Un éxtasis democrático
El presidente Aznar cerró el Congreso de su partido el domingo con un discurso vibrante donde suenan altas las notas triunfales y suenan ma non tropo las notas utópicas o voluntaristas. Así, Aznar propone pleno empleo, pero lo cierto es que el paro no ha desaparecido absolutamente en su sensato reinado, lo que quiere decir que las fuerzas económicas siguen estando incontroladas por el Gobierno. O sea. Aznar propone menos impuestos, pero en nuestra economía familiar advertimos que los impuestos siguen respondiendo a un planteamiento grancapitalista donde es necesario ganar mucho para que te quiten mucho y sin embargo puedas sobrevivir. Se le da al Gobierno una pierna de cordero, se le da al consumo una pierna propia, de las de andar, y nos queda la otra pierna para ir comiendo nosotros en familia si la cocinera sabe administrarse. El capitalismo, pues, sigue rigiendo la vida de los españoles, incluso en las buenas derivas, y Aznar ha conseguido importantes mejoras transitorias pero no una estabilidad económica de gran gobierno socialdemócrata o democristiano, sino un centro centrista que se desequilibra todos los días y necesita la mano dura y seca del presidente para recuperarse. Por eso es emocionante la generosidad con que se va, aunque está por ver la oportunidad. Una cosa muy graciosa que pide el presidente es más natalidad, o sea más niños, o sea más españoles para nutrir el paro y enriquecer los impuestos, porque mientras no se hayan controlado estos dos factores resulta suicida aportar nuevos contingentes humanos al reino de la empresa. Lo más que debiéramos hacer es adoptar un niño saharaui, que siempre es un ejemplo de confraternización con los menesterosos hermanos del Sahara y con los menesterosos en general. Otro punto fundamental del enérgico discurso de Aznar es la educación. Después de las movidas que le han montado a Pilar del Castillo por racionalizar la educación habrá que convenir en que aquí a nadie le interesa educarse, sino prepararse, que es otra cosa más práctica y sirve para entrar de recadero en una gescartera e ir ascendiendo como gescarterista, hasta arriba. También ha propugnado el presidente más poder local, lo que viene a ser una nueva galvanización de las autonomías, cosa que siempre tendrá un equilibrio irregular mientras vascos y catalanes rehúsen el «comedero madrileño». Ha sido el mejor discurso que le hemos oído a este hombre que vino de Valladolid hablando por fichas y contando por los dedos. Un discurso de contenidos que robora y levanta la carrera política del líder, máxime cuando sabemos que lo suyo no son las mentiras de la ambición sino las verdades de la gobernación, puesto que se va. Quiere que España se convierta en esta década en una de las democracias más importantes del mundo. Todos los españoles tienen miedo hoy a la retirada de Aznar, que es ya un dolor nacional como antaño la retirada de un torero, Bombita un suponer. Pero no hay nadie imprescindible, según dicen los topiqueros, y yo creo que todos somos imprescindibles. Y este hombre más que nadie, ahora que estaba lanzado y muy puesto, con todo el poder y una corte de geos intelectuales que no basta a sucederle. Pero el ademán abandonista de Aznar es un impecable alarde de democracia, una lección y un destino.

