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EL ARTÍCULO [del día] 07-06-2002, EL MUNDO
Faltar a misa
Parece ser que el pasado domingo se produjo en España una ausencia de fieles a la santa misa que se ha interpretado con alarma como una respuesta a la pastoral de los obispos vascos o a la tibia reacción de la Conferencia Episcopal. Es éste un plebiscito con el que no contábamos, pero que resulta muy revelador para entender el catolicismo raso del pueblo español, este pueblo que sigue de cerca a sus párrocos pedáneos y no perdona una traición a España o un abuso de menores, aunque sea por equivocación o por probarlo, que el celibato es muy cruda arpillera para toda la vida. Nuestra Iglesia sabe, a partir de ahora, que no tiene al pueblo seguro ni las almas atadas con lazos azul purísima. La misa es un plebiscito dominical adonde la feligresía acude para cumplir un sacramento, pero también para comprobar que los curas siguen en el buen camino y no se han desviado detrás de un rojo, de un etarra o de un colegial rubito. Están pasando muchas cosas en la Iglesia católica, dentro y fuera de España, y al gentío ya no se le asusta con el sermón sobre la adúltera, que ya todos están en el secreto, sino que la gente se ha politizado y no quiere curas nacionalistas ni curas de armario, que hoy abres el armario de la sacristía y lo mismo puede salir un batasuno que una loca con sotana y mucha bragueta. El fiel creyente no entiende eso de que los obispos se reúnan en Madrid, algunos de paisano, para redactar un documento en blanco sobre el tema vasco o para tomar modelo de Estados Unidos, donde al cura se le perdonará la pederastia siempre que se limite a la primera vez, ignorando que alguna vez tiene que ser la primera, y que luego vendrán inexorablemente todas las demás, a no ser que el niño mate al cura con un plumín de hacer letra inglesa.El catolicismo español es berroqueño, exigente, evangélico, lo que quiere decir justiciero, de alguna manera social. Desde la cabeza de partido judicial se ve eso de Madrid como una movidilla en Pasapoga, igual que si fuera una cita de gobernadores civiles del Movimiento. Los resultados son el hacer el número de Pilatos, que se lavaba las manos como Dios, ante el problema etarra, y hacer el número americano de guardar a los curas heterosexuales en el armario para que no pasen del primer pecado y no se pierdan detrás de un párvulo arisco o una parvulita como lo fue Nevenka en Ponferrada, cuando entonces. La Iglesia española ya sabe que España, desde el domingo, no es que haya dejado de ser católica, como preconizó Azaña, sino que a más de desechar el latín quieren que se les hable en castellano bien cortado y se les diga si lo del País Vasco es herejía o qué. La Iglesia ha dado un paso al frente en la cuestión vasca, pero el pueblo no la sigue y se salta la misa del domingo, que hubo rana y chirlatas en todos los pueblos de España, a la orilla del río, que venía el agua con cargazón de primavera y había como un panteísmo difuso y rural en el aire de tu vuelo. Se han cambiado las tornas y el feligrés ha pasado a controlar y perseguir al cura. Esta vez no vamos a quemar iglesias, pero sí quemaremos el armario de la sacristía en cuanto el párroco se vaya a la capital, y en el armario viven sacristanejos sarasates desde Carlos III, que era masón.


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