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EL ARTÍCULO [del día] 26-06-1996, EL MUNDO
El eurofurbo
Georges Sebbag dijo en 1965: «"Creo firmemente que el deporte es el medio más seguro de producir una generación de perniciosos cretinos", escribió León Bloy, sin sospechar que estas proféticas palabras podrían pronto aplicarse a numerosas generaciones de todos los continentes. Bajo la máscara del juego, del que es la caricatura, si no la negación, o mejor aún del apoliticismo y de esa forma falaz de internacionalismo del que ya Charles Maurras decía: "este internacionalismo no matará a las patrias, más bien las fortalecerá", el deporte progresa desde hace un siglo como una inmunda elefantiasis. Para el deporte, los dirigentes de todos los países no escatiman medios, no solamente porque lo consideran complementario del servicio militar sino porque, como "forma de embrutecimiento", denunciado nuevamente por Benjamin Péret, se lleva seguramente la palma». Sebbag, 1965, se diría que está escribiendo para la Eurocopa del eurofurbo que padecemos en este comienzo de verano. Empieza por citar a León Bloy, que vio proféticamente en el deporte (en nuestro caso el fútbol) la formación de una generación de cretinos. Pero las generaciones han sido numerosas. Sebbag define el deporte como máscara, caricatura y negación del juego, y lo denuncia como un falso apoliticismo y un falso internacionalismo. Efectivamente, hoy estamos viendo que el fútbol exacerba y envilece la política (esa absurda rivalidad Madrid/Barcelona). En cuanto al «internacionalismo» del deporte, en la prensa inglesa de la semana pasada pudo comprobarse lo internacionalistas que se comportaron los británicos respecto de España desde un chauvinismo encrespado, insultivo, faltón y no muy gentlemen. El fútbol es fascista. Inevitablemente, el deporte fue cantado por el prefascista Maurras. Sí, como culto de la barbarie física, el deporte es complementario del servicio militar, y a mí me parece un simulacro de la guerra. Meter un gol es matar a un hombre, el portero abatido. «Forma de embrutecimiento» que conviene mucho a los Estados. El furbo no tiene nada que ver con el juego, ya está dicho (ver Filosofía del hombre que trabaja y juega, de Eugenio d'Ors). Idoia Estornes se burlaba ayer en este periódico del fuerte nacionalismo vasco, que sólo admite España bajo el nombre peyorativo de Estado, pero se hace masivamente españolista cuando España juega contra Inglaterra. Naturalmente, todos quieren que gane España. Por un sábado, por una tarde, por un día, les sale el español consuetudinario bajo el nacionalista político. Uno piensa que el hombre, la criatura humana, cobarde como es, necesita distraer con tragedias vicarias, convencionales, falsas (el deporte o los toros) la tragedia real y continua de su vida. La tragedia existencial se aplaza indefinidamente, al menos mientras dura la Eurocopa. Liquidado el conflicto futbolístico, hay que volver al conflicto real, interior y exterior. Luego los estadios no son sino grandes ingencias de cobardía, embalses de la angustia de vivir puerilizada como la angustia del gol. Ortega lo llamó «el origen deportivo del Estado». Ni la cultura ni la política ni la ciencia merecen la pena hacerse para estas masas fascio/capitalistas que se esconden en el rebaño, haciendo rueda de culos frente al ataque de la fiera, como los caballos. Y la fiera no es sino una creación de su miedo, que sólo la cultura podría disipar. La técnica (tv.) favorece hoy a esta multitud de «primitivos llenos de noticias», como dice Julián Marías. Al día siguiente corroboran en la prensa lo que han visto directamente o en diferido. Pueriles como el niño, necesitan que se les vuelva a contar el mismo cuento ya sabido. Son millones de primitivos que alimentan y combaten su miedo con noticias, con mentiras. Todo menos la hermosa realidad.


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