El quiste de Marta
Como uno es muy fetichista de las tías, yo quiero para mí el quiste de Marta, o sea que a Marta Chávarri la han operado esta semana de un quiste inguinal, nada, cosa de media hora, que el láser es que hace maravillas, oyes. Si estas letras llegan a tiempo, Marta que me guarde el quiste. Si el quiste es sólido me lo pongo con una cadenita al cuello, como el más enigmático y bello mineral de la geografía corporal de Marta, pues ya dice Richard Condon que el cuerpo de la mujer es un continente. Y si el quiste es de ésos de guardar en un frasquito con formol, lo pongo en mi cuarto, encima de la consola, como las damas de mantilla ponen una reliquia de Jesús de Medinaceli o un monstruito de Lourdes o de Fátima o del Escorial. El fetichismo no es sino una variante de la fe, está entre la religiosidad y el coleccionismo. Como siempre he amado en secreto a Marta Chávarri, necesito algo suyo para mi colección minimalista de dientes de leche de colegialas, puros de Sara Montiel (que le dan la medalla de oro del cine español, ya era hora), costillas rotas de Ana Belén, lazos azules de mis sobrinas, de cuando eran pequeñas, y postales de Remedios Cervantes. Uno es numismático de mujeres como otros lo son de sellos de Correos de Laponia, donde nunca ha habido Correos. Además habrán reparado que el quiste de Marta se localizaba en la región inguinal que es muy recóndita región para llegar a ella, y eso es como traerse una esmeralda del Matto Grosso, aunque a Marta el Matto Grosso le queda un poco más arriba. A Marta la conocí casi niña, cuando ya era marquesita de Cubas y todavía aparecía en los palcos de lujo con cola de caballo y vaqueros de adolescente. Karl Krauss y todos aquellos genios que andaban alrededor de Freud, se repartían una menor a la que llamaron «la mujer niña». Es lo que Rubén Darío llamaría canéfora y Nabokov nínfula y la cultura de la calle Lolita. Marta fue una lolita y quizá lo sigue siendo, pese a los quistes inguinales, y tiene una cosa que nos pega duro a los juláis, aunque, si no eres marqués, con ella vas de costadillo o de culo total. Por eso nunca me he vuelto a atrever a saludarla, pero ruego a quien corresponda, incluida ella misma y su médico, que el quiste inguinal, si es de aspecto mono, me lo remitan contra reembolso para rezarle todas las noches, que yo soy, ya digo, un beato de las mujeres imposibles y muy bien podría ser el Karl Krauss de esa mujer/niña que es Marta Chávarri, calculadora, egoísta y hermética como todas las niñas, que tienen el corazón frígido y la cosa inguinal no sé. Es una pena que vayan a tirar el quiste inguinal de Marta, cuando en Tiffany's podía valer un kilometraje. O deslumbrar los escaparates. Reliquia de una bella, salitre de una ninfa, el quiste de Marta es el primer punto vulnerable en la anatomía deportiva de la chica, que en bañador queda siempre como la campeona de natación del colegio. Ah su pelo de trigo y el rastro de oro de su indiferencia. No puedo pagar tanto por el quiste de Marta como aquel señor de Sevilla F. C. por el coche de segunda mano para Sofía Mazagatos, pero confío, en todo caso, que no me manden un quiste de segunda mano. De segunda ingle. Aunque con esta señorita, que ya enseñaba los quistes inguinales en la Interviú, nunca se sabe.

