Artículos Francisco Umbral

Almodóvar


La otra noche, en el homenaje a Sara Montiel, estuve charlando con Pedro Almodóvar en el bar del Ritz: - Estoy con el montaje, Paco. ¿Sabes que donde realmente se hace la narración es en el montaje? Uno, sin saber nada de cine, siempre había pensado eso. El montaje es a la película lo que la reescritura a la novela. Pero no es de esto de lo que quería hablar hoy, sino de la Legión de Honor que Francia le ha concedido a Pedro en el festival de Cannes. Aquí todavía estamos debatiendo si Almodóvar es un genio o un bluff, aquí la envidia nacional come de la originalidad y el éxito de Almodóvar, como siempre ha pasado con los innovadores y los talentos, mientras la Francia avizor, la curiosa Europa, ve de lejos a nuestra gente y se nos anticipa. A este joven realizador, el fruto más logrado de la movida cultural de los 70/80, el cine oficial, y la crítica, le han negado casi todo, cuando el chico es ya, aparte de un genio original, un fenómeno sociológico en el cine y en la vida española. Es vieja y tediosa la arqueología de nuestra envidia. Aquí no es que no se perdone el éxito internacional. Aquí es que no se perdona una flor natural. A Almodóvar le hemos puesto condecoraciones de mierda y salivazo -«ése también es, ése también es»-, y ahora Francia le pone su cinta más cívica y prestigiosa. Ni los socialistas ni los conservadores han entendido ni querido entender a Pedro. Uno lleva escribiendo sobre él desde que empezó, con fe y voluntad. Pero creían que uno estaba haciendo esnobismo. Vieja historia, como digo, la envidia, abuela de españoles y cáncer que nos muerde. Para qué recordar la campaña contra el imposible Nobel a Galdós, las críticas a Cela, postre de todas las cenas mundanas, la cárcel de Quevedo, los plagios a Cervantes, el desprecio a Valle-Inclán, el no entendimiento de Gabriel Miró, toda la vieja y sucia memoria de la cultura española, Clarín, Unamuno y Menéndez Pelayo contra Rubén Darío y por ahí seguido. A mí, en pequeño, me echaron de una provincia, me desalojó de muerte el resentimiento falangista, con lo cual me catapultaron a Madrid en buena hora. Ya digo que no perdonan ni una flor natural. Almodóvar es el mejor narrador joven de España, porque escribe sus guiones, inventa sus historias, o se las saca de los huevos, construye sus diálogos perfectos, novísimos y reflectantes. El chico ha pretendido superar a todos sin molestar a ninguno, pero es igual, no se le da nada equiparable a la Legión de Honor ni siquiera premios o reconocimientos más locales. España podría crear la Legión de Honor del Resentimiento Nacional para quienes chupan a diario el café del recuelo envidioso, quienes tienen a honra no reconocer valores y quienes te hacen del Opus, marica o creador manqué si les pasas en cantidad y calidad. Qué bochorno para todos nosotros esa distinción de Cannes al narrador cinematográfico que ha hecho la crónica nueva y brillante de esta democracia mentida y fementida, y encima sin mal humor y con ternura. Hay quien me dice que Antonio López hace realismo porque no tiene imaginación. Va a llegar el día en que todo el que gana un duro con su arte no podrá salir de casa. Madrid, capital del dolor, comunidad del odio, villa y corte de todas las envidias, autonomía de necios, desnivelados y glorias de la cutreidad y de la tele.

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