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EL ARTÍCULO [del día] 02-04-2003, EL MUNDO
Dibujo de la guerra
Toda guerra es una catarsis por cuanto pone al hombre y a los pueblos en situación de purgarse de sus apariencias, de sus mentiras, de sus ideales históricos y de su presencia fingida ante los demás. Recibimos una nueva guerra como un fenómeno natural, como la eclosión de un volcán o el desbordamiento de un río, pero se trata en realidad de una eclosión y un desbordamiento históricos.Aunque cueste decirlo, la guerra es catártica y devuelve a la gente y los países a su verdadera naturaleza primitiva o su mala naturaleza histórica. El mundo, nuestro mundo, llevaba muchos años viviendo el minué de la diplomacia y ahora, de pronto, se le rompen las costuras y se produce la eclosión de la verdad.No hace falta que la juventud se desnude porque todos andamos desnudos, ahora, con nuestra verdadera identidad, que muchas veces no es una identidad sino un mero oportunismo. Gracias a esta guerra sabemos fácticamente que los Estados Unidos no son la joven bandera de la democracia sino una revolución industrial permanente cuyo primer producto lo constituyen las armas de fuego. Estados Unidos se resume así: La industria armamentística y el Séptimo de Caballería. En cuanto a Europa, hemos vivido unos años de cortesanía versallesca dando por supuesto que éramos una unidad de destino en lo intelectual y que Estados Unidos nos respetaba por nuestro poder moral heredado de Grecia y renovado en el Renacimiento, hasta llegar a la eclosión de la modernidad con la Revolución Francesa. Bien, pues todo eso eran cosas que nos contábamos a nosotros mismos para disimular nuestra indigencia de café y perpetuar aquella generación retratada por Nadar y en la que se destacan Rimbaud y Paul Verlaine, pero herederos todos ellos del príncipe como mendigo que fue Baudelaire. Ya no se inmortaliza uno mediante las sales de plata sino mediante las subidas de la Bolsa. Los países con intereses en el Tercer Mundo se desocultan vergonzosamente en esta guerra, donde ya no los retrata Nadar sino el Financial Times en su atmósfera salmón. Somos la Europa de los prestamistas y no tenemos dinero para ayudar a Sadam ni para derrocarle. Sencillamente, no tenemos dinero. El señor Powell, que es el manda de la cosa, dice que ellos, los yanquis, no querían entrar en la guerra, pero se han visto obligados. Estas mentiras las dice doña Ana Palacio y quedan ingenuas y patrióticas, pero las dice Powell y se revelan falsarias y cínicas. Si hacemos un sencillo dibujo de la guerra lo que sale es que Sadam Husein, como todos los señores del petróleo, permanece sumido en lo que fui el primero en llamar medievalismo y quiere hacerle a Occidente una guerra de moscas y de gripes, porque el arma secreta de Oriente Medio es la falta de higiene. Estados Unidos tiene petróleo en Alaska, pero le mola más el petróleo iraquí. Sadam tiene palacios por doquier, pero no soportaba el desafío nocturno y esbelto de las Torres de Manhattan. Por estas pijadas se hacen las guerras. Esto es una catarsis donde todo el mundo va con su verdad por delante y en primer lugar, ejemplarmente, los profesionales de la farsa, que han sido los más sinceros denunciando la guerra. La verdad, la cruda y sucia verdad, anda suelta por la calle, pero la verdad, tan prestigiosa, no tiene ningún valor ni interesa a nadie. Volvamos a nuestras confortables mentiras.


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