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EL ARTÍCULO [del día] 11-04-1990, EL MUNDO
Balzac
LA frase de Balzac que figuraba ayer en el frontispicio de este periódico, lo explica todo: «La ley no castiga a los ladrones sino cuando roban mal». En el caso de que Juan Guerra haya robado algo, ha robado bien, ha sabido robar, y van a tardar en demostrárselo. En el caso de que el fraguista Naseiro haya robado algo, no se le castiga tanto por eso como por haber robado mal, por no saber robar. Y el que no sepa robar, en política, que cambie de oficio. Si no sabe usted robar, señor Naseiro, ¿para qué se mete en política? La política no es sino el arte de robar bien, incluso de robar honradamente, de robar para el partido, para la causa o para los pobres. Aznar estaba ayer muy hermético en sus santos oficios de Semana Santa, que se ha ido a hacerlos a Tenerife, pero le corresponde, cuando menos, la responsabilidad de mantener como tesorero a un intelectual de las finanzas que le dice a Ruiz-Gallardón: «Que la pasta te caliente el muslo». El perfil que Luis Herrero daba del camionero Naseiro en este papel es el de un matarife de los negocios, violento, hortera y con dialéctica de chorizo de postguerra, que ni siquiera ha actualizado su cheli como sus finanzas. Fraga lo eligió por «audaz», de modo que forma parte de la herencia recibida por Aznar (recibida o impuesta), lo que devuelve al partido su imagen heredofranquista, ahora que habían salido del Congreso de Sevilla en , plan Irma la dulce, o sea regenerados. La política es el arte de robar honradamente. Un arte delicado y paciente que no se puede dejar en manos de aficionados como Juan Guerra o Naseiro. Franco también tenía otro camionero, Barreiros, gallego asimismo. No tiene uno nada contra los camioneros ni contra los gallegos, sino contra la gente que no sabe robar y le está quitando el pan a los profesionales. La entrevista Aznar/Solchaga, el desdoblamiento Aznar/Chaplin en la Cámara Baja, que fue mero celuloide rancio, cuando esperábamos una de guerra, tipo «La carga de la brigada ligera» (Errol Flynn mejor que Chaplin), y la falla valenciana y tardía de Naseiro han acabado en tres días con el Congreso Eucarístico de Sevilla montado por . el PP. ¿No estaba Aznar desfraguizando el partido? Pues mejor que tanto hacerle ascos a Isabel Tocino, que es una benaventina flor de otoño, debiera haberle metido mano a Naseiro. Lo malo de la culpa es que es siempre retroactiva. La culpa, como la nobleza, asciende en seguida por el árbol genealógico y en este caso llega hasta Fraga/Aznar, que han confiado sus honestos ahorros de partido a un economista sislero que habla de «calentar el muslo con la pasta», lo cual quedará muy castizo en la Bolsa, pero yo jamás se lo he oído a Mario Conde o Escámez en una comida. Uno, la verdad, no le confiaría su pobre calderilla a un amigo que calienta el muslo con la pasta. Se decía cuando Romanones que al conde,. había que saludarle con una reverencia y un guiño. El guiño era aquí tan importante como la reverencia, y esto es extensivo a todos los grandes políticos, incluídos Felipe González, Guerra, Aznar, Fraga y Naseiro. Aunque resulte un poco elemental establecer un paralelismo «vengativo» entre los casos Guerra/Naseiro, lo cierto es que el PSOE había perdido ya hace mucho el virgo ético de don Pablo Iglesias, en tanto que Aznar inauguraba virgo y acaba de hacer la primera comunión en Sevilla. Ahora tendrá que empezar de nuevo su paciente y valiente construcción del centro/derecha. Aquí lo de menos es Naseiro, un affaire que incluso puede desviar la atención del pacto tripartito auspiciado por Cuevas (otro paralelismo con el caso/Guerra, que encubre tanto como descubre al PSOE). Aquí lo fuerte es que la derecha, que siempre había robado mejor y más honradamente que nadie, está olvidando el oficio. Está cayendo en el pacto, la chapuza y Rosendo Naseiro.


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