Fallo VI Edición Premios Francisco Umbral

Ayer  lunes 8 de mayo de marzo tuvo lugar en la Real Casa de Correos el acto de entrega del Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2016 a Fernando Aramburu, por su libro Patria. Ante un auditorio abarrotado donde junto al presidente del Gobierno se encontraban la Presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor; los Ministros del Interior y Educación y Cultura; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina ...
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EL ARTÍCULO [del día] 03-12-1996, EL MUNDO
Otro depurado
Después del caso Félix Grande, que está en el aire, se ha cumplido la anunciada depuración de Adolfo Marsillach, que venía conduciendo en la Comedia la compañía de teatro clásico español con todo su largo oficio, su original personalidad y su concienzuda e imaginativa manera de hacer funciones. Adolfo había conseguido realmente aproximar los clásicos al gran público. Ahora le echan. No es fácil encontrar en nuestro mundo escénico un artista tan original, arriesgado, preciso y constante como AM. Entonces ¿por qué le depuran? Se trata, como en otros casos, de una depuración claramente política, ya que nuestro amigo hace bien su trabajo y no había cometido ningún desafuero profesional ni administrativo ni nada. Ni siquiera suele meter a su chica, Mercedes, en las funciones que hace, como es uso. Esta política de depuraciones que viene practicando el PP en el mundo de la cultura (y supongo que en otros), no se resuelve con largas cartas exculpatorias ni con el argumento de que el PSOE hizo lo mismo en su largo mandato. Esto lo que hace es confirmar que no venían a regenerar la España felipista sino a agravarla. Porque se da una curiosa circunstancia, y es que el artista y el intelectual suelen estar en la izquierda, de modo que los socialistas tuvieron con ellos, casi siempre, a la mejor gente de España, para protegerla, prostituirla o potenciarla, llegando así a la creación de una cultura felipista. Algunos abusos dejaron de serlo en cuanto que el elegido y privilegiado era por norma superior a todos los anteriores. Siempre se ha dicho que la intelectualidad es de izquierdas. Suena ya a tópico, pero también suena, ay, a verdad. El problema de los mentores intelectuales del señor Aznar es que talan el árbol sin tener previsto nada para sustituirle, siquiera sea una vecinal y castiza maceta. De un modo u otro, están llenando nuestra vida artística de populares y castizas macetas. Los árboles no dejan ver el bosque porque ya no hay bosque. El bosque cayó con los árboles. El patio, ahora, la corrala nacional de la inteligencia y el espectáculo, se puebla de hombres/maceta, ya digo, que son segundones y tercerolas de los respectivos oficios, y a quienes habíamos conocido de siempre como aficionados persistentes, amiguetes de copas o reservistas de poca fortuna. Y generalmente más conservadores que Adolfo Marsillach, este hombre que sólo sabe trabajar revolucionando. Nos parece torpe e inútil este renuevo sistemático de los consagrados valores nacionales, sustituidos por una dorada mediocridad que no deja de tener su gracia. El espectáculo es habitual en la vida política, sólo que la izquierda, ya digo, es más afortunada en los abusos, porque dispone de mejores tréboles en su póker. Aznar ya ha descubierto que está escaso de votos, de amigos, de periódicos, de talibanes, de hombres de confianza, de pensadores políticos y consejeros áulicos que valgan la pena. En esta desertización personal y de partido, ahora va a descubrir que tampoco tiene escritores, directores de teatro, intelectuales hispanoamericanos, unas falanges culturales con que adecentar los malos tiempos. La bella y amiga PP Norma Duval me había prometido una bufanda para este invierno, pero la bufanda nunca llega. Le han debido advertir que no es honesto tejer o hilar para rojos. No sabes qué catarros sentimentales, Norma. Pero te quiero igual.


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