[ACTUALIDAD]
Presentación Ensayo sobre Francisco Umbral . EL pasado viernes día 24 de mayo de 2019 tuvo lugar la presentación del ensayo sobre Francisco Umbral, “Francisco Umbral y la desquiciada eufonía” (Manuscritos, 2019), de Diego Vadillo López, en la Biblioteca Municipal Luis Parra de Villanueva del Pardillo. Ver información en Nota de Prensa ...
[RECIENTES]
Publicación en EL Mundo del artículo dedicado a Pitita Ridruejo por Umbral. ...
Entrega del Premio de Columnismo Francisco Umbral para Jóvenes escritores. Valladolid 2019 El miércoles 8 de mayo tuvo ...
La localidad madrileña ha celebrado, como viene siendo tradicional, la entrega del "Premio de Columnismo Francisco ...
EL ARTÍCULO [del día] 02-09-1992, EL MUNDO
Los cadetes
Parece que a los cadetes de Artillería les hacen regalitos periódicamente sus superiores, y un alto mando ha dicho, para justificar tan tierno rito, que «es una costumbre muy bonita». Los eternos descontentos de Izquierda Unida y otros profesionales del cabreo ya han dicho que eso hay que investigarlo, pero la verdad es que a uno le gusta la entrañable costumbre militar de los regalitos, de los periódicos presentes, hoy una estilográfica monísima, mañana un reloj de sueño, por ejemplo un Maurice Lacroix/Quartz, un suponer. Resulta conmovedor saber que nuestros adustos militares, a quienes siempre hemos tenido por el enemigo natural de la población civil (yo he llamado al Ejército «el coloso triste»), llevan entre ellos una vida de cuerpo que es casi familiar y que viven en un perpetuo día de su santo o efusión navideña. Porque tengamos en cuenta que nuestro Ejército, como decía Neruda, hace mucho tiempo que sólo gana batallas contra los propios españoles, y que nunca se han integrado en la sociedad, y menos en la democracia socialista. Del Ejército español siempre se espera el pronunciamiento o la llamada para tallarnos. Son las dos únicas cosas para las que nuestros militares suelen contar con los particulares. O nos tallan o nos bombardean. Nunca he entendido por qué a los cabos y coroneles les preocupa tanto eso de que seamos altitos. Todo el Consejo Superior del Ejército pendiente de ver si el quinto ha crecido un centímetro. Ahora, en cambio, sabemos que existen entre los mandos y los cadetes unas relaciones paternofiliales y navideñas que pueden humanizar mucho al mílite y al équite nacionales. Ni la OTAN ni la ONU van a culturizar a nuestros mandos tanto como esos dulces regalos que los audaces cadetes de Artillería van recibiendo durante la carrera. Yo no castigaría el hecho, como ahora se pretende, sino que lo haría extensivo a las otras Armas. Mientras tanto, los soldados rasos reciben alguna que otra hostia del cabo o del sargento, caen agotados en las marchas y alguno que otro se mata con el arma que nadie le ha enseñado a manejar. Crece y se adensa el contingente de los objetores e insumisos, la prestación militar es una alarma, una obsesión, un peligro, un miedo entre la juventud española, que no es belicosa ni entiende el sentido último de ese sistema lóbrego de premios y castigos, ni ese juego de muchos meses con armas que no desea y por causas que se han quedado en retórica del XIX. ¿No habría manera de que a los reclutas, en lugar de hostias, se les repartiesen también, de vez en cuando, relojes cromados, bolígrafos de platino, encendedores bic y otros delicados detalles, a más de algún beso en la frente, paternal y casto, por parte del teniente coronel? Parece como un poco clasista eso de que el pueblo no profesional vaya de carne de cañón a las guerras de Bush, mientras los altos mandos de Artillería y sus cadetes se intercambian bagatelas sentimentales que no cuestan mucho, quizá, pero que tienen en sí el valor de la intención, un detalle siempre es un detalle. La Academia de Artillería me parece a mí que ha encontrado la manera sencilla y eficaz de humanizar, modernizar y alegrar nuestra sombría vida de cuartel. Mi amigo García Vargas no debe castigar a nadie por eso, sino hacer que cunda el ejemplo. El cadete que ha tenido una juventud llena de regalos, afecto y plumas/fuente, luego será más tierno con sus soldados y también les regalará muchas chucherías. Pero de momento no va por ahí la cosa, sino que lo que hay que destacar hoy es el delicado contraste entre una oficialidad que se reparte fruslerías mutuamente y una tropa a la que sólo se le reparten hostias y rancho. A lo mejor regalando bolis a los insumisos les entraba la cosa patriótica.


Powered by Comunicación Singular S.L.