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EL ARTÍCULO [del día] 19-02-1997, EL MUNDO
La teleasco
Entre los variados juegos espurios de ese gran juego espurio que es la televisión o teleasco, hay uno que consiste (lo practican todas) en hacer encuestas en la calle sobre personajes famosos, populares, conocidos, importantes o frívolos, guapas o feos. Luego, con lo que la gente contesta, seleccionan, arreglan, manipulan y nos dan eso que ellos llaman «la voz de la calle». Mentira. Es una maña muy rústica para insultar y deteriorar grandes o pequeños nombres y personajes escondiendo la mano y el micrófono. «Me han puesto ustedes a parir». «Es lo que dice la gente». Pero ellos, los de la tele, han elegido «la gente» y luego han seleccionado y troceado las respuestas. Manipulación sobre manipulación. Siempre sale lo que les conviene, lo que les gusta, y encima lo llaman televisión democrática, porque es el pueblo el que se explica espontáneamente. Por ahí, por esa charca antiperiodística y antidemocrática andan, como por un bebedero de patos maricas, los Constantino Romero, el chulo ése del Mississippi y tantos otros y otras. Pero nunca preguntan a un notario, a un cirujano ilustre, a un archivero/bibliotecario, a una juez, a un académico, a un experto en nada, a un experto en todo, que también son la gente. Preguntan a «la horda», como decía Foxá, y la horda es la masa que los políticos y los ricos dueños de las televisiones han dejado sin alfabetizar. Nuestro socialismo no llegó nunca al macizo de la raza, a la plazoleta de la aldea ágrafa de los sinescuela. Quienes han llegado han sido los televisivos que no aportan nada y que sólo buscan efectismos infectos y eso que ellos llaman, con horrible palabra, «lo pintoresco», para que luego todos los burgueses nos riamos mucho con esa galería de desdentados, brutalizadas, tartamudos mentales y otros personajes del analfabetismo obsceno. A esa horda le echan nuestro nombre, nuestra imagen, para que la canibalicen con su dentadura rota del Seguro. Y lo suponen muy democrático. Son las mismas televisiones que luego, cuando hay una huelga de camioneros o de metalúrgicos, lo encuentran todo mal, a destiempo, inoportuno, a deshora, sospechoso y hasta un poco etarra. Siempre me pregunto cómo debiera ser una huelga para que la aceptasen nuestros grandes burgueses y nuestros políticos. Supongo que una huelga de guante blanco, con los albañiles de smoking, las petroleras de Del Pozo, y los parias de la tierra y la famélica legión diseñados por Isabel Tocino, entre Franco, San José Obrero y La alegría de la huerta, tipo zarzuela, o sea. Quiero decir que cuando habla de verdad el pueblo, el proletariado con conciencia de clase, trabajadores que saben explicar y defender sus derechos, entonces se dice que mienten o no se explican bien: se les calla o se les desoye. Pero ellos sí son el pueblo, y no la horda de Constantino Romero. Lo que dice el pueblo con formación política y laboral no nos interesa, es peligroso. Lo que dice la horda, en cambio, les hace muy bien el juego a los cientos de Constantinos Romeros que están jugando peligrosamente al fascismo con la demagogia de unos estratos no educados por nadie, anteriores a la Historia y a la Cultura. Aquí no es que se abandone a las tribus madrileñas y nacionales de la ignorancia, el extramuro y la indigencia, sino que se les manipula y retrata porque hacen muy típico y sirven para morder actrices e intelectuales, cuyos nombres ni siquiera saben pronunciar sino deformándolos. Esto es el socialismo de La Celsa y la democracia de La China y El Huevo. Todo muy Maastricht.


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