Fraga
Lo de don Manuel Fraga no es nada nuevo. Este político ha aplicado siempre la fórmula de «borrón y cuenta nueva», que es la gran chapuza de la Historia. Que a don Manoliño no se le acaba de ocurrir, o sea, sino que en su vida no ha hecho otra cosa. Cuando el cuarentañismo, con los 25 Años de Paz, quiso hacer borrón y cuenta nueva, pero los presos políticos seguían siendo un borrón en la sociedad española y la cuenta de los fusilados no era nueva, sino que ya habíamos perdido la cuenta. La cuenta de la vieja con el marido y cuatro hijos «paseados». No digo que Fraga fuese responsable de nada de aquello, sino que quiso salvar a su Caudillo mediante borrón y cuenta nueva. Su Ley de Prensa fue otro borrón y cuenta nueva para seguir con la censura, porque lo característico de esta fórmula del borrón y cuenta nueva es que luego las cosas siguen como estaban. Cándido le ha recordado a Fraga en este periódico que después de su borrón y cuenta nueva para la corrupción, podría seguir habiendo corrupción. ¿Quién nos garantiza que no? Cuando entonces, una vez hablé con Fraga: - Le voy a quitar a usted el carnet de Prensa, Umbral. - Lo siento, señor ministro, pero no tengo carnet, de modo que voy a seguir escribiendo. - He dicho que se lo quito y punto. Decía mucho «y punto». Borrón y cuenta nueva. Tal que el otro día me he encontrado al cuñado de Fraga, Carlos Robles Piquer, cenando en «La Española» de Pozuelo. Robles Piquer siempre fue más dialogable, más liberal, qué palabra, más aperturista y comprensivo que Fraga, más civilizado y culto (Fraga sólo es un «enterado», y eso es otra cosa). Por eso Robles Piquer no ha hecho tanta carrera. Hoy anda de euro, que le van muy bien los templados climas políticos de Europa. Aquí, quienes hacen carrera son los del borrón y cuenta nueva. Eso quiso decir Felipe González cuando se inventó en el Palace lo del «cambio del cambio», tras ganar unas elecciones: borrón y cuenta nueva. Nadie le entendió, porque es más sutil que Fraga, pero con tanto borrón y cuenta nueva tienen emborronada España y muy liadas las cuentas. Fraga ha confundido el olvido pactado de la transición, a medias ejemplar y a medias amañado, con su borrón y cuenta nueva, que no es más que otra salida de su malhumor. Un día le dimos una cena los humoristas en «Picardías»: Chumi, Máximo, Cándido, Coll, etc. Fraga pidió codillo y Coll en seguida le habló del «Ferrol del Codillo». - No tolero chistes sobre el Caudillo ni sobre mi madre. Se arrancó la servilleta y se fue. Borrón y cuenta nueva. Le seguimos todos de rodillas hasta la puerta y conseguimos que volviera. En vista de que éramos humoristas, empezó a contarnos chistes de mierda. Fraga es un señor que confunde el humor con la mierda y el olvido reconciliador con el borrón y cuenta nueva. Con esta solución violenta y manús que ha propuesto el otro día, se está cargando la delicada trama de estrategias tendida por Aznar en torno a la corrupción que envuelve al Gobierno. Pero eso a Fraga le da igual. Lo que pretende, quizá, es salvar a sus naseiros en ese cafarnaún del borrón y cuenta nueva. González, con el NEP (Nuevo Estilo Político), también ha querido hacer borrón y cuenta nueva, o sea fraguismo. En España se suele hacer borrón de sangre y nueva cuenta de muertos. Glez. insulta de «comunistas» a los pobres que votan a Anguita. Como si el PSOE no viniera de Marx. Borrón y cuenta nueva. Glez. insulta como «sindicato del crimen» a algunos periodistas, como si él no hubiera consolidado la libertad de Prensa. Glez. nos está saliendo más fraguista que Fraga.

