Artículos Francisco Umbral

El escaño vacío


El primer escaño de la Oposición, en el Congreso, el correspondiente al jefe de dicha Oposición, que abandonó Felipe González al abandonar el cargo, sigue vacío y nadie se atreve a ocuparlo. El señor Almunia, sucesor de González como secretario general del PSOE, se sienta en el segundo escaño y ha decidido respetar el primero, sin duda como homenaje al ausente. Cuidado con los ausentes. «El Ausente» llamaban los falangistas a José Antonio Primo de Rivera, su jefe, por no decir que más que ausente estaba muerto, fusilado en Alicante por los rojos. Pero el Ausente siguió gobernándoles de manera vicaria, mágica, misteriosa, supersticiosa, durante muchos años, hasta el punto de hacerles herederos de su personal antipatía a Franco. Felipe González está felizmente vivo y parlante, pero si se le empieza a mitificar como ausente, pronto se dirá también Ausente, con mayúscula, y acabaremos en el mito, que es como hacer de un hombre una escayola. Solamente aviso a mis queridos socialistas de que las mitificaciones en vida son tan peligrosas como las mitificaciones en la muerte, y que un excesivo respeto no ya al hombre, sino a sus cosas, es o fue uso de fascismos e imperios. Nada que ver con el PSOE. Aparte el sentido reverencial, la cosa puede tener otro sentido más práctico y político: ese escaño vacío es como un aviso de que González vuelve, volverá. Casi todos contamos con la vuelta del que sigue siendo jefe socialista. No hace falta tan proclamada advertencia. Y ojalá vuelva pronto. Sus fieles han tenido un detalle, empezando por Almunia, salvo la falta de respeto al Parlamento y sus normas, que aconsejan que cada cual se siente en su sitio. Todo esto nos llevaría a una divagación más o menos completa sobre los ritos, los mitos, el tótem y el tabú, y ninguna de esas cosas tiene mucho que ver con una democracia moderna. A mí en principio me ha gustado el detalle del escaño vacío, porque uno vive de esas emociones pequeñas, fuera de programa, y gusta de glosarlas, pero luego lo he pensado mejor y bien está si las cosas quedan ahí, mas no imitemos nunca el fanatismo de aquellos partidos negros que llenaron Europa en los años treinta y cuarenta. Cuando Churchill ganó la guerra a Hitler, juntamente con todos los aliados, perdió en seguida las siguientes elecciones, como es sabido. Los ingleses -pueblo tan sabio políticamente- querían un líder, pero no un mito a la manera de los mitos fascistas que acababan de derrotar. Cuidado, pues, con los escaños, que se empieza por un gesto sencillo y bonito y a lo mejor luego pasa lo que pasa. Sobre todo, a ojos del contrincante. Quiero decir que lo que visto desde la izquierda del señor Trillo puede tener su pequeña grandeza, visto desde enfrente puede resultar desconcertante, excesivo, y prestarse a comentarios. Prefiero pensar que el escaño vacío espera a Felipe González y nada más. Si la idea es de Almunia, Almunia ha estado muy bien. Pero tener escaño reservado en las Cortes es como tener palco reservado en la ópera. Un farde molón, o sea.

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