LOS PLACERES Y LOS DIAS
El Papa Juan Pablo II está hoy más influido por el Opus que por los jesuitas, de modo que ha desoído al ignaciano Arzalluz y ha puesto a «un tal Blázquez» como obispo de Bilbao. El señor Blázquez, el hombre, hace lo que puede y ya ha dicho que se va a poner a estudiar euskera. Pero es que a los del PNV nada les viene bien, y el señor Anasagasti en seguida ha salido, muy redicho: - El loro viejo no aprende a hablar. A lo que nos gustaría contestarle: el calvo viejo no aprende a peinarse. Porque hay que ver los picados de la calva barroca de Anasagasti que nos ofrece la tele cuando este señor viene al Congreso. Los coleguis de la Prensa lo llaman «ensaimada». Algo tiene de ensaimada fecal esa cosa de pelo que Anasagasti se pone en la calva. Un peinado en espiral, hecho con cuatro pelos, que no engaña a nadie y divierte a todos. Es una plasta capilar, la visualización de la plasta mental y verbal que Anasagasti nos coloca en sus intervenciones. El calvo viejo no aprende a peinarse, porque hoy los jóvenes van rapados, de skin heads, o con cepillo ecuatorial en el cráneo, y no por eso son menos fanáticos que el señor Anasagasti. Yo le aconsejo a este parlamentario que se deje coleta, o más bien dos, una coleta a cada lado, como la tonta del bote, como Lina Morgan, que en plan Lina Morgan puede quedar más convincente en el Congreso, y casi igual de gracioso, ya que con lo que se hace la ensaimada es con unas patillas crecidísimas. Lo malo de la vida no es que nos deje calvos, sino que nos deje un peluquín natural en el cráneo. Quizá lo que pretende Anasagasti es tapar con cuatro pelos las cuatro ideas que trae a Madrid, porque su nacionalismo es de manual (lo vasco se merece mejor portavoz), y denuncia a los gales mientras su partido sostiene al Gobierno que se inventó el GAL. Anasagasti tiene un problema metafísico con su calva y tiene una ensaimada por ideología. Pero en su frase contra el obispo hay un acierto a llamarle «loro», porque los loros y los obispos son las especies más coloreadas y vistosas del planeta azul (aunque no sé si el País Vasco es planeta azul o qué). Pero Anasagasti resulta insultivo cuando dice que el loro es viejo. El loro será viejo, pero tiene una mitra (o como se llame eso) para taparse la calva, mientras que él sólo tiene una ensaimada, y algún malevo cámara de TVE se siente Orson Welles haciendo barroquismo de imagen con la plasta. También es insultiva su manera de discapacitar al señor Blázquez para aprender euskera, pues un obispo se supone que ha aprendido mucho latín, lengua ligeramente más frondosa y compleja que el vascuence. Pero los integristas argelinos amenazan de muerte a su paisana la atleta Boulmerka, reciente premio Príncipe de Asturias y campeona del mundo en eso de correr. Quieren matarla porque corre en pantalón corto. ¿Y cómo quieren que gane para Argelia el premio mundial de las carreras vestida con los atropos del traje regional argelino, envuelta en trapajos hasta los pies? Todos los integrismos son iguales. El fundamentalista señor Anasagasti considera su calva menos obscena que un obispo de Palencia o un loro viejo, pero con pluma. Los colegas argelinos consideran sacrílegos los muslos de gacela de su gloriosa paisana. Son pequeños fanatismos que no favorecen nada su propia causa nacionalista. Entre integrismo e integrismo, uno considera mucho más escatológica la calva/ensaimada del vasco que las alacres y bellas piernas de Hassiba Boulmerka.

