Artículos Francisco Umbral

Volver a Babia


Tras las últimas batallitas por Navarra y otras tierras, principia a aparecer el BNG (Bloque Nacionalista Galego) por Asturias y León. Los vecinos de los municipios limítrofes de Castilla y León y Asturias rechazan la propuesta de segregación que les hace el BNG. Prefieren seguir haciendo la matanza a su estilo a que nadie haga la matanza con ellos. En Balboa andan en plena matanza berciana, de la que todavía recuerdo el pulpo a la gallega, muy bueno para desayunar con vino. Estos paisanos o paisanines, como les dicen aquí, hablan gallego, pero no quieren pertenecer a Galicia. Y prefieren, asimismo, no remover en la Historia porque la verdad es que no se sienten gallegos. «Preferimos no remover en la Historia.Nosotros no nos sentimos gallegos y todo eso son cuestiones ficticias».Por la corriente leonesa que se lleva mis paisajes, por lo poco y mucho que he vivido entre Castilla y León, me siento hoy con tímido derecho a intervenir en esta querella que va siendo ya la gran querella nacional. España se desmigaja en mínimos planisferios y los vecinos que limitan con Castilla y León proclaman que ni siquiera hablan gallego. - Lo chapurreamos, oiga. Es lo más que te dicen los alcaldes de jersey y las alcaldesas de bata floreada. - No entendemos la televisión gallega. Y éste es, hoy por hoy, el máximo alegato de castellanidad que pueden y quieren presentar los vecinos. La televisión, un medio mundializador que tiende a la universalidad babélica de las lenguas, ocurre hoy, paradójicamente, que es la mejor prueba de que leoneses y asturianos viven fijos en lo suyo, saben lo que es lo suyo y no quieren cambiarlo por una telenovela hablada en Madrid y cuya acción transcurre en Miami, un suponer. «Somos sobre todo bercianos y después leoneses, pero no queremos ser gallegos». Aquellas madrugadas color tocino fresco, aquellos almuerzos palpitantes de pulpo y pimentón, aquel vino que nos descorchaba el alma.Viajar, de niños y de adultos, atardecidos en valles luminosos, volcados de sentimentalismo entre los altos chopos y las altísimas cumbres, donde hace nido el cielo. Uno ha vivido y memorado aquella provincia de León, aquel León provinciano, aquellos bosques de barbas astures donde vivieron pintores habitados de hondonadas de sombra y colores que les pasaban del alma a los lienzos. Recuerdo ahora a mi querido Urculo, que se me murió joven y cosmopolita, cuando estaba pasando al cubismo japonés desde el costumbrismo leonés, dejando atrás un rastro de pálidos glúteos femeninos. Hay que haber viajado toda esa España y las otras para saber a fondo de dónde es cada quien, de quién es cada hombre. Como dicen ellos, no hay que revolver la Historia, y lo dicen con la retranca de saber secularmente quiénes son los dueños milenarios de cada chopo y por tanto quiénes invocan mínimos patriotismos tras los que la bruja local esconde su dinero. Porque las monedas, aunque sean carlotercistas, es lo que suena en el alma escanciada de los ricos anónimos. Por algo aquellos reyes de naipe berroqueño decían «estar en Babia» cuando se iban de vacaciones.

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