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EL ARTÍCULO [del día] 20-05-1991, EL MUNDO
Vuelta de Benavente
LA noche del sábado. Mar, cielo y tierra se unen amorosos con gloriosa alegría». Cuando don Jacinto se ponía cursi es peor que cuando se ponía irónico, que era lo suyo. La vuelta de Benavente, a partir del éxito de Rosas de otoño, se explica por aquella póstuma y melódica dramatización de José Luis Alonso, con Amparo Rivelles y Alberto Closas. Nuestro público, que siempre funciona con medio siglo de retraso, y que está desalentado de experimentalismos y vedetismos, agradece un teatro donde se le cuentan cosas, sus cosas, y que és casi como la televisión de 1900. Sólo que Rosas de otoño se corresponde efectivamente con el otoño rosáceo del autor (madurez) y La noche del sábado es una función donde todavía anda perdido entre diversos caminos: El Modernismo, los ballets de Diaghilev, la comedia cosmopolita, un cierto wildeanismo (mucho Dorian Gray) y toda la resaca dorada (generalmente oro alemán, falso) de unas aristocracias plurales y dudosas que se refugian en París o así cuando las revoluciones sociales principian a incendiar el naciente siglo. Don Jacinto, muy inteligentemente, define esta función como «novela escénica» o algo así, creo recordar. O sea que era consciente de lo que estaba haciendo. Aquellos novelones cosmopolitas del cambio de siglo que tanto plagió Baroja, aldeanamente, de Eugenio Sué, y que sólo llegarían a su estilización vanguardista con Paul Morand. La noche del sábado, tan famosa pieza, es una cosa frustrada. Pérez Puig, con idea muy elogiable, oportuna y bella, ha decidido iniciar un ciclo de teatro español contemporáneo. Pero lo ha iniciado mal. Benavente tiene cosas mucho mejores en su ingente repertorio. Benavente encontraría su camino, más tarde, no en el cosmopolitismo, sino en el localismo madrileño (como casi todo el mundo) con la crónica cínica e irónica de una sociedad que conocía, y no la sociedad inventada, leída , de este «estreno». A su vez, Mara Recatero ha conseguido el éxito inverso de hacer del Español, gran escenario, un escenario angosto, donde la gran comedia internacional y el Circo de París se quedan estrechos y sin ninguna grandeza, y no por falta de gente. (La chica que hace punto es una delicia personal y un amago grácil de actriz). El reparto no es que sea tan malo como parece, sino que Gemma Cuervo, Valladares, Pilar Bardem y Vicente Parra se ven forzados, no a interpretar la realidad, sino a interpretar teatralmente el teatro, lo que da una sobreposición de aprestos y tiranteces que Leopoldo Calvo Sotelo definía muy bien en el patio de butacas: «Hay cosas que yo sólo había visto en la opereta». Algo de opereta tiene la función, que a los estrenistas, claro, no les interesó mayormente. Don Jacinto es una mina, pero hay que ser buen minero.


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