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EL ARTÍCULO [del día] 18-03-1996, EL MUNDO
Don Manoliño
Ya está don Manuel Fraga en Madrid, o ha estado, ya vuelve donde solía, con los suyos. Hace tiempo predecía uno aquí que, si el PP obtenía victoria, don Manuel no iba a faltar para mojar o mojarse. Pero el caso es todavía más fuerte, porque yo creo que don Manoliño viene para echar una mano, para arrimar el hombro en momentos difíciles, ese hombro suyo, poderoso, que ha hecho avanzar formidables y espantosas máquinas como el franquismo, la Constitución o la derecha democrática. Con su personal estilo de hacer política, entre la violencia y la intuición, entre la audacia y la sabiduría, Fraga pudiera ser el hombre clave, el factor humano que ayude a Aznar a salir del jardín en que se ha metido o le han metido los socialistas y catalanistas. Quizá no se note nada de momento, pero en la política de pactos del señor Aznar algo revelará en seguida que la mano enérgica y segura de Fraga está vistiendo al muñeco. Con los años y los desengaños, Fraga es hoy un político de cuerpo entero, un demócrata de derechas, un conservador inglés, algo así, y su cabeza es la única que puede lucir airón en la lid con González y Pujol. Al PP, o lo salva su fundador o no lo salva nadie. Fraga en Madrid es la Gran Berta, aquel cañón que tanto juego dio en la guerra del 14, nunca se había visto nada semejante. Fraga es la Gran Berta de una derecha puteada, desconcertada y en bragas, cuando Aznar no consigue que acabe de sentarle el tul desilusión de la investidura, porque va a ser una investidura algo desilusionada. Como don Manoliño no da puntada sin hilo, a fuer de gallego, hay que pensar que si ha abandonado su rincón feudal y valleinclanesco, su virreinato de lluvia y meditación, es para acudir, presto y hermético (por una vez) a la crisis y el conato que vive su amado partido, hijo de aquella Santa Alianza que tanto miedo pusiera en los felices años de la Transición. Fraga sí puede pararle los pies a Felipe (ambos los tienen redondos). Fraga sí puede decirle una palabra más alta que otra a Pujol, de nacionalista a nacionalista. Fraga reúne la audacia y los reflejos de Glez., más la retranca galaica y algo así como un siglo de ciencia y acción política, desde el encarcelamiento de Ramón Tamames hasta la introducción bajo el bigote de Franco del porno duro de arte y ensayo, que Ruano glosó lacónico: «Con Fraga hasta la braga». Don Manoliño trae consigo lo de la Administración Unica, que no es mal invento, y trae sobre todo un siglo de España. Esos nueve millones de votos largos, que él jamás tuviera, y que ha obtenido su delfín, puede administrarlos con sabiduría y maldad, con intención e insolencia, porque a Fraga se le ocurren cosas todo el rato y Glez. a él no le corta un pelo. Ni Glez. ni Dios. No se trata de salvar a la derecha, que de todos modos tiene poca vida en el siglo XXI, con Poder o sin él, pero sí de hacer que se cumpla la simetría democrática, para que el último destrozo del felipismo no sea precisamente una herencia de descrédito de las urnas. Cúmplanse los reglamentos, como pedía Romanones, y luego que venga la leal y furiosa oposición de González, que no dudamos será un gran espectáculo de estética política, todo de garra y sutileza, como el tigre. Mas para eso hay que pasar primero por encima de don Manoliño, que hay cadáver para rato. El no vendrá como el Cid a ganar batallas después de muerto, ni a perdonar a sus enemigos, porque a todos los fusilará primero, como Narváez.


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