Luz de gas
EL otro día no era más que una sospecha. Hoy es ya una ruda realidad que se llama Virgilio Zapatero: nos están haciendo luz de gas. A los periodistas, me refiero.
Primero Felipe González nos insulta en su 32/Cosa. A mí no me duelen los insultos siempre que sean literarios, ingeniosos, certeros. Pero eso de «plumíferos» es como de redactor ágrafo de anónimos de ésos que de vez en cuando llegan a los periódicos.
Semprún insulta mucho mejor, no hay color, es otra cosa, se ve al escritor, claro. Y Alfonso Guerra. Pero el presidente no sabe insultar. Quizá por ahí le sale su natural bondad. Bondad que le lleva luego, en rueda de Prensa, a pedir perdón a los periodistas, con matizaciones. Y mientras Felipe pide perdón, se pone en marcha una investigación a las empresas periodísticas, una operación «levantar el velo» que se llama Virgilio Zapatero.
Cuando las cosas se llaman Virgilio Zapatero es que van en serio. Luz de gas, ya digo. Insultan, se disculpan y luego amenazan. No comprenden que los periodistas somos espíritus sensibles, que llevamos dentro un Yehudi Menuhin e la noticia y se nos puede saltar una cuerda del violín. Quieren saber «qué ocultan las empresas periodísticas». Pues qué van a ocultar, hombre: unos cuantos accionistas y empresarios que además tienen una fábrica de galletas, un lío entre un jefe de sección y la chica de las fotos, un paquete con las devoluciones (es lo que más se esconde, claro) y una cadena del wáter que no anda.
«Se trata de conseguir la máxima transparencia, ya que la libertad de Prensa está por encima de la libertad de empresa». Fino sofisma según el cual lo que va a hacer el Gobierno es proteger nuestra libertad, la de la Prensa, contra los burgueses que nos atropellan. Acabaremos juntos, Gobierno y periodistas, cantando «La Internacional», con himno y bandera, que, como dice Beatriz Pottecher, parece cosa de colegio. Ocurre que cuando el presidente del Gobierno y secretario general de la cosa se ratifica en la libertad de mercado, la libre empresa, la creación capitalista de riqueza y todo eso, van a llenarse de rubor y escándalo al descubrir que detrás de un papel impreso hay accionistas, empresa, beneficios, pérdidas, ejercicio contable, intereses comerciales y todo lo que ellos mismos trajelan en su Prensa, su televisión y sus empresas nacionales, estatales o de Ruiz-Mateos. ¿Qué esperan encontrar detrás de las bobinas de papel, la secretaria del director, que suele ser rubia, el suplemento literario, que suele llevarlo una morena fina y firme, detrás del motorista y su moto, detrás de la rotativa, los proletas de talleres con su bocadillo, el presidente con sus manías y el botones con sus pajas? Quizá, una conspiración judeomasonicomarxista, el Cártel de Medellín, una Conferencia Episcopal cismática, unos Niños de Dios enculados, el «baile de los ardientes» de Paco Nieva, con narcos y travestís bailando salsa, una secta, unos monederos falsos, las cuevas del Vaticano, una timba de parchís heavy, una residencia de ancianos atados a la pata de la cama, un sindicato clandestino de pobres con muñón de la Gran Vía, dineros en paro y argelinos de Ana Tutor
Pues no. Se van a encontrar lo de siempre en todas partes, lo que ellos han venido a consagrar y redimir con las ilustres siglas PSOE: capitalismo. A mí me conmueve que Virgilio Zapatero, con quien hice un viaje a Nueva York cuando él estaba en la oposición (yo sigo), auspicie al Gobierno, las leyes y las armas para defendemos a los periodistas de quienes ponen el papel para que uno pueda «realizarse» en la prosa.
Enfrentar la redacción, los talleres y la empresa entre sí es fomentar la lucha de clases (cuando ellos se declaran interclasistas) y a la larga desmembrar un periódico. Peor que censura: luz de gas.

