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EL ARTÍCULO [del día] 21-09-2001, EL MUNDO
El crimen pasional
Ya no se dice «crimen pasional», pero casi todos los crímenes que traen en abundancia los periódicos españoles, son pasionales, raciales, muy nuestros. Y no digamos la televisión, que es ya el recochineo. Mucha información sobre el asunto, pero ningún ahondamiento en el tema sociológico. Mucha información y ningún verdadero informe. Lo dijo Luis Cernuda: - El honor de los españoles está entre las piernas de las mujeres. Todo nuestro teatro clásico viene basado en esta incómoda postura del honor, porque ese teatro consiguió consagrar tal africanismo como una verdad religiosa y social. Pudiéramos decir que la situación ha cambiado, que el honor se ha ido de copas con unos coleguis también muy honorables y que la mujer se ha liberado, al fin, del incómodo petrefacto que llevaba en sus partes. Así parece que es social y sociológicamente, pero esa abundancia de crímenes pasionales a que aludíamos antes viene a decirnos que en España se sigue matando por celos, por pasión, por amor propio, por orgullo herido o por machismo. La explicación del conflicto está en que las capas intelectualmente superiores de la sociedad han abandonado irónicamente, en efecto, el beneficio de los clásicos y han entendido la denuncia sarcástica del gran Luis Cernuda. Pero el régimen del honor pervivió durante siglos, constituyendo un matriarcado, una tiranía, un chantaje femenino que viene desde la Edad Media, las Cortes de Amor y la desesperación romántica. Las enfermedades venéreas, cuando se conocieron, venían a sacralizar este mito de lo que alguien llamó «el pequeño secretito cochino». Los menos ilustrados, por su parte, se han seguido rigiendo por aquella antiquité, entendida a su manera, algo así como un Calderón a lo bruto. Y de ahí el contraste que queríamos señalar entre las nuevas costumbres y los nuevos modos liberales, frente a la sucesión permanente de atentados y crímenes contra la hembra, esposa o no, en busca de ese honor que ella guardaba en su vagina y parece haber perdido. El honor siempre se lo lleva un caballista que lo tira en un charco como una joya falsa, porque falso es este concepto del honor y la honra. No basta con perseguir a los asesinos. El caso se repetirá mientras las clases cultas y avanzadas no pregnen a las clases más bajas e incultas, que son las herederas paradójicas del mito. El honor y la honra eran conceptos aristocráticos en el XVI y XVII. Cuando la aristocracia intelectual los ha abandonado, ocurre que los panaderos se hacen reaccionarios y matan a otro panadero por culpa de un concepto obsoleto y de una panaderita ligera de bragas. En el tercer milenio siguen actuantes los tópicos de Lope y Calderón, sólo superados entonces por Quevedo, quién iba a ser. Vivamos en la burla, la ironía y la modernidad de Quevedo mientras por toda la España yerma de letras siguen lloviendo sangres y cuchillos.


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