[ACTUALIDAD]
Entrega del Premio Libro 2018. El martes 19 de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2018 a Antonio Soler, por su libro Sur. El premio dotado con 12.000 € por el Ayuntamiento de Majadahonda y una escultura de Alberto Corazón, en esta edición ha sido también patrocinado por Caser ...
[RECIENTES]
El 20 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca Municipal de Majadahonda un encuentro con el escritor Antonio Soler, ganador ...
La Dimensión de Francisco Umbral como escritor español y como autor europeo, vuelve a ser reconocida fuera de nuestras ...
La Fundación Francisco Umbral dio a conocer el 30 de enero en la sede la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio ...
EL ARTÍCULO [del día] 25-05-1994, EL MUNDO
La novela negra
Hammet, Chandler, Chase y otros. Ahora se cumple el centenario del nacimiento del primero. Son los creadores de la novela negra norteamericana, que ha venido a ser, vista con perspectiva, la gran novela social de aquel país. La novela negra, buena o mala (pero ahora sólo pensamos en los grandes, naturalmente), se sitúa en ese territorio cimarrón donde se confunden la ley y el delito, el criminal y el policía, la democracia y la corrupción. El gran acierto de estos autores, casi todos marginales, alguno negro, todos ellos lumpem literario, es su radicalidad, de modo que hacen nacer sus novelas en el origen mismo, pútrido y cómplice, de la democracia capitalista, de la democracia americana, a cuyo modelo se están adaptando hoy las democracias europeas, y por supuesto la española, con toda su novela negra de corrupción y muertos (de muerte natural, como Pedro Toledo) que ya no pueden dar testimonio. Cuando los grandes novelistas americanos -Mailer, Wolf- quisieron hacer crítica y denuncia a fondo de aquella democracia de mafias, han tenido que imitar los procedimientos de la modesta novela «policíaca». La novela negra es la denuncia literaria más radical y verídica de un sistema como el americano, cuyo malmaridaje Constitución/Mafia ha vuelto al subconsciente colectivo con la muerte de Jacqueline Kennedy. La mejor gloria de la novela negra, y prueba de su eficacia crítica, es la fuerte censura a que ha estado siempre sometida, sobre todo cuando se la lleva al cine. Hay un guión de Chandler, «La Dalia Azul», donde el asesino es un marine recién vuelto de la guerra, pero como en la Sexta Flota no puede haber asesinos, Chandler tuvo que cambiar el final, aunque se negaba, a base de whisky y dinero, poniendo de asesino al sospechoso tópico. Graham Greene, un excelso rondador de este género, se lamentaba de cómo se censuraban sus películas en Hollywood, y concretamente una, porque «ridiculizaba» los servicios secretos. La novela negra es el más claro exponente de que la democracia capitalista no funciona, o, por mejor decir, funciona como una seda en su sistema de violencia, extorsiones, muertos, confusión justicia/delincuencia y, sobre todo, un pacto eterno, constante, actuante y tenso entre las grandes instituciones y los «gobiernos» en la sombra, los gang y las mafias. Hay otra fórmula, la democracia socialista, la democracia del reparto y no la del liberalismo monetarista, pero eso no se ha intentado nunca ni se va a intentar, ni en Europa ni en América. El gran género literario y cinematográfico de Estados Unidos es el thriller, que nace, como hemos dicho, en el enclave mismo, en el albañal que comparten los pistoleros, los políticos, los banqueros y los policías. La novela negra mata a Kennedy y a otros presidentes. Franco censuraba ingenuamente los besos en unas películas que venían ya de Hollywood muy censuradas en algo más importante que un beso. Antes leíamos a esos grandes autores populares, hoy centenarios, y que fueron grandes porque tenían a mano un material tan sangriento y confuso como el de Shakespeare. Ahora nos encontramos en España con argumentos tan lóbregos como los de Hammett, Chandler o Chase, y algunos periódicos los cuentan a su manera, tanto o más eficaz, ya que los novelistas andan de corazones blancos. El protagonista de la novela negra es siempre, significativamente, un hombre liminar entre la justicia y la delincuencia, un solitario, un cínico, un desengañado. Hoy, en España, ese tipo de sombrero hacia atrás y cigarro apagado es algún que otro periodista. Y ya tiene «la muerte en los talones», por decirlo con el estilo de aquellos viejos maestros.


Powered by Comunicación Singular S.L.