Artículos Francisco Umbral

Puerta de Hierro


He visto un puticlub que pone a la puerta: «Se admiten fondos reservados». Como antes se cobraban el polvo con tarjeta visa. Así las cosas, por qué no va a haber utilizado el general Manglano fondos reservados para hacerse socio, en familia, del Club Puerta de Hierro. Peor sería que se gastase los fondos reservados en puticlubs. Contra la idea corriente de que los generales no leen, yo creo que el general Manglano, el gran espionita del Ejército y del Estado, ha leído demasiadas novelas de Graham Greene y tiene una idea suntuaria del espionaje. El factor humano, o sea. Nuestro hombre en Puerta de Hierro. El espía tranquilo. El señor Manglano quiere ser un espía de película y espiar en familia, que es una cosa que humaniza mucho el espionaje. Lo ha dicho, o sea, que en Puerta de Hierro se espía mejor y se recibe a otros espías del mundo con dignidad. Como todos los espías son ingleses, hasta los que realmente son ingleses, a los ingleses hay que recibirlos siempre en un club señorial, para que se vayan confiando. El señor Manglano, como Groucho, no debiera hacerse socio de un club donde le admiten a él. A mí me llevaba a Puerta de Hierro María Rosa, que andaba como enrollada con un ministro de Franco (militar, por supuesto), pero allí, cuando entonces, nadie pensaba en jugar al golf, que con Franco éramos más serios, sino que en este aristocrático, distinguido y delicioso Club se conspiraba mucho, en efecto, salones y bar, lo cual que Manglano no va de pulpo garajista ni de caballo cacharrero, sino que está orientado, el hombre, contra lo que creemos la canalla de Gutenberg. Pero aquello que digo era la conspiración monárquica, una cosa casi valleinclanesca, donde te podías sentir un poco Bradomín y legitimista, y yo no estuve más implicado porque ya era rojo por parte de «madre portera», como me dice Vilallonga. Yo creo que la actual monarquía, felizmente reinante, con todo el pollo que montaron de la Santa Transición, la sacamos nosotros de Puerta de Hierro, en aquellas mañanas gris, plata y whisky del Club. Ahora quieren llevarme otra vez a Puerta de Hierro, por quitarme el óxido y el monóxido, que es que no se levanta uno de la máquina de escribir, pero nascis de rian, que va Manglano a espiar el paellómetro y pagar en el guardarropa con fondos reservados. La canalla Gutenberg, como decía, o sea los bois/press, suponen que Manglano va a Puerta de Hierro a ponerse moraíto de vermús y a educar a sus hijos y su señora en el alterne fino del golf, pero el hombre sólo quiere ser un espía a nivel europeo, trabajar serio, como en las novelas de Somerset Maugham, que eran las que leíamos de jóvenes él y nosotros, porque si al espionaje no le pones un toque anglosajón, una cosa, se queda en el característico chivateo nacional, que todo es un dar el queo, ir de membrillo, pasar el agua, hacérselo pañí, llevar el chisme y cantar la gallina. El CESID tiene complejo de CIA, de FBI, de KGB, de Foreing Office, Manglano tiene complejo de superioridad, porque, muerto Fernando Rey, él tiene más pinta de espía que nadie, y eso requiere un marco, coño, un contexto, un algo, si es que no os aclaráis, coleguillas, joer. Luego empezaron a decir los formalistas rusos, Todorov y los críticos literarios de El País que Somerset Maugham era un novelista para mecanógrafas, al ministro lo quitó Franco, María Rosa se hizo liposucción total, o sea que la succionaron hasta el final, pero prometo que en Puerta de Hierro nadie pagaba la propina con fondos reservados ni había otros espías que los de Don Juan, que aquello era clase, oyes, y no iban generalotes sin cepillar (el caballo) a escuchar mis conversaciones con María Rosa, que por otra parte no pasaban del ñaca/ñaca. Salvemos Puerta de Hierro de espías trinconeros y militares con familia numerosa. Un respeto.

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