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Fallo del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2013. El pasado martes 4 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca Francisco Umbral de Majadahonda el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2013 a Rafael Chirbes, por su libro En la orilla, editado por Anagrama. El premio, que está dotado con 12.000 € y una escultura de Alberto Corazón, fue entregado ...
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EL ARTÍCULO [del día] 12-04-1994, EL MUNDO
Los insumisos
Parece que el Ministerio de Defensa va a regular y mejorar a fondo las condiciones de prestación del servicio militar, a la vista del enorme crecimiento de insumisos y objetores en España. Julio Anguita ha dicho: «Los jóvenes no quieren hacer la mili ni en hoteles de cinco estrellas». A uno le parece que el Gobierno y el Ejército no han entendido, o no quieren entender, qué es lo que pasa con la juventud y el cuartel. Y lo que pasa es algo más que las anécdotas, novatadas y víctimas casuales o caballos cepillados o por cepillar. Lo que pasa es que antes se hacía la famosa mili entre la obligación y la ignorancia, entre la inercia y una euforia rural de poco pelo. La mili suponía, para miles de mozos, salir del pueblo por primera vez y ver mundo. Luego ocurría que, además del mundo, acababan viendo el demonio y la carne. Hoy sucede, por el contrario, que los verdaderos valores han caído, están entre paréntesis, y en cuanto a los valores convencionales, en cuanto a las inercias de mitin cuartelero, eso ya no conmueve a nadie. La juventud española, como la de casi todas partes, es pacifista, no entiende la causa última de las guerras, porque no la hay, y hemos llegado a una suerte de transparencia histórica en que los ritos y ritmos de la tribu han perdido toda vigencia, se miran como en un museo, desde la lejanía de la propia vida particular. Así, Cela denuncia la Justicia en su último libro. En principio, y según los periódicos, parece que los chicos no quieren hacer la mili porque es dura, porque es larga, porque es violenta, etc. Pero, en el fondo, la verdad es que no quieren hacerla porque no la entienden, porque se les aparece absurda, anacrónica, como no entienden el ejército ni la guerra. Seguirá habiendo guerras, porque el hombre es un animal peleón y mal calculado, y también porque subsisten los grandes empresarios de la guerra, que siempre es un negocio para alguien. Pero esas guerras habrá que hacerlas, ya, con ejércitos profesionales a quienes estará encomendada la defensa contra hipotéticos ataques no sabemos si de los marcianos, los criptonitas o los rusos, que se han vuelto zaristas. La Historia, ya digo, se va aclarando, como las pinturas de la Capilla Sixtina, a medida que la racionalidad pasa un trapo por encima. Resulta muy difícil, ya, engañar a las nuevas mocedades con unas mentiras trascendentales en las que sólo creen quienes las dicen, y no siempre. Si en algo hemos progresado los hombres es en capacidad de escepticismo, y el fin de siglo, el fin de milenio nos coge bastante lúcidos, paseantes y contempladores del revés de la trama del gran tapiz de la Historia. Las razones y tabúes de veinte siglos parece que ya no funcionan. Las ideas se han fosilizado en creencias y las creencias en inercias. Pero la juventud está contra la inercia histórica y ha descubierto nada menos que el presente, que tiene su expresión lúdica en la droga y la velocidad (dos metáforas de la libertad) y su valoración de absoluto en autores como Borges, más que en los grandes sistemas filosóficos. La filosofía es hoy un cementerio de mamuts como Europa va siendo un cementerio de catedrales que mueren, no por falta de restauradores, sino por falta de fe. El problema casi costumbrista de la mili ocurre que en verdad es el problema de la crisis de Roma, Carlomagno, Europa, Napoleón, el Imperio, Hitler y Stalin. El hombre sublunar y finisecular está abandonando la Enciclopedia Británica para cultivar su jardín como Voltaire. Claro que Voltaire, al final, fundó una capilla con su capellán. Nunca se sabe.


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