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EL ARTÍCULO [del día] 16-04-1990, EL MUNDO
Manglano
Se lamentan Aznar y su partido de la radicalidad, dureza, urgencia (aunque esta palabra no la digan), implacabilidad y firmeza con que ha actuado el juez Manglano en el caso Naseiro . Ellos tuvieron ocasión, en la moción de confianza, de ser radicales, duros, urgentes, implacables y firmes, y perdieron inexplicable y misteriosamente la oportunidad. A ver si aprenden la lección, o sea. Y no estoy estableciendo con esto el consabido paralelismo Guerra/Naseiro. Son los del PP y sus afines y portavoces quienes lo han establecido. En cualquier caso, el joven Aznar debe aprender que en política, como pedía Baudelaire para la vida toda, «hay que ser sublime sin interrupción». Radical, duro, urgente, implacable y firme sin interrupción. No se puede caer en la dejación de un día crucial, como lo fué el de la moción de confianza o moción/trampa, porque eso siempre se paga en política, y . aquí sí veo yo una relación, no fáctica, entre los affaires de ambos partidos: el caso Naseiro beneficia a un PSOE que salió «absuelto», digamos, de aquella rara moción. Si hubiese salido debilitado, confundido, abandonado e inculpado por la mitad de la Cámara que no controla (pero resulta que sí la controla), en Ferraz / Moncloa habría hoy menos confort de partido. Quiero decir que el tema Naseiro favorece obviamente a un Gobierno/partido que se «rehabilitó» en aquella extenuante, confusa y gratuita sesión. Favorecería mucho menos a un Gobierno/partido no rehabilitado, siquiera nominalmente y por un tiempo, del plural asunto de los Guerras. Pero, aparte correspondencias inmediatas, este rudimento político, «primero dispara y después pregunta», debiera aprendérselo Aznar para siempre. El juez Manglano, un hombre de la nueva generación, también, no sólo conoce el lema del Lejano Oeste, sino que se diría que lo ha inventado él. Ni siquiera ha actuado Manglano a requerimiento de ninguna denuncia. Primero detén y después pregunta. Pregunta largamente. Primero detén y después denuncia. No son sólo recursos de un juez. La estrategia resulta claramente aplicable a la actividad parlamentaria, y concretamente al tan recordado día de la moción. No sé si el señor Manglano ha actuado con urbanidad absolutamente jurídica y constitucional o no (me temo que sí). Sencillamente, ha cogido una ley y la ha llevado a su situación/límite. La oposición política tendría que haber llevado la moción de confianza a su situación/límite, igualmente, pero no lo hizo, ésa es su gran aljubarrota y no tiene ahora fuerza para criticar que en el país haya hombres, jueces o no, más rápidos en sacar, más tenaces, duros y decisivos. Uno hizo su crónica parlamentaria de aquello y concluyó que Aznar no es, de momento, el Cara de Plata legitimista que va para «presidente», según sus propias vallas, sino un Doncel de Sigüenza que duda entre las armas dialécticas y los libros de caballerías. La cobar día, la caución, el pactismo y las sonrisas de aquel día todos sabíamos que alguna vez habrían de tener un precio fuerte. Y la vez es ésta. Hoy, el Partido Popular podría estar, al menos, en igualdad de condiciones frente al PSOE. Por el contrario, el PSOE se encuentra nominalmente inmacualdo y el PP bajo sospecha. Esta incómoda situación es consecuencia de aquella enigmática e imperdonable debilidad. Aznar madruga ahora pidiendo una comisión para investigar a Naseiro. Felipe González no lo hizo con Juan Guerra, pero es que JG no era precisamente el tesorero general del PSOE. Con su propuesta, Aznar invita a los socialistas a hacer su propia purga, de modo que el Congreso no creará esa comisión, me temo, o la convertirá en «un tupido velo», como decía Jesús Ferrero en su dibujo de ayer. Un primer ministro con media Cámara en contra sería más vulnerable, digo yo. Aznar, en su día, no quiso/supo vulnerarle.


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