Artículos Francisco Umbral

El pictograma


Puestos a tener ideas, a los de la Duma de Ferraz sólo se les ha ocurrido cambiar el pictograma, que siempre es más fácil que cambiar de conducta. El escudo del PSOE viene perdiendo cosas, a lo largo de más de un siglo, como pierde líderes, amigos, votos, escaños y cantautores. La idea de don Pablo Iglesias fue barroca y muy de la época, una alegoría del trabajo, la intelectualidad, la hermandad, etc. Aquello era más bien la letra capitular de los decálogos fundacionales del partido. Antiguo y todo, funcionó durante muchos años, en la guerra y en la paz, y a don Pablo le llevó al Parlamento como primer diputado obrero, con su capita corta y su buena voluntad. Cuando la Santa Transición, Felipe González y sus yeyés se sacaron esto del puño y la rosa, que quedaba entre señal de tráfico y anuncio de algo, pero que también funcionó, levantando diez millones de puños y de rosas por el socialismo. En seguida habría habido que decirle a González «No le toques ya más, que así es la rosa». Era justamente lo que quería significar Juan Ramón: que cuando una cosa ha llegado a su ápice sencillo y logrado, más vale dejarla así, a salvo de los manuses. Pero como no están contentos consigo mismos van a meterle mano al pictograma, a cambiarlo, como un hombre se cambia de corbata por la tarde, porque la jai le ha pegado puerta por la mañana. No sirve para nada, pero a lo mejor trae suerte. Un partido que cambia tanto de Almunia es un partido que ha perdido el rumbo, el tren y los papeles. Ya en los setenta, Felipe González tiró por la ventana el crucifijo de Marx, Y a mí eso me dió que pensar. Marx es uno de los pocos pensamientos vivos de Occidente. Quizá Felipe Glez. le confundía con Stalin o con algún otro señor de gorro de rizo, aquéllos que presidían el desfile de misiles de cartón en la Plaza Roja (estuvieron años así, engañando por la tele a Estados Unidos: fue la guerra fría, y tan fría, como que los motores eran de palo). Asimismo, el portavoz espontáneo del PSOE, Glez., habla una y otra vez de suprimir la O de «Obrero», lo cual le honra, pues que el partido quiere ser interclasista, codearse mucho y hacer ecuscapitalismo. Están siempre de mudanza, llevan muchos años echando los muebles del pictograma por la ventana, que tienen una crisis de conciencia, o sea, por lo mal que han administrado aquellos diez millones de votos que les dieron la CIA, Willy Brandt y el pueblo español. Y ahora, sin que se sepa de quién es la idea, van, cogen, agarran, pillan y quitan el puño del emblema, «porque nosotros no somos agresivos». Han prescindido del puño, pero Borrell sigue recibiendo los puñetazos y algunas hostias perdidas. Les falta cultura de la izquierda, porque el puño que se levanta para cantar La Internacional, un suponer, no es un puño agresivo, de puñada, sino de puñado, de cohesión, de fuerza moral. La mano, así, metaforiza el corazón, como el rombo que hacen con las dos manos las feministas metaforiza el sexo femenino. Marugán, que es un camisa vieja inteligente, va, salta y dice que lo que hay que cambiar es la presencia, no el pictograma. Ahora se queda la rosa sola, rilkeana, «sueño de nadie bajo tantos párpados». Rilke lo escribió pensando en Ferraz, seguro. Socialismo de nadie bajo tantos votos. En vano he tratado el tema con fracasado humor. Me duele demasiado aquí.

Comparte este artículo: