Los intocables
El terrorismo empresarial está luchando casa por casa en el mundo de la información y la comunicación. Ayer la casa se llamaba Antena 3 y hoy se puede llamar EL MUNDO, como antes El Independiente, y en este plan. Es la belleza siniestra del capitalismo salvaje, auspiciado ahora por el socialismo rampante, para mayor confusión y risa. Parece que están ahí Los Intocables del dogma y el palacio, los geos intelectuales y bancarios del Poder, «os bombeiros voluntairos» que apagan todas las fogatas de libertad y verdad que vamos prendiendo en las esquinas más azotadas de esta alegre y sombría democracia.
El terrorismo empresarial de la comunicación no tiene forma definida ni espíritu definitivo, sino que es una voluntad aleatoria de mal, al servicio siempre del poder político y en beneficio del negro monopolio interior que puede hacer de nuestra prensa, radio y televisión no sólo un millonario mercado unipersonal, sino una franja social tan homogénea, neutra, aburrida, pontifical, tediosa y solemne como la que llegó a consolidar Franco en cuarenta años. A éstos les ha bastado con diez. Y todo bajo el ademán magno, la vestidura grave y el diseño frío y ominoso de la sobria modernidad, la impasible objetividad, la hermética, lacónica y desconocida verdad.
Lo que empezó siendo una empresa moral de austera gracia londinense se ha ido transformando en la vaina seca y opaca de un dogmatismo laico y personalista, de un autoritarismo corporativo y un espíritu de cuerpo referido al cuerpo serrano de un solo señor.
Tiene uno escrito que el intelectual es la más puta de entre todas las amantes del político. No sabemos ni nos importa si nuestro gran político europeísta tiene amantes (ojalá, y mejor para él), pero la que a la larga le saldrá más cara es la Prensa, determinada prensa (ahora sin mayúscula), que le está utilizando en la misma medida que es utilizada, y que un día se le puede volver, pues buenos son, y morderle como muerde un gato siamés, que los otros no. Calcule el político que todo ese poder de comunicación que él ha auspiciado y que hoy le aforra de letra impresa, plomo y literatura marengo, llegue el momento en que se ponga contra él y le desdiga, por haber encontrado mejor padrino o mayor beneficio. En tres días y cuatro editoriales lo dejan hecho una braga. El Poder ha creado en el mundo de la comunicación un cuerpo de intocables que le hacen el trabajo sucio, queman para él oro, incienso y mirra, en primera página, de paso que arrasan con la competencia, la oposición y el entorno, dedicados al pastoreo y el pillaje, al nomadismo alegre y delincuente, hoy en este periódico, mañana en aquella radio, pasado en una televisión, casa por casa, ya digo. Uno lo ha vivido como individuo y como corporación. Estos geos llevan adelante la caza del hombre con una gracia cruel, con una minucia felina, con un detalle atroz y breve. 0 bien entran a saco en una empresa, llegan a apagar el fuego que ellos han prendido, son los incendiarios forestales de la profesión, los pirómanos de la competencia que no se sabe si trafican en madera, ideas, terrenos, bosques o religiones.
Ya no se sabe si el poder desciende de un palacio o de un tintero de editorialista. Ya no se distingue la confusa mano del puñal de la difusa mano de la pluma de ave. ¿Son la misma mano, cuántas manos tiene el monstruo cerebral y frío que avanza lentamente hacia esta casa, y cuántas patas? El socialismo y la democracia nominales se transforman, con la luna impresa de las primeras ediciones de los periódicos, en una especie de Alien financiero que entra en la redacción no se sabe por dónde. Nuestra democracia es ya meramente estadística y nuestro socialismo se ha monstruizado y tiene ojeras. Los geos de la intelectualidad, los intocables del vaticanismo gauchista se han fijado en nosotros. Seguiremos informando.

