Artículos Francisco Umbral

El regalo


Hace una semana anunciaba yo los males que pudiera traer el yate Fortuna, donado al Patrimonio Nacional, por su condición de regalo colectivo, de lujo inesperado, de exhibición excesiva, aun cuando España vaya bien y Villalonga vaya a matar al mensajero, que es un tipo de cetrería que siempre acaba mal para el que la practica. Federico Trillo, ministro de Defensa, me decía: «Bueno, lo has escrito bien y con mucho respeto; no te falta razón». Pero ya teníamos encima la bomba de Las Arenas, primer aviso a los empresarios vascos de que alguien no está contento. Y ahora, a la semana justa, el mensaje expreso de los terroristas: no les gusta que los banqueros de Neguri se gasten el dineramen en regalarle cosas al rey, porque el rey es España y está muy mal visto eso de ser español. Por otra parte, si los banqueros desean tirar la pasta, ahí está el impuesto revolucionario, mediante el cual pueden hacer una obra de caridad y, de paso, hacer patria vasca. El rey no necesita impuesto revolucionario. Lo cual que puede haber sangre y nadie se atrevería a usar un barco que ha costado sangre a algún patriota, a algún español. El buen tacto borbónico de don Juan Carlos evitará que el susto les llegue al yate, traído por las olas de la mar. Evitará, incluso, que el susto se produzca. El Fortuna es ya un barco de rumbo desvariante en las procelas de la Historia. La barca sin pescador. Ahora que esta Monarquía es madura y asegundada, la generosidad de los amigos -cuidado siempre con la generosidad- puede echar un borrón en las crónicas reales, que tampoco más. Para mí que al rey lo que le va es la vela. O la moto de su parientazgo Alvaro Marichalar. Así está la España política, al nacer el poderoso julio, que persigue las ninfas y abandona los canes. ETA lo pide todo, lo quiere todo, ante la jugada maestra de Aznar, que es capaz de situar a Mayor Oreja, electoralmente, en el puesto de lehendakari. Así está la España solar cuando Juan Villalonga reparte stock/options a los pobres a la salida de misa, por joder a un Gobierno al que tanto debe. Así está la cosa del rollo del tema cuando el Gobierno liberaliza los libros de texto y los editores quieren ganar más con una enseñanza peor. Acaba de enviarme José Luis Garci el vigésimo Corazón que recibo desde que clamé por ese libro en el invierno. Tengo hasta uno de mi prima, que es el más familiar y por tanto el más entrañable. Aquello era escribir para la adolescencia, enseñar deleitando, forjar a un patriota sin gritos ni pólvora. ¿Dónde está el D'Amicis de la España de hoy, que encarece unos libros infames donde se ignora España? Así de antipatrióticas están las cosas, majestad. No es el momento de desamarrar. No es el momento de levar anclas. Las velas pueden hincharse en cualquier dirección inesperada. El motor puede enronquecer de sangre remota. Como usted lo vea, majestad.

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