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EL ARTÍCULO [del día] 10-05-2007, EL MUNDO
Maneras de robar
En la anterior semana se han producido en España tres maneras de robar que en puridad siempre han estado vigentes en la grande y pequeña Historia española. Me refiero a la manera aristocrática de robar, a la manera feudal y, finalmente, a la manera municipal. Consideramos aristocrática la manera que usa esa clase para repartirse el gran dinero en nombre de algún santo, algún pecador o algún pontífice. Consiste en aplicar siempre el beneficio a las causas más altas, que inevitablemente revierten en los nombres acreditados de esas categorías. Esta manera de repartir las ganancias, si es que las hay o se confiesan, son las más culpables por ser las más beneficiadas. Su presencia en el cuadro social o histórico es perdurable y no declara beneficios. Lo llamamos aquí robo feudal aunque ha pasado ya por todos los modismos vigentes o caducos. Guarda la misma relación con el robo que los beneficios declarados como generales, bonancibles y bien repartidos. Nada de esto quiere decir nada, salvo que nos recuerda a algunos políticos actualísimos que prescinden de la verdad para atenerse al beneficio. Principia a ser un robo democrático, irónicamente repartido como socialización de las grandes cuentas públicas o privadas. Se trata de un beneficio social que no estudiaremos de manera más crítica, pero ha hecho alarde en las cuentas públicas y parece ir cínicamente bien por este camino. Bien estudiado como medida social, su socialismo sólo nos llega como fiesta financiera con poca repercusión en las otras clases sociales. El que llamamos robo municipal es ya la entrada a saco en las acumulaciones de todo carácter que éste presenta. Y digamos abreviadamente que tiene también una intención de partido que se supone bonancible, como hemos dicho. Pero hay que ver sus consecuencias. El robo municipal, cuando se produce, es una forma estética de presentar los valores y beneficios que acumula el dinero u otra forma de prosperidad cuando la gestión fiduciaria está llevada certeramente, con claro beneficio para quien se dice. En el momento actual que contemplamos la concentración de beneficios y gastos se condensa mayormente en las formas históricas de acumulación, que permiten un gasto igualmente generoso. En cuanto al beneficio feudal, sigue teniendo un carácter de clase media que no es sino el beneficio por el trabajo y está ampliamente difundido, aunque tuvo épocas mejores. El beneficio como robo o el robo como beneficio se manifiesta más y mejor en las pequeñas economías, y ahí ha quedado el caso de los ayuntamientos, con los ejemplos recientes que más arriba sugerimos. Así como sugerimos el caso aristocrático para la gran moneda y el caso feudal para la moneda media. No hace falta decir que estas clasificaciones son convencionales en cuanto que las verdaderas siguen aludiendo a temas y causas más nobles y más perdidas, como la firma Thyssen, las firmas declaradamente aristocráticas y, por último, la firma municipal, que es la más democratizada desde los tiempos de Lope de Vega. Sería muy elocuente desplegar este pequeño asunto hasta dar con la entidad dermoestética de una realidad social sobre la que se trabaja diariamente. Otro día lo haremos.


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