[ACTUALIDAD]
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[RECIENTES]
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EL ARTÍCULO [del día] 09-07-2002, EL MUNDO
Los turistas
Ya vienen por Europa, mayormente por Europa, los turistas que quieren pisar el sol de España y que la hoguera peninsular y festival les abrase las carnes en el gran parrillón del verano.Ya vienen los turistas, madre. Esto, hace años era un acontecimiento nacional, económico, visual. Ahora no es más que una operación comercial decididamente rentable. Quiere uno decir que allá en los sesenta y setenta los turistas traían mucha novedad, muchas costumbres, y eran todo dólares y conducta. Pero luego hemos aprendido que la sueca y la noruega tienen el ombligo en el mismo sitio que la española, y también muy limpito. La sueca ya no es novedad por sus costumbres, sino que en esta parroquia entró el amor libre a braga quitada. Gracias a las suecas -suecas de Inglaterra, de París, de Alemania, suecas de Finlandia, suecas de Suecia-, gracias a las suecas, digo/decía, aprendimos a peinarnos sin arriba España, a lavarnos los pies, a cobrar un cheque cruzado, el de la bien pagá y el mal pagao.Gracias a la sueca prescindimos de la guayabera, de los pantalones de domingo y de los zapatos acharolados para ir a la playa. Las suecas nos educaron, nos hicieron unos hombres, nos limpiaron los mocos, y yo recuerdo una sueca que me enseñó a tener conducta, a no tener celos, a hacer el amor sin prisa y a hablar en inglés sin saber inglés. Toda sueca (de París para arriba todas son suecas) lleva dentro un hispanista en tanga que se interesa por la confección de nuestros vinos, por el baile del pueblo, por el ritual de las bodas, por el mito de la virginidad y hasta por la Guerra Civil. Para ligar suecas a fondo había que ser el hispanista de uno mismo, pues resulta que sabían de España más que nosotros. Lo pagaban todo a medias, pero se lo cobraban en aprendizaje, y había la que te pedía el reloj de pulsera para guardárselo debajo del colchón hasta después del amor, como garantía de que íbamos a cumplir y no a robarles el traveller. Pero todo aquello pasó con el franquismo y ahora te toca darle un repaso completo a la generación del 27 antes de irte de la cama, mayormente García Lorca, aquel poeta toguegó que quemara Franco en la hoguera, y cuya antología llevan ellas en la mochila muy erudito de arena de la playa y más bien poco leído. Hemos dejado de ser un espectáculo para el turismo internacional, pero vienen más que nunca porque hay más facilidades y porque para ubicarse en España ya no necesitan salir de Europa. Nos tratamos de igual a igual con el turismo y eso que hemos ganado en internacionalización, pero lo hemos perdido en color local, Romero de Torres y patilla árabe. Ahí quería yo llegar. Odian ahora al mundo árabe porque acaban de leer a Oriana Fallaci. Es un año de odio eterno desde la caída de las Torres y lo último que puedes hacer es hablar de tus ascendientes granaínos o de tu circuncisión religiosa, porque la sueca no quiere saber nada con un pene mahometano. Lo que hemos ganado en europeización, gracias a las suecas, lo hemos perdido por culpa de Bin Laden, pues España les huele a moro y eso no se arregla ni levantando el nuevo y gran Barajas. Nos entendemos, ya digo, de igual a igual, pero que nadie piense en ligarse una chai nórdica vestido de Yasir Arafat.


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