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EL ARTÍCULO [del día] 17-09-1999, EL MUNDO
Los modelos
Dentro del auge de la moda española, de la que se ocupan ya hasta los periódicos extranjeros, ha surgido una variante que no es nueva, pero sí sorprendente, y es la de los modelos masculinos más o menos desnudos. No voy a hacer consideraciones de tipo sentimental. Y menos de tipo sexual. Me limito a lo estético y a la estética. Ocurre que el hombre, en la pasarela, en la publicidad y en las presentaciones de cualquier cosa, puede quedar muy bien vestido, pero ahora se ha empezado a medio desnudarles, lo cual que no resulta. Yo no sé qué pasa, pero en cuanto un señor con una sábana te enseña el sobaquillo, la cosa no funciona. Al ser humano masculino, cuando le quitas la camiseta, se le ve el ciclista. Todos tenemos cuerpo de ciclista asténico, con más pelos que sustancia. Decía el maestro Miguel Mihura que a la oveja, en cuanto le quitas la lana, se ve el perro que lleva dentro. Bueno, pues a nosotros se nos nota el ciclista de barrio. Por eso no acaba de funcionar el strip/tease masculino para empleadas que se jubilan y se van por ahí a correrla en legión de menopáusicas. El escultismo está claro que es un culto al yo. Y la astenia masculina o el corredor de pasarela con la pájara no son noticia, no son imagen, no dan foto. La mujer es barroca por naturaleza. Nada más barroco que sacar un cuerpo de otro cuerpo, o sea parir. El desnudo femenino no es obsceno por natural. Parece más natural pasear pechos por la playa que llevarlos encarcelados todo el año en un sostén de diseño antiguo. La hembra, por mucho que se desnude, queda siempre protegida por sus propias abundancias, vestida de sus desnudeces, curvas, volutas y otras delicias. Pero, en cuanto al hombre, sólo los albañiles quedan bien en camiseta, y eso mientras están en lo alto del andamio. La nueva moda de sacar modelos masculinos medio vestidos, sujetándose con dos dedos un retal, no es erótica ni estética, pues que todos tenemos un ancestro albañil, y es el que más se ve luego en las fotos de prensa. Claro que el hombre tiene el mismo derecho que la mujer a ganarse así la vida, pero uno, que va a algunos desfiles, ha intuido que el destape macho no funciona, que el pelamen ayuda poco, que, mientras ellas evolucionan con gracia encima de una chincheta, el caballero está tímido, virilmente apocado, consciente de su ombligo con pelos y sus axilas impresentables. Porque lo de la depilación masculina es tema para otra columna, con todos sus afeites. Hoy no vamos de eso. Estoy seguro de no equivocarme augurando poco futuro a esos modelos masculinos y casi nudistas que, con sus piernecillas de ciclista, insisto, nos instan a darles una jubilación prematura. En cuanto a los caballeros adónicos que puedan interesar realmente a las mujeres, tampoco es tema de hoy, porque una columna no debe llevar más de una idea. Los últimos modelos masculinos que yo he visto, enteleridos de frío y timidez, parecían recién sacados del paro.


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