[ACTUALIDAD]
Presentación de Francisco Umbral y la desquiciada eufonia.. El pasado jueves 27 de junio tuvo lugar en la Casa de Aragón en Madrid la presentación del libro de Diego Vadillo López “Francisco Umbral y la desquiciada eufonía” (Manuscritos). En dicho evento participaron asimismo la directora de Relaciones Institucionales de la Fundación Francisco Umbral, Ana Valencia Alonso, el ...
[RECIENTES]
EL pasado viernes día 24 de mayo de 2019 tuvo lugar la presentación del ensayo sobre Francisco Umbral, “Francisco Umbral ...
Publicación en EL Mundo del artículo dedicado a Pitita Ridruejo por Umbral. ...
Entrega del Premio de Columnismo Francisco Umbral para Jóvenes escritores. Valladolid 2019 El miércoles 8 de mayo tuvo ...
EL ARTÍCULO [del día] 22-09-1995, EL MUNDO
LOS PLACERES Y LOS DIAS
El Estado no se apellida González, por más que el presidente del Gobierno se esfuerce verbalmente por confundirnos y por confundirse a sí mismo con el Estado. Felipe González no es más que un señor de corbata que tiene su oficina en la Moncloa, y que lo hace bien o mal, pero que antes o después será sustituido por otro funcionario. Hay una estrategia defensiva en quien, no pudiendo salvarse ya como presidente del Gobierno, pretende salvarse como Estado. Esto es un sofisma, pero yo no creo que Glez. mienta, sino que, como todos los grandes, ha llegado a imaginar que la chaqueta del Estado le sienta bien, no le viene grande, y en cambio la del Gobierno le queda pequeña. El Estado es una abstracción que ha encarnado en Felipe González. Pero esto sólo ocurre en la mente del propio Glez. y en la ignorancia política de miles o millones de españoles. El Estado puede que sean el Rey y la Constitución, funcionando uno en función del otro, y viceversa. El Estado no es el Escorial, el Estado no es pasivo, el Estado no es sino el funcionamiento del Estado. Y el Estado funciona, en España. El señor Glez., vestido de Estado, se obstina en ir y venir con ese traje que le queda grande, olvidando que en una democracia el presidente sólo es el oficinista perecedero del Estado, y que luego vendrán otros oficinistas. Trece años de Poder le han hecho creer a Glez. que puede hablar en nombre del Estado: «Seguridad del Estado» (cuando sólo se trata de la suya personal). «Conspiración contra el Estado» (cuando sólo hay investigación sobre el Gobierno). «Enemigos del Estado» (que sólo son sus enemigos, o sus víctimas). Decía Ortega que este país se arreglaba poniendo a cada uno un grado por debajo de donde está: el ministro de alcalde de su pueblo y el alcalde de guardia de la porra. Así, González se ha subido al pinabeto del Estado y habría que bajarle y ponerlo nuevamente de presidente del Gobierno, de escribiente del Estado. El mismo se ha puesto muchos grados por encima, se ha convertido en la abstracción/Estado, se ha hecho soluble en los cielos católicos de España y le parece blasfemo que el señor Rajoy o cualquier otro le hable de tú a tú. En este complejo de Estado que sufre Felipe (y que no sé si lo estudian los psicoanalistas), hay curiosos componentes de autodefensa, de ambición, de soberbia, de estrategia y de autismo. El Estado no es el Escorial, hemos dicho más arriba, pero Glez sí se siente el Escorial, una gran masa edificada de piedra e Historia que va y viene por ahí, se hace fotos en Europa como Estado español y se ha quedado solo, como solo está el Escorial en la grandiosidad vacía y presentísima de la sierra. Sólo que el Escorial, cuando menos, tiene turistas, y Glez. es un Escorial que hace turismo, que se deja ver y admirar en Europa. Martín Prieto suele escribir que Glez. se ha «hormigonado» o algo así. Y tanto. Como que se ha escorializado, se ha petrificado, y por eso ya no puede entender que nadie le haga la crítica política, como el Escorial no entiende al crítico de arte. Lo ignora. Pero Glez. sólo es un gran político equivocado. O un gran equívoco que nos preside. Jamás descenderá ya a su condición de funcionario. Se considera monumento nacional, patrimonio nacional, piedra lírica, piedra miliar, leguario de España. Ha pasado de la democracia a la arqueología. No puede entender que la democracia también consiste en chantajes, errores, competencia, sucesión y crítica. Está convencido de que le tenemos manía. Es el Acueducto de Segovia y cree que, sin él, Segovia se vendría abajo.


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