Mónica Ridruejo
Esta señorita a la que han hecho directora general de la cosa, y que se llama Mónica Ridruejo, imagino que tendrá el sentido lírico del dinero que tienen todos los Ridruejo, desde el que fuera mi viejo y memorable amigo, Epifanio Ridruejo (aquello sí que era un Banco Español de Crédito), hasta el que tenía el poeta Dionisio Ridruejo, que se contentaba con 25.000 ptas. por un libro, el hombre. Viejos judíos sorianos, la señora o señorita Mónica ya ha dicho cosas claras y ciertas sobre la desastrosa economía de Televisión Española. Seguro que el arqueo de Caja le sale mejor que a Candau. Lo que no sé yo es si le saldrá también, mujer empresarial, la programación y la imaginación. Le deseo que sí, le deseo lo bueno y lo mejor como a todos los Ridruejo. Pero después de estas ternuras se pregunta uno por el sentido profundo de una televisión estatal. No me imagino al Estado difundiendo todo el día recetas de cocina, dibujitos, programas para analfabetos, concursos, culebrones que serían venenosos si no fueran tediosos, fútbol por un tubo (pronto empezarán con el pádel, que es el deporte del presidente), viejas películas viejas, informativos como notas del Boletín Oficial, por lo secos, lo gubernamentales, lo sosos y lo vacíos. Y en este plan. ¿Y por qué tiene una televisión estatal que estar emitiendo 24 horas al día? ¿Por qué el Estado se convierte en anunciante de sopas, bragas, detergentes, condones, bugas, colonias, tampax, crecepelos, paellas y papel higiénico? Hablan de un profundo agujero económico. A uno le parece que la manera de ahorrar dinero y sanear las cuentas de TVE consistiría en emitir sólo en horas fundamentales, sólo noticias fundamentales y un poco de cultura, que la cultura televisiva no pasa en general del hombre del tiempo. ¿Emiten tanto para ganar dinero? Pues ocurre que lo pierden a dos manos. La misión profunda de una tev. oficial (y quizá de las otras) es llenar ese vacío social y existencial que se produce en las sociedades del ocio, las sociedades del bienestar y las sociedades del capitalismo popular. Tenemos ya videojuegos a tope, desde pequeños. El teléfono móvil es el último y más estúpido videojuego. El móvil o motorola sirve para no pensar. Antes, cuando uno se quedaba a solas, fumaba un cigarrillo y pensaba en sus cosas, en su novia, en su destino, en su madre, en su manera de estar en el mundo. Ahora, cuando alguien, hombre o mujer, se queda a solas, en uno de esos espacios vacíos que trae la vida, como un extrasístole, lo que hace es sacar la motorola y llamar a cualquiera. Hablar en vez de pensar. La motorola se ha inventado para llenar ese vacío personal, espantoso, con el que todos tememos quedarnos a solas. Y la televisión, que es otra forma de motorola, se ha inventado para llenar el vacío social. De modo que ya estamos a cubierto por todas partes. Necesitamos, como cuando niños (la tecnología nos ha hecho niños), que nos cuenten un cuento antes de dormir, para tener buenos sueños. Esa es la labor nocturna de la televisión (cualquiera) y del Estado. Somos democráticos y niñoides. La TVE, con la señorita Ridruejo, seguirá perdiendo dinero y anunciando nocillas mentales, porque esto no es un problema de números, sino de humanidades y socialización de la cultura. Ya tienen una buena administradora. Ahora necesitan un poeta. Pero los poetas ya son todos orgánicos.

