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EL ARTÍCULO [del día] 28-06-1996, EL MUNDO
La huelga, o sea
Ha dicho Cándido Méndez que «este Gobierno no es inmune a una huelga general». Oposición y sindicatos acusan al Gobierno de querer vender España a precio de saldo. Ha habido un rechazo frontal al programa de privatizaciones. Izquierda Unida y sindicatos anuncian movilizaciones públicas. Comisiones Obreras ha empezado por Galicia. IU: «El PP utiliza el Estado como si fuera su cortijo». Hay un clima de huelga, o sea, por más que esto parezca casi blasfemo frente a un Gobierno que está empezando. Pero hay que ver cómo empieza. Ante la revolución económica del aznarismo los agentes sociales tienen que reaccionar. A Felipe González se le hicieron dos huelgas generales por mucho menos. La derecha está poniendo España vueltabajo, está promoviendo un verdadero cambio dentro de la democracia, que ahora va a ser liberalcapitalista en plan salvaje. Hemos cambiado de dirección histórica. El señor Rato y otros dicen que esto ya estaba previsto en sus programas explícitos, pero la verdad es que sólo está insinuado en la redacción siempre vaga y confusa, generalizada, de los propósitos. Cambiamos de dirección histórica, ya digo, sin que aquí nadie se despeine. La alegre fiesta movible de la Bolsa es el mejor dato de cómo se acoge allí la gran orgía del dinero. Y la poca izquierda que queda se limita a amenazar con unas posibles movilizaciones que van a llegar tarde, cuando ya estemos en el punto sin retorno. Ya que la izquierda de la calle se ha quedado repentinamente parapléjica de decisiones, la oposición parlamentaria debiera emplearse a fondo contra el gran saldo de España, que ni siquiera beneficia a los ricos españoles, sino más bien a las trasnacionales. España, como tengo escrito, no es que se integre en Europa, sino que se hace soluble en Europa y sólo será una referencia financiera, como Suiza, sin personalidad ni perfil político. La oposición, sí ¿pero qué oposición? El señor González está rodeado de cadáveres y muertos sin sepultura, muertos que hablan todos los días en los periódicos para proclamar su inocencia o inculpar a otro. Y qué más nos da ese rollo, si ya los hemos amortizado a todos políticamente. El joven y astuto Aznar se ha encontrado sin oposición, y quizá por eso está llevando tan lejos la estrategia sigilosa de su monetarismo delirante. Ha entrado en la paranoia crítica del dinero y hace una lectura de la realidad totalmente fiduciaria. Jueces y periodistas lastran todos los días de culpa, acusación, sombras y dudas al viejo felipismo. Glez. es hoy un hombre sin osatura moral para acusar a nadie de nada. Ahora es cuando realmente puede decir que se está enterando por los periódicos. Su herencia negra sube en marea hasta Navarra, mucho más arriba de lo que él esperaba (lo tenía todo centralizado en Madrid). Una derecha de avidez y libertad entrega el país sin malicia a los viejos caimanes de la plusvalía. El Estado queda reducido a un Rey que, mientras preside desfiles, el desfile le va por dentro. ¿No es el momento de que las bases sociales, las fuerzas del trabajo, den un paso de alpargata al frente? Todavía no se ha privatizado la huelga. La pasividad es complicidad. «Aprovecha tu libertad. Uno siempre tiene que abusar de su libertad», dijo Paul Eluard. «Libertad, color de hombre», dijo André Breton. Doy estos eslóganes literarios por no dar otros más crudos, directos y callejeros. Ha llegado el momento, creo, de abusar de nuestra libertad. La huelga también es color de hombre. Esta pasividad de las clases sociales es color de mierda.


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