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EL ARTÍCULO [del día] 05-10-2001, EL MUNDO
Norma Duval
Las desgracias nunca vienen solas, dice el gentío. En Nueva York cayeron las Torres Gemelas, ejemplo universal de esbeltez, y en Madrid cae Norma Duval, ejemplo de lo mismo más una como sosería madrileña que en ella queda graciosa. Y digo que cae porque se ha separado de su marido, el extranjero simpático de apellido impronunciable al que relega a la categoría de administrador o administrativo, exento, imagino, del derecho de pernada que lucró tantos años. Es el otoño de las maravillosas. Concha Velasco no se entiende con Paco y Norma Duval ha encontrado un hombre poderoso del show business. Es la estación dorada en que mis palomas se arrullan y las diosas menores cambian su corazón por un naipe, llenas de nostalgia y obstinación. Nueva York no es Nueva York sin las Torres Gemelas, escultura dúplice, y Madrid no es Madrid sin los dúplices encantos de la vedette. ¿Quién es el talibán que ha venido a partir por la mitad la arquitectura poderosa y caliente de Norma? Otro misterioso y famosísimo señor Laden ha enviado sus aeroplanos priápicos y fatales contra el costado monumental de la artista. Norma es hoy una torre gemela (la otra hermana no hizo mucha carrera) que siempre se ha erigido sola en la noche de Madrid. Las desgracias nunca vienen solas y las estrellas nunca rinden su amor fuera de una página. Ya este verano vimos unos semidesnudos de Norma que, aparte sobresaltarnos el corazón, nos hicieron pensar que pasaba algo. Ella, la vedetona de la derecha, nunca se había desnudado tanto dentro del vestido de oro y temperatura que es ya en sí su cuerpo. Norma es la última diosa popular y menor de un género ya disipado, el revistón. El revistón era franquista y el público de la Duval también. Hubo un momento en que Norma llegó a ser toda la intelectualidad de Fraga o alguno de sus monaguillos, hasta que Aznar se metió también en eso y cambió a la chica del Viaducto por el poeta Luis Cernuda. No cree uno que estos cambios sean nunca para mejor, porque Norma estaba muy bien inventada y era una hacendosa de las variedades. Pero el cuerpo y la edad le piden renovarse ahora que aquella derecha ya no la adorna con sus banderas porque lo de hoy se llama liberalismo y tiene mejor gusto y es menos pendón. El avión comercial y suicida que se ha estrellado contra la bellísima deja muertos bajo los escombros sentimentales a varias generaciones de españoles que practicaban el talibanismo de la hembra colosal y el cuplé cantado sin voz, dicho sin pecado pero con mucho sentimiento y mucho muslo. Busco y no encuentro aquellas fotos del pasado verano equivalentes a las fotos de la catástrofe de Nueva York. Norma había reducido su ropita de baño hasta proporciones belicosas. Aquí está pasando algo, me dije, o ella le ha pegado una puerta o viene la tercera guerra mundial. Cuando una hembra decente se desnuda tanto, y veraneando sola, es porque cambia el milenio. Aquella derecha la ha dejado de la mano y Norma, perdida la fe política y la otra, se ha pasado el verano con un tanga. Nos va a hacer muy felices, pero no volverá a ser, ay, aquella maravillosa fascistona que era.


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