La guerra invisible
Antes las guerras se hacían para la Historia y ahora se hacen para la televisión. Por eso lo que están haciendo los yanquis y los talibanes nos parece una estafa, un cachondeíto fino. Se trata, o sea, de una guerra invisible. Al principio sólo salían las Torres Gemelas hasta la mitad, con minifalda de humo, que los americanos también son un poco talibanes en eso de mostrar sus propias miserias o las que les han infligido. El resto tenían que llenarlo unas locutoras locuaces y desinformadas a base de repetir lo que habían dado en el primer informativo, en el segundo y en el tercero. Retrocediendo en la Historia, estaban a punto de llegar a la guerra de Cuba. Menos mal que el señor Bush se decidió a tiempo y volvió a haber algunas imágenes con que llenar el rectángulo aburrido de la tele. Yo creo que nos están explotando. Ésta es una guerra invisible porque la hace un Pentágono invisible contra el militar invisible que asesora a Bin Laden y porque Afganistán es un país invisible donde Alá sólo se personaliza en la luna menguante y donde las ruinas de antiguos bombardeos reciben las ruinas calientes de los bombardeos actuales. Sólo el pase de modelos aeronáuticos que están haciendo las televisiones, a falta de otra cosa, ilustra un poco la pantalla, habitualmente populosa de informadores que no tienen nada que informar y de corresponsales que no tienen nada que corresponsalizar. El señor Laden está invisible, está reunido con Alá, está escondido en una cueva con peluquería para la barba y maquillaje para la televisión. Ésta, ya digo, es una guerra invisible con la pantalla vacía y los campos de batalla numerosos de piedras, cantos, ladrillos viejos, mierda milenaria y otras armas retroalimentadas para tirárselas a los bombarderos cuando pasan más altos que la noche. Lo malo no es que unos y otros estén haciendo una guerra injusta -todas lo son-, sino que están haciendo una guerra invisible cuando lo que necesitábamos eran muchas imágenes para vender papel, para vender presentadoras, para vender ideología y no verborrea. Hemos llegado al máximo de la cultura visual cuando no hay nada que ver. Ahora las guerras van a ser así: guerra de corresponsales que se disputan la noticia que no hay. Esta invisibilidad proviene de la invisibilidad de los objetivos: no hay enemigo, no hay país, no hay objetivos, no hay doctrina, no hay un duro. Los talibanes están haciendo una Guerra Santa que no vemos por ninguna parte, y los americanos están haciendo una guerra de espías y diplomáticos que queda muy aburrida en la pantalla. El señor Bush no es telegénico. Antes, las guerras santas tenían más sangre, más fuego, más Dios y más víctimas. Si van a matar a los talibanes de uno en uno, para eso sobran los acorazados, los aviones murciélago y el tomahawk, nombre de arma piel roja que nos devuelve a los tebeos adolescentes y a Búffalo Bill. Búffalo Bill sí que sabía matar talibanes, sioux, cherokees y cualquier cosa que se desplazase hacia el Lejano Oeste. Se ve que estamos todos desentrenados, entumecidos por una paz que viene del siglo pasado, y ya no sabemos hacer guerras marchosas como las que hacía Hollywood. Esta guerra es invisible porque no es una guerra ni lo será hasta que los españoles nos presentemos allí con la Legión, Arriba España.

