[ACTUALIDAD]
Fallo Premio Francisco Umbral al libro del año VII Edición. Ayer jueves 10 de mayo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2017 a Santos Juliá, por su libro Transición. El premio que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, presente en el acto, fue entregado por la presidenta del Congreso, Ana ...
[RECIENTES]
Entrega del Premio de Comunismo Francisco Umbral para Jóvenes escritores. Valladolid 2018 El jueves 14 de junio tuvo ...
Durante la Feria del Libro de Valladolid la Fundación Francisco Umbral organizó un coloquio el día 6 de junio con la ...
La localidad madrileña ha celebrado, como viene siendo tradicional, la entrega del "Premio de Columnismo Francisco ...
EL ARTÍCULO [del día] 13-04-1995, EL MUNDO
LOS PLACERES Y LOS DIAS
Le han dado el premio de la Crítica, poesía, a mi querido Antonio Hernández, que vino de Arcos de la Frontera, donde los hermanos Murciano, despuntando los 60, más o menos cuando yo, sólo que uno iba para funcionario de las letras y Antoñito andaba de poeta maldito en pobre, con el sombrero de paja de segador, el pelo rubio, un diente roto y una aureola odorífera a lo García Márquez que nos alejaba a los hombres, pero parece que atraía a las mujeres. Y es que un país tercermundista no puede permitirse el lujo de un poeta maldito, porque nos sale sencillamente un pobre de pedir. Le pregunté a una periodista progre, que había tenido amores con él, cómo podía soportar individuo tan espeso, a la vez que esbelto, y me dijo: - Es que, antes de irnos a la cama, primero le friego. Le habían dado por entonces un accésit del premio Adonais por El mar es una tarde con campanas, y, lleno de esa ingenuidad provinciana y literaria que nos ha movido a todos, se vino creyendo muy seguro que en Madrid se podía vivir ya para siempre de la gloria de un accésit de Adonais, mientras Vicente Aleixandre, premio Nobel, decía que «la poesía sólo da para merendar». Pero Antoñito cambió en seguida los versos por las suecas, y de ahí le salió un libro con un título que ya hubiera querido uno para sí: Nana para dormir francesas. Pasados aquellos años de vino malo y flores ni del mal ni del bien, sino una especie de flores democristianas, perdí de vista a Antoñito, que tanto habíamos sobrevivido a base de patatas bravas en Echegaray. Hasta que un día, yendo yo a dar una conferencia a una gran Caja de Ahorros, aquí en Madrid, me lo encontré de director de las actividades culturales de la empresa. Me alegró por él y lo sentí por la poesía, que acaba nutriendo con sus pálidas huestes los negociados del capitalismo. Pero Antonio no dejó los versos y seguía ganando premios. Era un andaluz de gracia sosa, de picardía cervantina y alma buena, era un rubio que gustaba a las chicas e incluso a algunos chicos, que con eso hay que tener siempre mucho cuidado. Se había puesto el diente, se había casado, luego estuvo en un Ministerio y se salvó, en fin, de la gallofa bohemia, que cada día va siendo menos. Hoy, las almas de los poetas malos ya no flotan en la Puerta del Sol, con la de Alejandro Sawa. Antoñito siempre ha sido generoso conmigo en sus juicios literarios, y si no hemos vuelto por Echegaray a comernos unas patatas bravas es porque la vida, ay, nos ha hecho dos señores respetables, o sea que nos ha echado a perder. Cuando Hernández ganó el premio que lleva el nombre de Juan Ramón Jiménez, leí el libro y me asombró el salto cualitativo y cuantitativo que había pegado el segadorcillo de Arcos. Joder qué poeta. Y encima, ya no olía mal. Al andaluz fino acaba saliéndole el manantío lírico que lleva dentro, antes o después. No hay más que tener paciencia y echarle algo de comer de vez en cuando, tampoco demasiado, no sea que se malogre. Con el premio de la Crítica, que, como dice Cándido, «es un premio esbelto» (me lo dijo cuando me lo dieron a mí), Antoñito Hernández alcanza la madurez y consagración de los mejores de aquella generación que quizás fue la penúltima del Café Gijón. La poesía también se aprende y a nuestro Antoñito lo ha hecho poeta Madrid, la frecuentación y la lectura de lo mejor. Supongo que vivirá de la burocracia, pero la burocracia no le ha matado. Enhorabuena, compi, y un abrazo. Pocos se salvan de las procelas madrileñas y muchos siguen en las patatas bravas. Antonio Hernández va arreglado, enamora como entonces y ahora ya no hay que fregarle.


Powered by Comunicación Singular S.L.