Artículos Francisco Umbral

Los niños terribles


Que viene una generación de niños malos, que nos van a matar con sus cuchillos, que lo han aprendido en la tele, en el cine, en el tebeo, en Internet quizá, y yo qué sé, pero todos los días arden los periódicos con la noticia plural de estos pequeños asesinos que quieren clavar a su padre por estética. No creo que sea casualidad ni moda. Creo que llevamos muchos años educando a las nuevas generaciones en la saludable violencia. A quienes escriben para los niños no se les ocurre nada y entonces recurren a la sangre, que siempre alegra la imaginación pequeña del menor. Hace poco, en Marbella, el hijo de un amigo me mostraba un cómic de Tarzán terrorífico, porque ya no era aquel Tarzán didáctico de su creador, Edgar Rice Borroughs, ni el Tarzán atlético, gimnástico y sentimental del cine, sino un tipo aquilino y peligroso que parecía el genio malo de la selva. Tarzán de los monos sin monos. Se ha recrudecido así la literatura infantil, y, lo que es mejor, se le han dado iniciativas tecnológicas al niño para que mate virtualmente, y de ahí pasa en seguida a matar en bulto, el padre, la madre, un amigo, una amiga, como esas brujitas que han surgido por ahí. El crimen es didáctico, sólo que los adultos no nos enteramos. El crimen aguza los instintos naturales del niño, que será plenamente hombre cuando haya matado a alguien, como en las películas. Ya los vaqueros del lejano western lucían las muescas de sus muertos en la culata del Colt. Que vienen los niños, que necesitan sensaciones nuevas, que ya pasan de columpio y de robarle el lazo a la niña. Antes era más hombre el que primero empezaba a fumar y hoy es más hombre el que primero empieza a matar. Todos los medios/media coinciden en la pedagogía del asesinato a sable, a pistola, a rayo láser, a traición. El niño es una mente en blanco y si lleva toda esa luciente épica en la cabeza es porque alguien la ha almacenado allí. Son una plaga, son una tribu, son una enfermedad, son una nueva generación, todavía infantil, que tiene prisa por consumar su primer asesinato, que la vida es corta y la asignatura del crimen es larga y hermosa. Antaño, los niños y las niñas jugábamos a los médicos o los papás y las mamás. Ahora las niñas ya no pintan nada, a no ser que también sean un poco asesinas, y en vez de jugar a los médicos se juega a los cementerios, que es otra cosa. Son los niños terribles, son los juegos prohibidos, pero encima salen inteligentes. Eso de matar afina mucho la inteligencia, despierta la imaginación. Los periódicos vienen llenos de crímenes políticos o deportivos, aficionados. O juegas al pádel o matas gente. Lo más guay es la sangre y lo más estúpido decir «guay» por todo adjetivo. Son muy espectaculares estos niños que además van muy bien vestidos, siempre de marca, y que quieren ser unos delincuentes confortables. Lo llevan todo con mucha aplicación, han elegido la muerte como una de las bellas artes y matan en serio, no hacen las cosas a lo loco, como nosotros de pequeños. Sí, por fin se toman algo en serio. La verdad es que el vecino de jardín a nosotros también nos daba un poco de asco.

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