Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015

Ayer lunes 9 de mayo de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2015 a J.M. Caballero Bonald, por su libro Desaprendizajes. El premio, que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, fue entregado por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, España Suárez, presidenta de la Fundación Francisco Umbral, y el el ...
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EL ARTÍCULO [del día] 21-02-2001, EL MUNDO
Gracias, Garci
José Luis Garci deja tirado el puesto de académico de Bellas Artes, porque en dos o tres años no se ha dignado escribir el discurso de ingreso. Garci es ese tipo feo y genial, bizco, sin afeitar, con la boca cuatrera, hablador, erudito, sentimental, buen amigo, algo follador y creador absoluto. Ahora que todo el mundo quiere entrar en las diversas Academias de Madrid, ahora que los gacetilleros quieren alternar con García de la Concha y los poetas de Casa Regional con la pluma párker, ahora que todos se ponen coturnos televisivos porque han escrito una novela sobre la condición humana de su pueblo (ignorando que el humanismo está pasé), ahora hay un único español, un chico que va por libre, José Luis Garci, que se permite olvidar elegantemente la Academia de Bellas Artes. Aunque yo creo que es de más provecho alternar con el doctor Alberto Portera en Madrid que alternar con el bikini millonario de Ursula Andrews en Hollywood, por una vez dejemos el provecho y vayamos al cohecho, que la madura está que lo vierte. -¿Y Raquel Wellch? -Ya no se dan aquellas monstruas. ¿Será que a Garci le tira más un Oscar de Hollywood que un sillón con termitas en la Academia de Bellas Artes? Garci ya tiene el Oscar, lo cual que no es eso, sino, quizá, que las termitas o los termites pican mucho los huevos de académico, llevan muchos años picando y Garci los necesita para su harén lineal e inesperado. En cualquier caso, el joven director, que se deja la barba «para que respeten a su mamá», como el niño de Mihura (a Garci y a mí nos iba La Codorniz, qué marcha), ha dado una sobria lección a los pretendientes a todo, sin querer pegarle una puerta a Bellas Artes, sino dejándose llevar por la memoria involuntaria y proustiana, como siempre, que es la que conduce más lejos y la que más acierta en novelas y películas, y no digamos en la Atenas madrileña de las Academias decimonónicas, alfonsinas, ilustradas, fernandinas y sapientísimas. Cuando los funcionarios piden más sobre y los del pantalón bombacho piden más Guadalajara, Garci se deja la barba tres días, que es lo prescrito por Hollywood, justo cuando se cerraba el plazo de su inclusión en una Academia. Ese día, hombre, coño, tenía él que rodar en exteriores, vendernos una peli vieja por la tele o beneficiarse una julai a modo. Es el único español, ya digo, que pasa total e involuntariamente, como un Woody Allen madrileño, en tanto que todos queremos más, con música de posguerra, que ha vuelto La Colmena. Gracias, Garci. -A la viceversa. Tómate un vermú tipo Bar Basque. Este chico es muy despierto y, ante el caso Almodóvar que todos imitan, ha decidido hacer todo lo contrario: un cine lento, sentimental, en blanco y negro, rememorativo, «de derechas» en el buen sentido, con la tristeza ya puesta desde la taquilla. En pocos días se ha pegado dos puertas gloriosas: no va a los Goyas y no va a la Academia. Garci hace feliz con su cine a la burguesía española que no quiere cine/sida y a los jurados yanquis, que le están troquelando un Oscar, otro. Y encima liga, el bizcocho.


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