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EL ARTÍCULO [del día] 22-05-2000, EL MUNDO
Villalonga
No vale presentar a Juan Villalonga como un monstruito de Frankenstein que le ha salido a la economía del señor Rato. Villalonga no es una oveja mal clonada, sino la plena realización, humana o inhumana, de la placenta capitalista. En cada capitalista, con capital o sin él, late íntimamente igual monstruosidad de personaje, y esto se nos quiere ocultar presentando a JV como una desviación o desvariante accidental del sistema. El capitalismo de rostro humano tiene también, en los grandes días de la Bolsa, este otro rostro de delantero centro de un equipo de tercera o de niño malo que ha crecido a destiempo y vuelve a casa, hijo pródigo, para ajustarles las cuentas a sus padres. En cada profesional del dinero hay un germen de Villalonga, y Mario Conde no fue sino un Villalonga en guapo: uno de esos casos en que la belleza puede resultar tan horrorosa como la veía Rilke. Lo que habría que decir al personal, con perdón, es que el hombre capitalista es así o acaba siendo así, y el rostro real y terminal de las multinacionales es el de Juan Villalonga, que tiene cara de OPA cabreada. El equipo de Aznar está jugando a los chinos con el capitalismo puro y duro. «Un aviso a tiempo evita ciento», dice el viejo refranero castellano. O aquello otro: «Si me engañas una vez la culpa es tuya; si me engañas la segunda, la culpa es mía». Aznar ha tenido el aviso a tiempo de las stock/options, pero ha seguido y eso no va a evitar los otros ciento cuando ya no sean avisos, sino calamidades. La primera vez, la culpa fue de Villalonga. A partir de ahí, todas las culpas son del señor Aznar, que no ha reaccionado a tiempo porque no puede. Uno no se levanta de la partida de póker cuando quiere, salvo en el Oeste y a tiros. Villalonga es el monstruito habitual que da el sistema capitalista, el hombre que se queda con todas las acciones de todo para luego, un viernes negro, tirarse desde el último piso del rascacielos con su secretaria y el paquete accionarial atado al cuello. Lo que espanta en Villalonga es su absoluta insensibilidad social, humana, cordial, y la tecnología de nuestro tiempo ha hecho posible que sólo aparezca como lo que es: una figura virtual que se les presenta a los accionistas y a los socios sin sangre ni latidos ni ideas afluentes ni alma. Todos los capitalistas fueron siempre virtuales y las técnicas de hoy nos los muestran así: fantasmáticos, dominadores, ávidos, espectrales, suspicaces y feos. Alguna vez he escrito que el oro tiene un horrible color de dentadura. Admiro a Villalonga porque es perfecto en lo suyo: un prototipo, un arquetipo, un modelo, lo que ustedes quieran. Todo menos una especie inclasificable para Linneo. Vendrán más Villalongas. Villalonga no es un hombre sino la metáfora de las filosofías del dinero. Cada oficio da su prototipo y el prototipo del hombre rapaz es el presidente de Telefónica, o lo que sea. El señor Rato ha engendrado riqueza, marcas, un eterno puente laboral, una incesante barbacoa, una gloriosa parrillada, pero también ha engendrado un monstruo.


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