[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 19-10-1990, EL MUNDO
Los 80
LA periodista Pilar Trenas viene dando una serie en televisión titulada «¿Los felices 80?», así, con interrogaciones, preguntándose por la felicidad sedicente de los ochenta, que vaya usted a saber. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Esto no lo cree ni don Jorge Manrique, que dice en sus versos: «cómo a nuestro parescer». O sea que todo tiempo pasado sólo fue mejor «a nuestro, parescer». Que no fué mejor, vamos. Sólo que al clásico siempre se le cita mal. Si citamos mal lo de hace cinco días, cómo no lo de hace cinco siglos. El primer acierto de esta serie es no haber querido ser el consabido repaso cronológico a una época, sino que se ha entrado en ella por temas, seleccionando los trece que mejor la definen (igual podrían haber sido doce o quince). Pero son éstos: ecologismo, nueva espiritualidad, la sociedad informatizada, la familia, postmodernidad, ideologías, drogas, la sociedad de consumo, violencia, tiempo libre, economía, SIDA, arte. Estos temas los veo ahora agrupados por familias: la salvación de las ballenas equivale a una nueva busca de valores en el mar, como la nueva espiritualidad a la busca de nuevos valores por el cielo (un poeta llamó a la Virgen «ballena de los cielos»). Y ambas búsquedas admiten la rúbrica de «postmodernidad», que si a algo responde es a esa juvenil invención de valores alternativos cuando los tradicional/convencionales se han muerto de muerte natural o del SIDA, como el amor. La sociedad informatizada (y entramos aquí en otro grupo de temas e ideas) ha venido, con su alta tecnologización del hogar, a salvar irónicamente la familia cuando estaba en dispersión o reducida al esquema transeúnte de dos. La televisión y el microondas han hecho más por la refundación de la familia unida que todas las homilías y pastorales de los obispos. La técnica parece cosa del demonio y ya ven.Y como las ideologías no son previas a la vida, sino consecuencia de la vida que llevamos, y que necesitamos «ideologizar» un poco, para no quedarnos en el citado microondas, he aquí que se vuelve a las ideologías conservadoras (los partidos democristianos están triunfando en toda europa). Esto no digo yo que no sea por el sobrecito de Fátima, pero me parece que es más por la vieja necesidad de sacralizar nuestra vida, desde la magia de los tristes trópicos hasta el socialismo de chalet adosado, pasando por todas las utopías religiosas. Los franceses dicen que el hombre es un «animal adorador». Sólo que ahora adoramos a través de la antena parabólica. Y así es como nos encontramos en plena sociedad de consumo, que no sólo consume sopipollos, automóviles y porno, sino que también consume una espiritualidad de diseño, y esto explica el florecimiento en el Este, al mismo tiempo, del buen apetito capitalista y los obispos coptos y meronitas. En Moscú se ha abierto la vieja catedral el mismo día que los primeros grandes almacenes de Occidente. Incluso se consume tiempo libre. Los continuos puentes festivos, que en nuestro calendario forman ya un Acueducto, son grandes lonchas de tiempo libre que nos regala el Estado para que nos las comamos plácidamente a la orilla de un río histórico y contaminado. Con lo que la literatura de moda es ahora la economía. Todos somos un proyecto de millonario que alterna con los millonarios de verdad viéndoles en las revistas pornofinancieras cómo cambian de coche, de Banco, de OPA y de señora. Entre la finanza y el consumo, el arte se ha hecho soluble en sus precios y cotizaciones, como los petrolitos. Este completo paisaje de los 80 que nos presenta la Trenas, neoburgués y neoliberal, tiene su triple respuesta en la droga, la violencia y el SIDA. La verdad de la calle contra la mentira del hogar.


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