[ACTUALIDAD]
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EL ARTÍCULO [del día] 21-10-2006, EL MUNDO
Calidad de vida
Antes se perseguía la buena vida, que era la vida burguesa y confortable. A otros niveles, los políticos prometían vida abundante, paraísos políticos y repúblicas en todas direcciones. Hoy, lejos de todas aquellas ensoñaciones, nos hemos inventado una cosa de lo que sólo hay el nombre, quiero decir la «calidad de vida». El jefe nos promete más calidad de vida, el del fútbol más calidad de cuero, el periodista más calidad informativa en cada partido; desde el mundo del espectáculo se nos anuncia más calidad de música y desde los musicales más calidad de pierna. Últimamente hemos llegado a la superior calidad de muslo con las actuaciones, tan anunciadas, de Carmencita Franco, que pudo ser reina de España, pero lo perdió todo por su mala cabeza o se lo quitaron a última hora gracias a la corona que ya traía puesta don Juan Carlos. Y que es la misma, por lo visto, que usaba en el extranjero para perseguir y cazar osos borrachos, mucho más espectaculares que los salmones franquistas que nos asoma Pedro J. Ramírez en sus NO-DO. Volvemos a perseguir una utopía. Ni más gasto ni más lujo ni más grandes superficies ni más jais. Hemos sustituido la cantidad por la calidad. Ya no se dice de un piso en alquiler, por ejemplo, que tendremos más piso (porque además es mentira) sino que tendremos mejor piso. El vendedor aprovechará cualquier momento para decirnos que tendremos mejor calidad de vida en el retrete, en la despensa, en el bar/discoteca, en el colegio de los niños y en la comida de la cocinera, que seguramente va a ser una marroquí de cayuco o una fanática de ramadanes. En una palabra, que hemos cambiado la cantidad por la calidad. No tendremos más trabajo para la horda, pero tendremos mejor calidad de horda en los taxis, los fines de semana, las reuniones sindicales y los mundos de Pepiño Blanco y Llamazares. Hemos pegado, así, el salto cualitativo. Hemos sustituido la tía buena por la tía anoréxica, que ofrece menos gasto pero más calidad. Eso que tiene la musa romántica, anoréxica y desnuda que aquí hemos glosado, no es sino calidad de mujer, calidad de los años, muy pocos. Queda algo cursi y totalmente desfasada la palabra «lujo», sustituida por la palabra «calidad». El lujo era una cosa de ricos cursis y la calidad es un tejido para uso de locutoras de TV, futuras reinas de España y estrellas del pop, que vuelven a triunfar, ya no en plan remember, pero en plan ZP. El Gobierno de ZP no ofrece cantidades soviéticas sino calidades, por ejemplo la calidad de la nieve en San Petersburgo, según Ossip Mandelstam, primer y gran poeta de la Rusia moderna. «Ah sagrado Egipto de las cosas». Ahora que Putin se anda por aquí por Occidente, le voy a pegar un repaso de orientalismo como le gusta a ZP, patrocinador de la eclosión de las civilizaciones. En cualquier caso, la tendencia se ve que es oriental y se acabaron las películas de vaqueros y todo el lirismo country de los presidentes western. Nuestra opción por Rusia es una revolución en día de nieve. Deberíamos seguir citando al poeta porque ya saben que la letra con sangre entra, y en Rusia dejamos mucha sangre, según los citados NO-DO. Y según los libros de mis queridos Ridruejos, Ydígoras, etcétera.


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