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EL ARTÍCULO [del día] 30-11-1990, EL MUNDO
El disparo
AL mismo tiempo que el ministro Serra le decía a Encarna Sánchez, por teléfono, que los barcos españoles están en el Golfo en misión de paz, la corbeta «Diana» disparaba contra un carguero iraquí en el Mar Rojo. Son los primeros disparos de uno de los barcos españoles enviados al Golfo Pérsico en misión de paz. La paz también se hace a cañonazos. La citada corbeta obligó a detenerse al carguero, contra el que previamente había disparado un buque americano. Los disparos españoles eran de advertencia, quede claro, y no de guerra. Franco, una vez que quiso hacer una pequeña advertencia al país, se llevó por delante un millón de españoles. Las advertencias militares son así. La guerra es otra cosa. Lo cual que el carguero iraquí se para y es inspeccionado (por marines, no por españoles). Era un carguero de vuelta, completamente vacío, o sea que la cosa queda más bien como un poco ridícula por parte de los aguerridos americohispanos. Pero a uno le parece que ese cañonazo español tiene un valor iniciático para nuestros reclutas, es la metáfora de una eyaculación que estaban necesitando desde hace meses. Es la pérdida, al fin, del virgo viril de los guerreros, la desfloración de su impulso de matar, «la destrucción o el amor», la legitimación del «póntelo/pónselo». No se puede estar meses y meses en el mar, que es todo igual, esperando el momento de la descarga, con el preservativo en el bolsillo alto de la camisa, y sin que pase nada. Nosotros, a la edad de estos chicos, empezábamos a ir de putas. Nuestros padres empezaban a ir de rojos. La caza de la mujer y la caza del enemigo son una misma cosa en la prehistoria de los tristes trópicos. El adolescente, sí, necesita la destrucción o el amor. A éstos de la leva del 90 les ha tocado la guerra y les están castrando psicológicamente con tarta «misión de paz», como si ellos estuvieran en la guerra igual que la Cruz Roja. Creo que algunos tienen ya complejo de enfermera. Salvo el que tiene complejo de asistenta por horas del Imperio, que todos los días friega la cubierta y le limpia las botas al almirante. Gracias a ese cañonazo contra un inocuo carguero iraquí que no cargaba nada, todo un reemplazo ha eyaculado al fin, de manera unánime, y además sin goma, como debe ser. El Mar Rojo se llenó de preservativos. Ahora, según me dicen en una entrevista de radio, la Iglesia se ha sacado una contracampaña con el slogan «propóntelo/propónselo». Supongo que el slogan se refiere a la castidad o el matrimonio. Proponte ser casto o proponle boda. Me parece una ingeniosidad de sacristía. Entre unos y otros, entre los curas, los políticos y doña Matilde Fernández, me parece que van a sacar una generación de maricones, una quinta de reprimidos, indecisos, invertebrados, dudosos, unisex y de eyaculación precoz. Después de tres meses en el mar, esperando matar un moro, los chicos, ya metidos en ganas, vuelven a tierra y lo primero es estrangular a un taxista. Después de tres meses en un barco, a los veinte años y con un profiláctico en el bolsillo, lo primero es desvirgarse con una puta y luego matarla a gorrazos con la insignia «Diana». Tres meses, o los que sean, de tensión/represión bélico/erótica, desestructuran la delicada personalidad adolescente. Estamos poniendo en peligro el equilibrio psicológico de unos chicos que ya nunca sabrán si han hecho la guerra o el amor o ninguna de las dos cosas. Por eso el cañonazo del otro día, aunque fuese pólvora en salvas, nos parece, repito, la metáfora liberatoria de una eyaculación colectiva y retenida contra natura. El adolescente, que es todavía el primitivo, necesita hacer el amor o la guerra, o las dos cosas. Si no, puede malograrse y acabar, de mayor, en el grupo mixto.


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