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EL ARTÍCULO [del día] 22-01-2001, EL MUNDO
Bush II
En su toma de posesión, Bush promete más poder militar, menos impuestos y «compasión» con la pobreza. Es la tríada más reaccionaria que se ha lanzado nunca desde la butaca del mundo. Bush quiere más poder militar porque no se ha enterado -es un provinciano- de que todo el poder militar del universo es suyo. ¿Poder militar contra qué, contra quién, cuando USA lleva globalmente la gendarmería del oro, del petróleo y de la muerte? Lo que quiere decir Bush, realmente, es que la industria armamentista es clave en la economía americana, y que así va a haber más trabajo para todos, más comercio y más dinero. Clinton, consciente también de esta prioridad de una industria bélica, encaminó sus miras hacia el cielo, o sea la conquista del espacio, que también es cara pero no hace daño a nadie ni precisa de andar declarando guerras a cualquier moro que se ha sentado a cagar en la raya de una frontera. De modo que en el ánimo de Bush, a más del cálculo económico, hay un plus de afición por la guerra, de gusto militar por los muertos, que si son compatriotas se les glorifica y si son enemigos se les reboza en uranio empobrecido, como una croqueta nuclear. En su segundo deseo («pide un dese», dicen ahora los imbéciles), Bush habla de menos impuestos, pero de eso hablan todos los presidentes en todas las tomas de posesión. Incluso hablan de rebajar impuestos los presidentes que efectivamente van a rebajarlos. Es un parrafito que compone y completa la tríada. Luego, los impuestos suben o bajan, o cambian de nombre, eso ya da igual. Finalmente, Bush II no se olvida de la pobreza nacional, que también la hay, y para ella pide «compasión». O Bush es un cínico que se ignora a sí mismo o Bush es tonto de percal. Para la pobreza, hoy, se pide solidaridad, revolución, dinero, comida, ayuda, justicia, reparto, pero eso de curar la pobreza con la compasión se quedó en las Adoratrices, las Oblatas, las de la Adoración Reparadora y otros gineceos de Dios que hoy tienen su equivalente en las plurales sectas religiosas de Estados Unidos. Desde la presidencia del Imperio, lo más que se pide para la pobreza es compasión, o sea una jaculatoria y unos centavos, y vamos de prisa que nos van a cerrar el Banco. Siempre habíamos pensado que Bush II era tonto, pero un tonto de la especie amarraco, con la nariz y la boca hacia adentro, como pájaro piparro con corbata. Ahora nos entra el picapica de si será un cínico de vuelo corto, un ágrafo que no conoce el valor de las palabras o un vaquero sureño que ni siquiera ha ganado las elecciones y que no es sino el aborto de un fraude contable. Bush II principia mal su reinado, como era previsible, y su primer discurso gubernamental está hecho con un pastel de sangre bélica, una promesa económica, demagógica y ambigua y un inefable canto a la compasión. Cuando las tres cuartas partes del mundo se mueren de hambre -también en su país-, para la pobreza no se le ocurre mejor remedio, ni siquiera retóricamente, que la compasión. Es un mediocre y un malvado. No sé en qué orden, pero es un malvado y un mediocre.


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