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EL ARTÍCULO [del día] 21-09-2002, EL MUNDO
El naipe doblado
Como un naipe doblado, como un nardo apagado, como un poeta vencido, José Tomás se recuesta en el albero y se retira del toro. Tiene 27 años y lo anunció tal que ayer a su cuadrilla. En muy poco tiempo José Tomás ha llegado a las magnitudes de Manolete, o sea que es un susto de la naturaleza, un Rimbaud vestido de baraja.Sus íntimos se preguntan por esta retirada. Hay quien recuerda que los toreros se retiran y vuelven, como las amantes. Pero lo de José Tomás parece más serio, más interior y más sabio. En un reciente y auspiciador ensayo de Javier Villán sobre Tomás aprendí lo que hay que saber de este ángel interior, de este poeta y oficiante de la fiesta. Me parece un torero autista y muy inteligente que ha descubierto a tiempo el triunfo que es una retirada prematura y la clave de tener 27 años. Todos debiéramos habernos retirado a los 27 años. Ocurre en la vida pública -artista, político, torero o periodista- que a los 27 años cada hombre está ya en su sitio. Rimbaud se retiró a Africa porque la vida, la verdadera vida es corta y en 27 años da tiempo de triunfar, de fracasar, de situarse o de perderse. Lo que viene después de 27 años triunfales es la apoteosis de los hoteles, la gloria empastelada de los periódicos, la repetición y la reiteración de los abrazos, ese masajeo de los amigos desconocidos que encima te preguntan a ver si sabes cómo se llaman ellos. La melancolía de José Tomás, que los suyos encuentran enigmática, yo la veo muy clara. Es la melancolía de descubrir que el triunfo está vacío, que la gloria es una gacetilla equivocada, que el hambre no da más cornás sino más sabiduría, que después de una tarde de gloria, en la plaza, en el ateneo o en la cama, lo que viene es la insistencia, el barajeo de los pueblos, todos iguales, a lo largo de la temporada, y la aproximación de las mujeres, que siempre están, por instinto, con el vencedor. Los que no somos absolutamente tontos sabemos todo eso, pero cerramos los ojos y jugamos a no saberlo, buscamos la gloria cumulativa como una respuesta a la muerte, el éxito en los libros y en las multitudes, porque la soledad también está vacía y hay que llenarla con algo. De ahí que José Tomás quizá vuelva al toro cuando se le pase este vahído espiritual que le tiene doblado por la cintura. José Tomás, en fin, ha hecho el descubrimiento que hacemos todos, ha visto la cara pálida de la vida al doblar una esquina, porque la muerte, a los 27 años, todavía se parece a la vida. La cuestión está en dejarlo o no dejarlo. La vida nos va armando hasta los dientes, como un guerrero japonés, como un cangrejo con esmoquin. Antes de convertirse en eso es mejor quedar en naipe doblado. No hay otra alternativa que morir matando o vivir melancolizando. La vida te hace etarra o te hace monje de clausura.Nuestro torero ha preferido las clausuras de sol que le esperan en los campos, la amistad con el toro y la vida beata. Qué lección moral y estética incluso para quienes no vamos a los toros. Triunfar es dejar la copa a medias, el vaso roto y el naipe caído. Lo demás es avidez y nos pone feos. Toda la generación de los 20 años, que es la de Tomás, se retira hoy antes de los 30. Pero el torero volverá y todos volveremos a vestirnos de primer espada en una tarde alegre de banderillas que dura lo que dura la vida, o sea un siglo.


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