo, anda lampasado de silencios, hidalguías, miedos e indiferencias. Lástima de aristócrata de la Revolución, que siempre estuvo racionalmente del lado de la guillotina, y ahora qué. Julio Anguita, un clásico de la izquierda, ya no quiere ser el Zaratustra de lo que venga, sino cambiar España con ideas y números muy concretos. Con Gutiérrez es que no se llevan nada, y ésta es la mayor grieta de nuestra izquierda real, tan necesaria y creciente gracias a la paciencia del maestrillo cordobés. Marcelino Camacho está ahora en el Congreso Político de IU. Tampoco le gustan los versos de Gutiérrez. Marcelino llegó a parecer anacrónico cuando todos íbamos a ser postnovísimos y simbolistas del liceo de la Bolsa, pero hoy la Historia, en retroceso, viene a coincidir con este zurrado comunista que tiene, si no la fe del carbonero, sí la fe del matalúrgico. El rojerío ondea de nuevo en la vida española, creciente de elecciones, bandera de hombres. Como dice Fidel Castro, «un revolucionario nunca se jubila».


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